Franck Petit

Aimé VINCENT (1841-1919), anteriormente fabricante, había dejado la dirección de las fábricas de Saint-Maurice (Senones, Vosges) a su hijo Maurice VINCENT (1875-1935). En estado de cansancio, se decidió llevar a cabo un gran viaje para distraerse y, si es necesario, para diversificar sus inversiones. Túnez y Argelia fueron su tierra de acogida durante casi dos meses y él tomó nota cuidadosamente en un libro de viajes, durante cada paso de este largo viaje, todas sus impresiones.

Podemos relacionar esta experiencia – a menudo llamada “relato de viaje”[1] – movimiento literario que se había desarrollado ampliamente en los siglos 18 y 19, que consiste en – debido a la rareza de la fotografía y en complemento de esta – en una sucesión temporal de la descripción de los estilos de vida, costumbres vestimentarias, actividades diarias, paisajes, lugares y monumentos. El relato de viaje incluye varios discursos, coincidiendo en el la estética de la discontinuidad y del fragmento.

Es cierto que algunos viajeros prestaron especial atención a la estructura de su relato de viaje. Taine adoptó en sus Cuadernos de viaje (1863-1865), una alternancia regular entre la ciudad y la naturaleza. Después de su viaje a Bretaña, Gustave Flaubert y Maxime Du Camp se distribuyeron entre capítulos pares e impares para su libro “Por campos y riveras” (1886). Sin embargo, esta preocupación estructural está lejos de ser común. Muy a menudo, las secuencias de escritura son constituidas por fechas, nombres de ciudades y títulos. Las impresiones son plasmadas en un cuaderno, progresivamente, dando al ejercicio una marca de la espontaneidad y de sinceridad. Victor HUGO reunió en sus “Cartas sobre el Rin” (1842) una serie de ideas, de incidentes, raciocinios y recuerdos cuya organización espacio-temporal es fragmentada. Lo mismo ocurre con “el itinerario de París a Jerusalén”, François-René de Chateaubriand (1811).

En el libro de Aimé VINCENT se puede observar una cierta ligereza que permite afirmar que él no deseaba publicarlo en ese estado primario. Compuesto de fragmentos de palabras, a veces puntuadas con palabras árabes y pequeños dibujos, el texto es muy difícil de descifrar. Se ve como una reserva de escenas e imágenes que el autor pensó que tal vez reorganizar o reescribir más tarde. Yo pude reconstruir la trama.

La primera página del libro – que me fue confiada por el filósofo François Heidsieck (1923-2015)[2] – está cubierta con una lista de palabras comunes en árabe; las otras páginas tienen fechas y relatan el hilo de cada día comenzando todas – era esta una preocupación importante del narrador – por observaciones meteorológicas.

Este fue viaje más grande realizado por Aimé VINCENT durante su existencia. Su hijo, que se había hecho cargo de la empresa familiar, no se había unido al grupo. Sin embargo, su esposa e hijas lo acompañaron.

Es interesante mostrar el interés de Aimé Vincent, durante este viaje, por todo lo que estaba relacionado con el tejido y la fabricación de alfombras. En el relato también puede identificarse la posible intención de invertir fondos en una empresa exitosa, para diversificar sus activos, incluso si ninguna de sus investigaciones tuvo éxito. Debe observarse, en este sentido, no solamente su “visión europea” de los países visitados, particularmente cuando conocía una ciudad o pueblo: su primera visita fue consagrada al Caíd, pero no olvido ir a visitar al notario del lugar, así como al cura. Aimé Vincent hizo una descripción minuciosa de los modos de transporte (barco, caballo, camello, coche de 15 caballos) así como de las personas que encontró, de sus actividades, de los animales domésticos de los paisajes y de la arquitectura.

Pare presentar su relato, nos remitiremos al orden secuencial dictado por el descubrimiento de cada ciudad de los países que lo recibieron -primero Túnez, y después Algeria luego de haber atravesado entre Marsella y Túnez que fue hecha entre el 19 y 21 de marzo. En este artículo, hicimos la elección de presentar dos extractos importantes del relato de Aimé Vincent que ilustran su testimonio. El primero habla sobre su visita a Túnez hecha durante su llegada a África del norte y el segundo en la visita de Biskra, las dos principales etapas del viaje.

