Urbanismo expansivo y turismo residencial noreuropeo en la costa mediterránea española

Joan Carles Membrado,
Raquel Huete,
Alejandro Mantecón

Resumen

El turismo residencial procedente de Europa del norte ha influido en el proceso de desarrollo urbano en la costa mediterránea española. En este artículo se explica el reciente crecimiento urbano en España (burbuja inmobiliaria española) y, a continuación mostramos las principales características de la llegada de ciudadanos de otros países europeos más ricos que España, sobre todo en la costa mediterránea española y, más concretamente, en la región de la Costa Blanca. Finalmente se muestra la relación entre el desarrollo del turismo residencial y el crecimiento del urbanismo expansivo urbana en la costa mediterránea española y se analizan algunas de sus consecuencias para la región.

Palabras clave: Planificación, burbuja inmobiliaria, urbanismo expansivo, costa mediterránea española, turismo residencial

Introducción

En este trabajo se examina el turismo residencial masivo de noreuropeos en la costa mediterránea española y explora y discute los efectos de dicha movilidad residencial en el marco del enorme desarrollo del urbanismo expansivo en esa parte de España. Este desplazamiento de personas de edad avanzada (principalmente noreuropeos) al Mediterráneo español ha sido uno de los flujos migratorios de personas jubiladas más importantes en todo el mundo durante la primera década del siglo XXI. A pesar de que algunos estudiosos han hecho considerables esfuerzos analíticos con el fin de explicar que es el turismo residencial (ver Huete y Mantecón, 2012), los límites entre el turismo de larga estancia en casas particulares y la migración residencial por motivos de ocio aún no están claros. El concepto de turismo residencial ha provocado un intenso debate entre los estudiosos y contiene contradicciones (empezando por el propio término turismo residencial que es ya en sí una oxímoron) que han servido tanto para clarificar como para ocultar la naturaleza de diferentes dinámicas sociales. Es por ello que en este trabajo hemos decidido no interpretar el turismo residencial como un tipo específico de turismo, sino como un conjunto de procesos que conducen a dinámicas muy diferentes. En estos procesos el comportamiento de los turistas se entremezcla de manera compleja con conductas vinculadas a negocios inmobiliarios y procesos migratorios. Por lo tanto, en este trabajo se utilizan de manera intercambiable y casi equivalente los conceptos de migración residencial y turismo residencial.

Este documento analiza también los beneficios económicos y inconvenientes medioambientales fruto del urbanismo expansivo en el Mediterráneo España en los últimos años. Dicho desarrollo ha sido favorecido por el gobierno español, promovido por las autoridades públicas y las grandes empresas constructoras, con notables inversiones de capital extranjero, y generado principalmente gracias a los turistas de larga estancia y a los migrantes retirados noreuropeos. Entre los 5 millones de ciudadanos que migraron en España entre 2000 y 2010, alrededor del 20% lo hizo desde un país europeo con mayor PIB per cápita que España. La mayor parte de este 20% emigró a España como turistas residenciales, con la expectativa de lograr un mejor estilo de vida a través de la movilidad residencial. Podemos encontrar las raíces de turismo residencial de España en el auge del turismo de masas se inició en la década de 1960. El notable crecimiento de la riqueza y la esperanza de vida que tuvo lugar en el norte de Europa desde la década de 1960 derivó en un aumento de los noreuropeos jubilados que podían permitirse irse de vacaciones al extranjero, preferentemente a la cuenca mediterránea, tras acabar su vida laboral (Russell, Warnes y Williams, 1998). A partir de la década de 1990 muchos de los turistas habituales en la soleada España -especialmente ciudadanos jubilados- decidió establecer su residencia permanente o a tiempo parcial en la región mediterránea (Casado, 2006; Gustafson, 2009; Huete, 2009; Rey, Warnes y Williams, 2000; Mazón, Huete y Mantecón, 2009; O’Reilly, 2000, 2007; Rodríguez, Casado y Huber, 2005; Williams, King, Warnes y Patterson, 2000; Nielsen, 2016).