Figura 1. Derecha : Aimé Vincent (1841-1919) y su esposa Ida Evrard (1852-1924), hacia 1880 (A la izquierda: un grupo de amigos, los Grandcolas)

Figura 1. Derecha : Aimé Vincent (1841-1919) y su esposa Ida Evrard (1852-1924), hacia 1880 (A la izquierda: un grupo de amigos, los Grandcolas)

Figura 1. Derecha : Aimé Vincent (1841-1919) y su esposa Ida Evrard (1852-1924), hacia 1880 (A la izquierda: un grupo de amigos, los Grandcolas)

Túnez

Durante la mañana del 22 de marzo, solo, Aimé Vincent fue a la ciudad, luego de haber visitado el “curioso mercado de provisiones”; el camina la avenida de Francia, luego, siguió su ruta por la avenida Jules Ferry que se termina en la estatua de bronce de este eminente ministro. Vincent termina en el puerto donde, el día anterior por la tarde, a las 4, él había llegado con su familia: Allí el encuentra un barco partiendo “elevado en el mar”, con poco cargamento, así como otros barcos, italianos o franceses, que desembarcaban patatas. Nuestro antepasado se interesó por el espectáculo ofrecido por este contraste, la “curiosa mezcla” entre los agentes de aduana franceses o tunecinos en traje -que se diferenciaban entre ellos solo por el porte de la chéchia- y los cargadores, todos vestidos de harapos, pero “esplendidos” fueran o no de color.

Aimé Vincent tomo el tranvía para regresar al hotel pasando por la Puerta de Francia; luego del almuerzo el escribió algunas correspondencias y viajo en carreta, con su familia y el guía Soussen, al pueblo de Ariana; el grupo paso al frente del “bello parque de Belvedere” antes de llegar a “ese curioso pueblo indígena”; Aimé Vincent fue sorprendido por los muros externos de las casas, sin ninguna entrada, salvo la puerta o las ventanas con rejas. En una de estas casas, en la cual el vio de forma accidental el interior, habían “vacas, cerdos asnos casi mezclados con la gente”. Nuestro antepasado descubrió así los cafés árabes donde “sobre esteras y sobre bancos pegados a los muros”, los clientes bebían inmóviles y mudos, fumando o no, un vaso de agua o una minúscula taza de café; en el exterior, él encontró un grupo de hombres -nunca mujeres puesto que estas no salían de sus casas- agachados contra los muros en el albornoz. La visita del pueblo de Ariana se termina por el descubrimiento de un “campamento miserable de kabiles del campo”, donde vivían, bajo tejas mujeres y niños, casi desnudos, mendigando su comida.

Volvieron a Túnez, pasando por las pequeñas calles donde el coche pasó con gran dificultad, tocando a los árabes. Llegaron lugar Halfaouine, curiosa, llena de cafés donde había una multitud de hombres, bebiendo, de nuevo, agua o café. Un encantador de serpientes se había instalado en medio de la multitud, dejó a sus reptiles de una bolsa y las puso una detrás de la otra alrededor de su cabeza, al son de una pandereta. El espectáculo gustó mucho a Aimé VINCENT quien hizo la promesa de volver.

El día siguiente – jueves 23 de marzo de 1911 – fue dedicado a dar un paseo, acompañado por Soussen, en Túnez, mejor conocida como la “Ciudad Blanca”; ellos se dejaron llevar entre casas blancas; Aimé VINCENT apreció su forma tan curiosa: dotadas con paredes altas, a menudo culminaban con un techo plano, protegido por una tela de algodón blanco. Estas casas se abrían solamente por una puerta enrejada y algunas bahías estrechas también enrejadas, a veces también de MOUCHARABIEH que nuestro ancestro define como aberturas con persianas de madera fija, para ver sin ser visto. “Ninguna mujer sale sin velo, generalmente en negro, a excepción de los ojos», apuntó; con los pantalones cortos en percal y zuecos de madera, que los describe como “verdaderos paquetes ambulantes” (sic).

Llegaron a la sala llamada del Cadi – magistratura musulmán que realiza funciones civiles, judiciales religiosas – y compuesta por jueces indígenas y del Chérif. El orden del día fue sobre el del divorcio; varias personas – casi todos hombres vestidos de blanco, pocas mujeres – asistieron a la reunión; todos escucharon respetuosamente al “Chérif, líder religioso supremo, anciano que se parecía a papá Charles (Charles VINCENT), a quien consultan en muchos casos y con gran autoridad, incluso mayor a la del Bey”.

Aimé VINCENT y su familia visitaron a continuación, uno de los palacios del Bey: llegaron por una de las muchas escaleras las habitaciones superiores, de las que admiraron los techos de estuco ornamentado y paredes de loza; la terraza superior les dio una espléndida vista de la ciudad, de las terrazas, los minaretes y los zocos.

Fueron en los zocos – que dieron Aimé VINCENT la impresión de una “ciudad compacta en el centro del casco antiguo” – que el paseo continuó. Nuestros antepasados caminaron en las “hileras de tiendas de todo tipo, incrustado en las paredes, con techos de madera.” Oficios innumerables se ejercían en la misma calle: zapateros cosiendo botas, bolsos y carteras, los fabricantes de chéchias las frotaban con cardos. También encontraron fragancias, ropa de mujer en especial, artículos de cobre – a menudo subastados, así como joyas – perlas, encajes, alfombras …. Estos artesanos y los comerciantes no proponían absolutamente “nada útil, como de costumbre” desde su punto de vista.

Su guía los llevó – tradición obliga – donde un comerciante de alfombras y textiles; experto en la materia – Vincent dirigió fábricas textiles – descubrió que hay “cosas bonitas” y compró un par de telas después de “muchas conversaciones” facilitadas, es cierto, por la traducción del guía; se les sirvió café.

Antes de regresar al hotel visitaron el Bardu – un palacio donde a veces residía el Bey- y el museo Alauí cercano.

(La familia de Aimé Vincent partió luego para Qairuán, Sousa- el 26 de marzo- Sfax el 28 de marzo. EL miércoles 29 de marzo, Ida y Aimé visitaron Gabees, “ciudad insignificante”. El 6 de abril fueron a Algeria à Bone, el 9 a Constantina, el 11 de abril se instalaron en El Kantara en el hotel Bertrand y llegaron a Biskra el 13 de abril).

Biskra

El buen clima se instaló ese jueves Santo (13 de abril). A pesar del calor, estaba lloviendo y a veces había chubascos; el hotel estaba lleno, hasta el punto de que los viajeros estaban esperando en los pasillos donde les instalaron sus camas; el hotelero incluso tuvo que poner algunos de ellos en tiendas de campaña plantadas en el jardín, donde iban a acampar.

El hotel – una especie de claustro, con un jardín central poblado por hermosas palmeras – tenía sólo una planta baja con terrazas; las paredes de las habitaciones habían sido blanqueadas con cal y decoradas con hilos de colores. El suelo era de mármol y camas nuevas. El hotel cambió su nombre varias veces; anteriormente conocido como Dar diaf – la casa de huéspedes – ahora se llama Palace Hotel y había sido recientemente mejorado. Un casino cercano estaba en proceso de restauración y mejora.

Viernes 14, Aimé salió en traje de verano. Visitó con su familia la ciudad. Aimé habló luego con un funcionario local, M. COLOMBO, y supo que un caso estaba pendiente entre Biskra y la Compañía Oued RIHR que dirigía el hotel: había un arrendamiento a largo plazo a partir de 1891 entre esta ciudad y la empresa para la explotación de las aguas termales. Esta producía agua codiciada. Sin embargo, la estación estaba demasiado lejos de Biskra. La gran mayoría de turistas hubiera preferido que esta agua viniera directamente de BISKRA. La municipalidad anterior se había opuesto a este suministro, sobre todo por razones políticas; después de las elecciones parciales, que tuvo lugar en enero de 1911, una nueva mayoría se pronunció a favor del proyecto de suministro de aguas termales; el caso fue llevado ante el Consejo de Estado. Si este proyecto tuviera éxito, la empresa podría haber ganado mucho, el éxito, está asegurado. También tenía previsto utilizar las palmeras para obtener un retorno significativo.

Figura 2. Fuente termal de Biskra y su spa

Por la tarde, Aimé fue a la compañía, luego, no están encontrando al señor COLOMBO, lo buscó el casino. Este último lo introdujo, después de presentarlo, en el edificio de juegosque todavía estaba cerrado durante unos días y que no encontró en mal estado; todos se basaba allí “como en todas partes, en el juego”; la anterior municipalidad, hostil a la empresa, había hecho todo lo posible para que no se los juegos que no sea autorizados. El nuevo municipio elegido en enero – del cual COLOMBO, agente, hacia parte – era al contrario favorable a la reapertura del casino y el caso se había ido a París, apoyado por el Sr. FAU quien todavía estaba allí durante algunos días. Este caso, solicitaba y esperaba que el suministro de agua de la fuente termal a BISKRA era “considerado esencial para la prosperidad de la causa”.