En las zonas costeras mediterráneas españolas donde se han asentado los turistas residenciales y migrantes jubilados, casi toda la planificación del uso del suelo que se ha hecho en las últimas décadas ha tenido como objetivo servir a los intereses inmobiliarios y turísticos (Huete y Mantecón, 2011; Vera y Ivars 2003). Este hecho fue particularmente intenso durante la expansión económica mundial de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, cuando los migrantes retirados (de más de 55 años) llegaron a España en masa con el fin de quedarse: su número pasó de 60.000 en 1991 a casi 450.000 en 2012. Este flujo migratorio se aceleró debido a una combinación de factores tales como líneas aéreas de bajo costo, los precios relativamente bajos del lugar de destino, incluyendo la vivienda, y la mejora tecnológica mundial.

Si analizamos los cambios de usos del suelo artificiales durante los últimos veinte años en España, podemos ver que los usos urbanos han experimentado una fuerte subida en este período, principalmente debido a la burbuja inmobiliaria española (1997-2007) (Burriel, 2008, 2009; Gaja, 2008; Romero, 2010); y también que entre los usos de suelo urbano, fue el urbanismo expansivo el que más creció durante esos años. Los promotores locales contribuyeron a la expansión de los patrones de urbanismo expansivo en el área mediterránea española mediante la construcción de miles de viviendas unifamiliares que fueron compradas en buena medida por turistas y migrantes noreuropeos. Hay que señalar que el urbanismo expansivo era un tipo de urbanismo -estudiado por Brody (2013), Gillham (2002), Hogan y Ojima (2008), Richardson y Chang Hee (2004), Sarzynski, Galsterb y Stack (2014) o Zeng, Sui y Li (2005)- escasamente presente en España y, en general, en todo el sur de Europa, antes de la expansión económica de finales del siglo XX y principios del siglo XXI (Muñoz, 2003; Pumain, 2004; Roca, Burns y Carreras, 2004).

El objetivo de este trabajo es establecer la correlación entre el crecimiento del urbanismo expansivo y el aumento del turismo residencial noreuropeo en la costa mediterránea española. Este artículo está organizado de la siguiente forma: en primer lugar, se centra en el desarrollo urbano reciente y las principales razones que provocaron la burbuja inmobiliaria española (1997-2007), donde el urbanismo expansivo ha devorado más hectáreas que cualquier otro tipo de suelo artificial. En segundo lugar, se discuten las características de la migración noreuropea en la costa mediterránea española, y el papel de los promotores y las autoridades locales en el hecho de que este territorio sea el lugar para vivir más popular de Europa entre los turistas residenciales. En tercer lugar, se analiza la contribución de turismo residencial al urbanismo expansivo al observar cómo las regiones turísticas costeras mediterráneas son las que albergan la mayor parte de los turistas residenciales y, al mismo tiempo, son las que han experimentado una mayor expansión del urbanismo expansivo, especialmente en la Costa Blanca (nombre turístico de la provincia de Alicante). En cuarto lugar, se explora la dinámica urbana reciente de la Costa Blanca. Como conclusión, se analizan las consecuencias del urbanismo expansivo sobre la costa mediterránea española, con todos los beneficios a corto plazo para las economías locales y todos los inconvenientes a largo plazo para el territorio.

Metodología

En este estudio se han analizado los datos del Instituto Nacional de Estadística. Con el fin de distinguir los migrantes residenciales que viven en España de los que no pertenecen a esta categoría, se ha tenido en cuenta su edad y país de origen. Por lo que se refiere a la edad, consideramos migrantes residenciales a los mayores de 55 años, ya que es conocido  que muchos jubilados asociados con el turismo residencial han optado por la jubilación anticipada o tienen cónyuges que no han alcanzado todavía la edad de jubilación (Huete, 2009; Koch-Schulte, 2008). En cuanto al país de origen, los migrantes procedentes de países con un PIB per cápita más elevado que el de España pueden ser considerados como turistas residenciales, mientras que los procedentes de países con un PIB per cápita más bajo que el de España serían migrantes por trabajo. Aunque tanto los migrantes por trabajo como los turistas residenciales pueden encontrarse en cualquiera de las dos categorías mencionadas (ya sea por edad o país), todos los estudios coinciden en que el número de casos que se desvían de la mencionada distribución no es significativo (Huete, Mantecón y Estévez, 2013; Rodríguez, Casado y Huber, 2005).

Hemos tomado los datos de dos proyectos GIS para estudiar el urbanismo expansivo en la zona mediterránea española. El primero es CORINE Land Cover (CLC), iniciado en 1985 como una iniciativa de la Comisión Europea con el objetivo de recoger datos ambientales sobre la Unión Europea e incorporado a la Agencia Europea de Medio Ambiente desde 1994. Dicha agencia es la institución responsable de proporcionar información sobre las políticas ambientales y territoriales de Europa: con este fin se utilizan las estadísticas de CLC, cuya primera versión data de 1990, siendo la segunda de 2000 y la tercera de 2006. CORINE 2012 está actualmente en construcción. La nomenclatura CLC consta de 44 usos del suelo, 11 de los cuales de tipo artificial. Entre estos 11 usos artificiales se pueden encontrar el llamado tejido urbano discontinuo, que engloba las zonas residenciales expansivas de las periferias urbanas, así como ciertas urbanizaciones en áreas rurales, y que es el uso que mejor describe el patrón del urbanismo expansivo. Este uso es el que hemos empleado para dibujar nuestros mapas de evolución del urbanismo expansivo en España.

Un segundo proyecto GIS que hemos tenido en cuenta es SIOSE (Sistema de Información sobre la Ocupación del Suelo en España), promovido en 2005 por el Instituto Geográfico Nacional (IGN, 2006; Membrado, 2011a) y actualizado varias veces desde entonces. La nomenclatura de SIOSE está formada por usos del suelo simples y por otros compuestos. Uno de los usos del suelo compuestos es el urbano mixto, que a su vez se subdivide en casco (casco antiguo), ensanche (ciudad nueva), y discontinuo (urbanismo expansivo). Con el fin de distinguir las zonas de urbanismo expansivo de las de urbanismo compacto, hemos tomado la clase discontinuo como equivalente al urbanismo expansivo, y la suma las clases de casco y ensanche como urbanismo compacto.

El programa de diseño cartográfico utilizado para crear los mapas de este documento ha sido ArcGIS de ESRI (Environmental Systems Research Institute). Con el fin de crear nuestros mapas hemos usado datos a escala provincial española, que son más desagregados que los datos autonómicos, y menos desagregados, pero más fáciles de leer, que los datos a nivel municipal. Para crear nuestros mapas de Costa Blanca se ha utilizado como referencia el nivel de comarca, que es un área más pequeña que una provincia, pero más grande que un municipio (y bastante similar a un condado).

Antecedentes

La burbuja inmobiliaria española

Entre 1997 y 2007 el crecimiento económico de España se basó en el sector de la construcción, hecho que fue particularmente remarcable en la costa mediterránea. Este auge de la vivienda se puede explicar por dos factores principales. El primero es que España, en tanto que miembro de la zona euro desde su creación en 1999, disfrutó de los beneficios de ser parte de una divisa considerada fuerte y segura (Romero, 2010: 24). Así fue fácil para los bancos y empresas españolas obtener crédito en el extranjero. El segundo es la aprobación en 1998 de una nueva Ley del Suelo, que establecía que cualquier suelo no protegido era edificable. La conjunción de ambos factores dio lugar a una considerable inversión de capital privado (tanto español como extranjero) en el sector de la vivienda, que ofrecía pingües y rápidos beneficios. Los ayuntamientos comenzaron a promover la expansión urbana con el fin de utilizarla como fuente de ingresos mediante impuestos. La falta de un marco regulatorio adecuado permitió a los promotores privados construir tanto como quisieran. Ni las autoridades estatales ni las autonómicas fueron capaces de controlar ese desarrollo urbano promovido por los municipios y los intereses privados, o de atenuar su impacto en la sostenibilidad territorial (Burriel, 2008).

Este proceso de expansión inmobiliaria se vio reforzado por el crédito barato, gracias a los bajos tipos de interés que los bancos cobraban por los préstamos para comprar una vivienda. Impulsado el empleo por la fiebre de la construcción, el número de desempleados en España pasó del 21% en 1997 a solo el 8% en 2006. El crecimiento de la ocupación atrajo a mucha mano de obra inmigrante e incrementó el ingreso disponible de muchas familias españolas, dos factores que comportaron que más personas quisieran comprar una primera o segunda residencia en propiedad.