Por la tarde – después de algún tiempo de descanso tomado al hotel – Aimé se encontró con el guardia del Jardín – Conde Landon, un soltero de edad avanzada[3]; su jardín, que en 2014, todavía lleva su nombre, ofrece impresionantes diversas áreas de sombra, y respiraba en sus pasillos de arena batida, frescura, sobre todo procedente de los canales; las palmeras eran regadas cada 8 días; se entraba a este jardín como a un paraíso. El albergue vecino del Conde Landon consistía en habitaciones (comedor, baño, sala de estar, etc ..), en arcilla cubiertas de dos tipos de esteras y alfombras sobre las que se podía dormir (con colchones) (. ..) El Conde se reservaba una porción de este albergue para él; el edificio de ladrillos de barro ya estaba preparado y debía completarse más tarde.

Figura 3. Entrada del Parque Landon

Figura 4. Jardín Landon, Camino de palmeras

Figura 5. Una pasarela del jardín Landon

Al final de la tarde al regreso, Aimé y su familia hicieron algunas compras donde Messaoud (Albornoces, babuchas y cojines) luego, regresaron al hotel la comida era excelente y el servicio perfecto, también los cuartos; este era el mejor hotel de la ciudad.

La ciudad le gustaba a Aimé; había muchos camellos descansando cerca de las fuentes, con su lomo cargado de sacos. Los mosquitos habían sido previstos para el mes de mayo, sin embargo, había escorpiones con forma de dado, sobre todo en las cerraduras. Al día siguiente, el sábado 15 de abril-, Aimé salió solo a la ciudad para ver al Caíd, al notario y finalmente al cura.

Antes de entrar en la oficina del Caíd, él descubrió, en el anti cuarto árabes harapientos sentados; el tendió a los carabineros indígenas una carta de Chalmeton; el encuentro no fue interesante; el Caíd, quien llevaba una roseta en su pecho, lo recibió con otro jefe – todos vestidos con albornoces- y le tendió la mano; Aimé le expuso el objeto de su visita amical, evocándole sus relaciones con los Chalmeton; el Caíd lo recibió bien, pero le dijo que no sabía nada de la compañía de Oued Rihr; él lo invito a tomar el café a las 5:30 con Ida; Aimé lo invito también a cenar en el hotel pero, por su dieta, el Caíd declinó la invitación agradeciéndole.

Aimé le agradeció más tarde esta entrevista por medio de una carta; él escribió en su cuaderno “Entonces, nada por esa parte”.

Luego de la visita del Caíd, Aimé visitó al notario, pero la sala de espera estaba llena y se retira. Al fin se fue a visitar al cura quien estaba con sus damas; este último le informa que el tranvía y la fuente eran rentables, pero que no había ninguna confianza en Fau, “un gran Franco masón” ni tampoco en Colombo; le aconseja de no tener confianza “son unos estafadores”.

Toda la familia rindió luego visita al mercader de albornoces quien organizaba caravanas con camellos, caballos y mulas; el comerciante vendía también tiendas, agua mineral, comida, poniendo en contraste este “modo de transporte”; él tenía, por otro lado, diversos certificados sobre papel timbrado dando fe de sus cualidades de inteligencia “bastante curioso” anotó Aimé.

La familia se quedó en el hotel para cenar; en la tarde, las damas partieron en carro por Sidi Osteba, mientras que Aimé fue, luego de algunas correspondencias, que él escribió en el hotel, en tranvía a la fuente termal. Los carros estaban abiertos, con jade, y cada uno estaba tirado por un caballo que galopaba lentamente; “material pobre pero generalmente lleno” escribía Aimé; en una hora él llega por un verdadero desierto, a la fuente termal; una dama, la señora Courtaux, le propuso un baño en una piscina a 38 o 40 grados: “me quedé 5 minutos y Salí cocinado”, escribía Aimé. El agua era abundante, caliente, olía el azufre; las piscinas eran espaciosas.