Fig. 1. Evolución de la vivienda en España (1990-2011). Superficie a construir (miles de m2). Fuente: elaboración propia a partir de datos de INE

Fig. 1. Evolución de la vivienda en España (1990-2011). Superficie a construir (miles de m2).
Fuente: elaboración propia a partir de datos de INE

El precio medio de la vivienda se multiplicó por tres en España entre 1997 y 2007 debido a la burbuja inmobiliaria especulativa, que en 2007 estalló a causa de la crisis financiera mundial. Las líneas de crédito se redujeron entonces, provocando el colapso del sector de la construcción e inmobiliario. Desde ese momento, los precios de la vivienda han caído en España en un tercio, y la construcción residencial ha descendido a niveles de 1960.

Urbanismo expansivo en España. Características de este modelo de desarrollo urbano

El urbanismo expansivo es un patrón de asentamiento de urbano de baja densidad que ha imperado en España durante los últimos 20 años. De acuerdo con datos de CLC, en el período 1987-2006 los usos del suelo urbanos aumentaron significativamente en toda España, sobre todo en la costa mediterránea española, donde se urbanizaron 134.280 nuevas hectáreas. Entre estos usos del suelo urbanos, fue el urbanismo expansivo el que más creció (46.406 nuevas hectáreas). Si tenemos en cuenta únicamente los 10 primeros kilómetros de franja costera, los nuevos usos del suelo artificial desarrollados supusieron una expansión de 83.496 hectáreas, de las cuales nada menos que 35.653 fueron de urbanismo expansivo. Según CLC, en 2006 el 4,2% del suelo a lo largo de una franja costera de 10 km tierra adentro en el Mediterráneo español estaba ocupado por el urbanismo expansivo, porcentaje que alcanzaba el 40% en algunas ciudades turísticas.

Fig. 2. Desarrollo del urbanismo expansivo en España por provincias (1987-2006). Fuente: CLC

Fig. 2. Desarrollo del urbanismo expansivo en España por provincias (1987-2006).
Fuente: CLC

El urbanismo expansivo fue desarrollado por primera vez en los Estados Unidos, en particular después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se crearon allí grandes zonas residenciales suburbanas. La propagación del urbanismo expansivo en Europa comenzó primero en los países del norte (hacia la década de 1960); luego llegó a Francia (donde la suburbanización se multiplicó por cinco entre 1969 y 1999) (Pumain, 2004: 137), y finalmente afectó a España, Italia y otros los países del sur. Antes del notable desarrollo reciente del urbanismo expansivo, las regiones costeras del Mediterráneo habían sido tradicionalmente un paradigma de ciudades de alta densidad, complejidad urbana y diversidad social (Muñoz, 2003: 381; Roca et al., 2004).

Aunque no existe una definición universalmente aceptada sobre lo que es el urbanismo expansivo, hay varias características comunes que pueden ayudar a describirlo, según Brody (2013). En primer lugar, la característica más notable es su baja densidad edificatoria, donde las viviendas unifamiliares consumen grandes cantidades de suelo natural o agrícola. En segundo lugar, el desarrollo de barrios homogéneos que carecen de una mezcla de usos del suelo (residencial, comercial, instalaciones…), lo que obliga a los residentes a depender del automóvil, incluso para distancias cortas. Durante la década de 2000, el uso del automóvil creció más rápido en Europa que en los Estados Unidos, un hecho que puede estar relacionado con el crecimiento del urbanismo expansivo en el viejo continente, a pesar de algunas políticas europeas a favor de la ciudad compacta. Hoy en día hay más convergencia que divergencia entre los Estados Unidos y Europa Occidental en lo relativo a la suburbanización (Richardson y Chang Hee, 2004: 7). En tercer lugar, el urbanismo expansivo se desarrolla hacia el exterior desde los núcleos urbanos compactos. Aproximadamente el 80 por ciento del suelo para vivienda nueva en los Estados Unidos durante 1994-1997 se encuentra fuera de las ciudades compactas (Heimlich y Anderson, 2001); según CLC, durante 1987-2006 el 73% de la superficie de la vivienda nueva en España era para urbanismo expansivo. En cuarto lugar, el urbanismo expansivo favorece la urbanización de terrenos situados cada vez más lejos en el campo. Este crecimiento propicia un patrón de desarrollo caótico que consume grandes cantidades de tierras agrícolas y naturales. En quinto lugar, el urbanismo expansivo se desarrolla a menudo a lo largo de las carreteras que parten de los núcleos urbanos, lo que provoca congestión de tráfico en estas vías de acceso a las ciudades. Y en sexto lugar, el urbanismo expansivo a menudo invade tierras naturales y agrícolas y por lo tanto tiende a desdibujar la división entre las zonas urbanas y rurales.

Los que apoyan el urbanismo expansivo creen que vivir en una zona suburbana aumenta el contacto con la naturaleza y reduce la congestión del tráfico y la contaminación atmosférica. Además, argumentan que las casas suburbanas son más baratas que las más cercanas al centro de la ciudad y que, cuando se les pregunta, la mayoría de la gente prefiere vivir lejos de la ciudad compacta (Gillham, 2002: 72). Quienes se oponen al urbanismo expansivo consideran que este no es deseable ya que devora una enorme cantidad de recursos de tierras valiosas (incluyendo tierras de cultivo y zonas húmedas) y arrasa paisajes. Por otra parte, consume cantidades insostenibles de energía y agua. Su dependencia de la circulación de vehículos privados no sólo provoca la contaminación del aire, sino también la congestión del tráfico, la obesidad y el estrés para los conductores. Además, se destruye la vida de la comunidad y segrega a las personas en función de su estatus (Ibíd.).

Entre las causas que atraen a la gente desde las ciudades compactas hacia las zonas suburbanas podemos nombrar el costo de la vivienda: los que quieren comprar una casa grande puede encontrar opciones menos costosas en áreas suburbanas. La elección de vivir en una zona residencial expansiva, sin embargo, no sólo está relacionada con el costo de la vivienda, sino también se liga a algunos valores nuevos (conciencia del medio ambiente, tecnología de la comunicación global), así como a la expansión de los patrones globalizados de producción y consumo (Hogan & Ojima, 2008: 205).

Turismo residencial en el Mediterráneo español

Gracias a la riqueza temporal creada por la burbuja inmobiliaria española, España atrajo a más de 5 millones de inmigrantes durante la primera década del siglo XXI, procedentes principalmente de Europa oriental, América del Sur y África del Norte (figura 3).

Fig. 3. España: principales países de procedencia de los inmigrantes empadronados  (2012). Fuente: INE (2014)

Fig. 3. España: principales países de procedencia de los inmigrantes empadronados  (2012).
Fuente: INE (2014)

Fig. 4. Costa Blanca: principales países de procedencia de los inmigrantes empadronados (2012). Fuente: INE (2014)

Fig. 4. Costa Blanca: principales países de procedencia de los inmigrantes empadronados (2012).
Fuente: INE (2014)

Sin embargo hay una minoría notable de inmigrantes (en torno al 20%), cuyos orígenes son los países más ricos (con un PIB per cápita más elevado) que España. Normalmente, estos vienen desde el Reino Unido, Alemania, el Benelux o los países escandinavos. En su mayor parte decidieron establecerse a lo largo de la costa mediterránea, en busca no sólo de tiempo soleado y seco, sino también de un estilo de vida diferente. Los turistas residenciales y migrantes residenciales en la costa mediterránea española son personas que viven todo el año o la mayor parte del año allí, siendo la mayoría de ellos ser dueños de una propiedad (Huete, 2009).

El turismo residencial debe referirse únicamente a los migrantes, normalmente jubilados, cuya vida cotidiana en España está relacionada con experiencias de ocio. De hecho, los jubilados son el grupo más claramente identificado de turistas residenciales. En lo que se refiere a los migrantes jubilados en España, hay que señalar que casi la mitad de los extranjeros procedentes de países con un PIB per cápita más elevado que el de España son mayores de 55 años, y que el 95% de estos migrantes jubilados se han asentado en las regiones del litoral español de clima mediterráneo. Estos turistas residenciales eligen vivir en la España mediterránea por diversas razones, entre las cuales el costo de la vivienda, el costo de la vida en general, el clima y el mar, pero también el estilo de vida: un estilo de vida mediterráneo que implica una mejor calidad de la vida, y una vida más saludable, gracias a su ritmo más lento y a sus actividades al aire libre. También es importante tener en cuenta el papel de los promotores inmobiliarios españoles y extranjeros, así como de las autoridades políticas españolas, al apoyar el turismo de masas y atraer la atención de los compradores potenciales en el extranjero hacia las zonas costeras españolas. Los promotores inmobiliarios también son responsables de la concentración de extranjeros de la misma nacionalidad en determinadas zonas: para lograr la optimización de recursos y costes, trataron de vender cada urbanización en un solo país, creando colonias de personas de un mismo país. Estos asentamientos por nacionalidad fueron particularmente buscados por los ancianos, quienes se encontraban más seguros en el extranjero si podían vivir entre la gente de su propio país (Huete y Mantecón, 2012).