Al salir del baño Aimé entró en el salón para descansar y se encontró, sin saberlo, a la señora Courtaux, con quien habla del establecimiento; el individuo parecía estar al corriente de la concesión hecha durante 99 años por la comuna, en realidad por el estado; esta estaba aún en suspenso; Aimé supo también que el tranvía que había sido instalado hace 15 años para construir la fuente termal, no había aun recibido autorización; se esperaba que el agua pudiera próximamente ser llevada a Bini Mora, pequeño oasis cercano a Biskra, por 50000 francos.

El regreso a Biskra se hizo bajo un clima esplendido, suave, calmado. Los viajeros no tenían agua potable, la que estaba en el tranvía se había acabado. Aimé escribe:

“Muy rudimentario, uno se siente muy lejos! Cuanta miseria, harapientos, mendigos contra quienes no hay nada que hacer; también cuantas cosas pintorescas, los beduinos y beduinas y al lado los eternos albornoces “blancos, casi siempre en ruina y manchados de jugo”.

Domingo 16 de abril, -día de pascuas- todos asistieron a la misa, luego, visitaron al cura quien les dio flores; su jardín tenía tantas flores; el cura pasaba el verano en Biskra (…), él disponía de los servicios de un doméstico musulmán (…); él no veía casi a nadie y había seguido sólo 15 fíeles en la misa el domingo en verano; “Rebaño poco fervoroso”; el cura le contó también a Aimé que el Conde Follenet tenía buenas ideas, que él sería sin duda de acuerdo con el negocio y que podría dar “consignamientos” (consignas).

(…) En la tarde, todos partieron en coche a las dunas, pasando por el antiguo Biskra; Ellos llegaron al pueblo por caminos que cruzaban las estepas desnudas y desiertas; la localidad recibía su nombre por su parecido a olas de arena y a cortinas, -formadas por el viento- que se desplazaban sin cesar; el suelo, compuesto de fina arena -que se podía ver a perder la vista, con camellos a los lejos- era sin embargo firme; el grupo de casas era de ese tipo de pueblos de aspecto salvaje, en tierra gris, análogas a las casas de El Kantara, “sórdidas con sus caminos fangosos”; L’Oued, que había sido derivado, atravesaba el pueblo; los diversos lotes, que tenían palmeras plantadas – menos bellos que a Gabes, más sucios -estaban rodeados de muros en tierra. Se encontraban también madrigueras, con perros “ladrando y furiosos”; sobre las terrazas se veían niños y niñas semi desnudos; “hola señora” decían ellos, “estas bien, señora rica, un centavo”; se veía esto a perder de vista (…).

“Ultima noche por desgracia” anotó Aimé. El día siguiente estaba en efecto prevista la partida.

Lunes 17 de abril, ellos partieron de Biskra en carro tomando el mismo camino que a la ida, pero en el sentido contrario; la ruta era practicable; ella seguía el trazado de la vía férrea y el Oued; el paisaje se resumía a estepas hasta El Kantara; Aimé y su familia remontaban los campos, mientras los caballos, las mulas y otras monturas bajaban; la plena era verde, cada vez más verde hacia Batna, con algunas estepas, sin embargo.

En Batna, encontraron en el bufet de la estación del tren “mucha gente”; las gentes eran complacientes, el sitio era “recomendable”; luego de una cena rápida, ellos retomaron un vehículo con una familia de Lille; el clima se había tornado a la lluvia que fue fuerte y fría.

(El 18 hicieron una parada en Timgad antes de llegar el 19 de abril a Bougie y se instalaron en Alger el 20 de abril para regresar a Francia el 4 de mayo, luego, remontaron desde Marsella hasta Nancy para llegar a Moyenmoutier el 5 de mayo).

 Conclusión

¿En qué, esta experiencia turística va influir en la trayectoria de vida de Aimé Vincent? Abordaremos esta pregunta como conclusión.

Este viaje no permitió a Aimé Vincent hacer inversiones en África del norte como lo deseaba. Sin embargo, él conservó un recuerdo tan profundo que el dejó durante la guerra 14 – 18 la región del éste para instalarse en Niza donde encontró un clima similar. En este punto, este viaje mediterráneo puede ser considerado como iniciático desde un punto de vista heliotropo.

De esta experiencia turística, él adoptó un deseo verdadero de descubrir a los otros, encontrar a nueva gente de condición diferente, no solamente durante un periplo turístico. El relato que dejó Aimé Vincent es una invitación al conocimiento. Los rostros y los paisajes observados le parecieron bellos, originales y “accidentados”, así que los vestidos llevados. En este campo, él se inscribe en la corriente del exotismo.