Como dijimos anteriormente, los turistas residenciales se concentran principalmente en la costa mediterránea española. La Costa Blanca es la zona con el mayor porcentaje de este tipo de migrantes en la población total de inmigrantes: una tercera parte de todos los inmigrantes que viven en la Costa Blanca son personas mayores de 55 años y están vinculados a los procesos de turismo residencial. Si observamos el origen de los inmigrantes (de todo tipo) que viven en Costa Blanca (figura 4), y lo comparamos con el origen de los inmigrantes que viven en el conjunto de España (figura 3), observamos diferencias significativas. Mientras que en la Costa Blanca el grupo más numeroso de extranjeros procede del Reino Unido, en el conjunto de España procede principalmente de Rumania, Marruecos y América del Sur. La Costa del Sol es la zona con el segundo porcentaje más alto de turistas residenciales (25%) y las Islas Canarias la tercera (20%). En las zonas situadas lejos de la costa mediterránea, como Madrid, el porcentaje de inmigrantes (de más de 55) procedentes de países con un PIB per cápita más alto que España equivale a solo el 1% de la población total de inmigrantes.

El lugar más popular de Europa como residencia de los turistas residenciales

La costa mediterránea española es, con diferencia, el área con mayor número de migrantes residenciales. En 2012 estos suponían alrededor de 1.125.000 (INE, 2013), una cifra muy superior a la de otros países europeos de clima mediterráneo como Italia (150.000), Portugal (60.000) y Grecia (50.000).

Por lo que respecta a los turistas residenciales jubilados, 87.000 de ellos vivían en España el uno de enero de 1996, mientras que en la misma fecha de 2012 su número era cercano a 450.000 (figura 5). A pesar de la crisis económica (que comenzó en 2007), este número no dejó de crecer hasta el 1 de enero de 2012. Durante el año 2012 la cantidad de personas vinculadas a los procesos de turismo residencial que vive en España cayó (7.000 personas menos) por primera vez desde que comenzaron los registros oficiales de inmigración. Esta caída de 2012 fue moderada en comparación con la que tuvo lugar al año siguiente: el 1 de enero de 2014, según datos del INE, el número había disminuido en 91.300 a lo largo de 2013. Esta fuerte caída se debió por lo menos a tres causas. En primer lugar, la crisis económica europea, que llevó a muchos migrantes residenciales a regresar a casa. En segundo lugar, el hecho de que algunos de ellos decidieron darse de baja del registro censal español con el fin de evitar el pago de los impuestos, dada la subida de impuestos llevada a cabo por el gobierno de España. En tercer lugar, el hecho de que hasta el año 2014 el número de turistas residenciales jubilados registrados había sido inflado artificialmente por los ayuntamientos -que querían beneficiarse de una mejor financiación del gobierno, ya que tener más habitantes significaba recibir más financiación-, en combinación con el hecho de que en 2014 el Instituto Nacional de Estadística decidió purgar los registros estadísticos.

En la figura 5 podemos ver la distribución geográfica de los turistas residenciales de más de 55 años. El 95% de ellos viven en la España mediterránea. Las áreas en las que prefieren sentarse son la Costa Blanca (35,5% del total de los turistas residenciales jubilados en España viven allí), Costa del Sol (17,1%), Canarias (13,5%), la costa catalana ( 7,1%), las Islas Baleares (6,6%), Andalucía Mediterránea sin la Costa del Sol (5%), Murcia (4,6%), y la costa valenciana sin la Costa Blanca (3,4%) (figura 5).