Si se tuviera que inscribir su observación dentro de un enfoque científico, se podría decir que Aimé Vincent tuvo un comportamiento de tipo etnológico -atento y observando el modo de vida, de construcción, de trabajo y de desplazamiento- que como un filósofo o de un historiador; él fue, poco a poco dejando, al filo de su viaje, su visión de antiguo empresario; progresivamente, él supo hacer abstracción de su cultura para observar, maravillándose cada vez más frente a los espectáculos que se sucedían sin referirse a sus valores; Aimé Vincent se esforzó en ampliar y profundizar su experiencia hacia un conocimiento completo y global de los pueblos visitados, describiendo sus vestidos, sus costumbres, sus formas de locomoción, sus producciones, sus industrias, sus monumentos y habitaciones así que los paisajes que los rodean.

En este sentido Aimé Vincent se comportó como un viajero de su tiempo, hasta en la forma de su escrito, que es la transcripción en tiempo real de sus impresiones y de sus emociones – escritas -en tiempo real; él uso un estilo descriptivo que permitió a la narración de parecerse a un cuadro, a una postal, o a una fotografía… puesto la imagen no tenía aun el estatus – la plaza central- que tiene hoy en día en el testimonio. Las fotos y postales que acompañan el texto no eran destinadas inicialmente a ilustrar las intenciones de Aimé Vincent. Ellas representan la época del viaje e ilustran los momentos fuertes del trayecto ahí, donde la sorpresa, la maravilla se encuentran.

Este viaje tomó un espacio importante en la memoria familiar. Su nieto, Charles Vincent, arquitecto, hizo su servicio militar en Algeria. Fue, de hecho, en este país que Charles Vincent aprendió a hacer en su profesión a hacer los arcos de tipo “Sarraceno”. Quedó en la familia un vínculo fuerte con este país, particularmente con Túnez, donde varios familiares – padres, tías y primos- van regularmente. Ha habido realmente una forma de transmisión del exotismo y del orientalismo. Uno de mis primos – François Robinne – antropólogo y director de investigación del CNRS. Otra prima, Catherine Hermary-Vieille, escribió una novela – El Gran Vizir de la noche (Ed Gallimard) – que recibió en 1981 el premio “Fémina”. Yo mismo he visitado varias veces Túnez donde pude realizar, en Sfax, sesiones de metodología a los doctorantes de la facultad de derecho y participar a la organización de un coloquio internacional llamado “actualidad en derecho de contratación: enfoque comparativo” (2 y 3 marzo 2016).

[1] Marta Caraion, Pour fixer la trace : photographie,  littérature et voyages au milieu du 19ème siècle, Droz, 2003, p. 224.

[2] François Heidsieck (1923-2015) fue profesor de filosofía en la universidad de Grenoble. Se le adeudan entre otras obras  Ontologie de Merleau-Ponty (L’Harmattan, 2012). François Heidsieck era el nieto de Aimé Vincent.

[3] El Conde Alberto de Langeville Landon (1844 – 1930) había adquirido este jardín en 1875. Encontrando en  Biskra un clima adecuado para su condición asmática crónica. Este notable dedicó varios años de su vida y gran parte de su fortuna a recolectar plantas todo tipo – Lataniers, plátano, bambú, palmas de coco, ficus India, buganvillas púrpura, casia, acacias, adelfas y blancas … – y un centenar de especies de aves de todo el mundo para hacer un refugio verde de descanso y relajación para los escritores, pintores e intelectuales en busca de inspiración.

Bibliografía

Caraion Marta, 2003, Pour fixer la trace : photographie,  littérature et voyages au milieu du 19ème siècle, Genève, Droz.

Chateaubriand (F.-R.), 1811, Itinéraire de Paris à Jérusalem, Paris, éd. de 1867 chez Bénardin Béchet.

Flaubert (G.) et Du Camp (M.), 1886, Par les champs et par les grèves, Paris, G. Charpentier.

Hermary-Vieille (C.), 1981, Le grand Vizir de la nuit, Paris, Gallimard.

Hugo (V.), 1842, Rhin, Lettres à un ami ; Edition de 2011, Paris, François Bourin éditeur.

Vincent (A.), 1911, Notes prises pendant son voyage en Tunisie et Algérie.

Autor

Franck Petit

Université d’Avignon et des Pays de Vaucluse

 

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