Por lo que se refiere a la nacionalidad de los turistas residenciales, en la figura 5 hemos distinguido cinco procedencias de acuerdo a las lenguas de los inmigrantes: los británicos, además de una pequeña colonia irlandesa; los alemanes, incluyendo la pequeña colonia de austriacos y la colonia suiza de tamaño considerable, la mayor parte de los cuales se compone de hablantes de alemán; las personas del Benelux (holandeses, belgas y luxemburgueses), que en su mayor parte hablan holandés; los escandinavos (incluyendo los finlandeses), destacando las colonias de suecos y noruegos; y los hablantes de las lenguas romances (franceses e italianos).

Los turistas residenciales de más de 55 años procedentes de Francia e Italia (60.742, el 14% de todos los turistas residenciales de más de esa edad en España) constituyen una mayoría en todo el litoral catalán, debido a la proximidad geográfica de sus países de origen con Cataluña. En cuanto a los escandinavos (36,726; el 8,4% de todos los turistas residenciales más de 55 años que vive en España), se concentran en áreas turísticas como la Costa Blanca y la Costa del Sol.

Fig. 5. España: turistas residenciales censados de más de 55 años por nacionalidad y por provincia de residencia. Fuente: INE (2014)

Fig. 5. España: turistas residenciales censados de más de 55 años por nacionalidad y por provincia de residencia.
Fuente: INE (2014)

Las personas de los países del Benelux (37.844; 8,6% de todos los turistas residenciales más de 55 años que viven en España) también se concentran principalmente en la Costa Blanca, y, en menor medida, en la Costa del Sol. Los germanohablantes (95.426; 21,8% de los turistas residenciales más de 55 viviendo en España), también prefieren la Costa Blanca, pero cuentan con nutridas colonias en las Islas Baleares y Canarias, donde representan la mayor colonia de turistas residenciales jubilados. Casi la mitad de los turistas residenciales que viven en España (47,3%) provienen de Reino Unido e Irlanda (207.274); estas personas tienen preferencia por la Costa Blanca y, en menor medida, por la del Sol; constituyen la mayor colonia de toda la costa sur y oriental de España, con excepción de Cataluña y las islas (fig. 5).

Contribución de los migrantes residenciales al urbanismo expansivo

Cuando vivían en sus países noreuropeos de origen, la mayoría de los turistas residenciales que actualmente residen en España lo hacía en casas unifamiliares, bajo un patrón caracterizado por el urbanismo expansivo. Además de por el cambio y la mejora en el estilo de vida y por las 3.000 horas de sol al año (1.500 en sus países de origen), los turistas residenciales también se sentían atraídos por el relativamente bajo precio de las viviendas unifamiliares en las regiones mediterráneas. Dicho coste era relativamente bajo incluso después de la subida de precios a causa de la burbuja especulativa (antes de 2008, la compra de una casa en España, aunque fuera cara, se consideraba generalmente una buena inversión).

Con el beneplácito de las autoridades locales, los promotores inmobiliarios construyeron miles de viviendas unifamiliares (aisladas o adosadas) en la costa mediterránea, y con ellas llegaron los problemas que suelen ir asociados al urbanismo expansivo: destrucción del paisaje y del medio ambiente, congestión del tráfico, riesgo de inundaciones, escasez de agua, etc. A diferencia de la Europa situada al norte del paralelo 45º, la precipitación en la cuenca mediterránea es baja y hay una escasez crónica de agua, lo que se ve agravado por la difusión del urbanismo expansivo. El consumo de agua en las zonas turísticas donde prima el urbanismo expansivo, como Torrevieja,  duplica el consumo de zonas turísticas de urbanismo compacto, como Benidorm (Vera, 2006: 166).

Existe una conexión en España entre el número de turistas residentiales y la cantidad de hectáreas dedicadas al urbanismo expansivo. Según CORINE 2006, Madrid y Barcelona son las provincias donde se da un porcentaje más alto de urbanismo expansivo (6,6% y 4,45%, respectivamente, del territorio de dichas provincias corresponde a este tipo de uso del suelo, fig. 6). En ambos casos, esto se debe a la elevada población (6,5 millones en Madrid, y 5,5 en Barcelona) y a la notable riqueza acumulada en ambas áreas, lo que implica que un número importante de personas que viven allí tienen suficiente poder adquisitivo para residir en una casa unifamiliar. Las personas que viven en urbanizaciones alrededor de Madrid y Barcelona son principalmente españolas. Durante la burbuja inmobiliaria española, muchas de ellas abandonaron su antigua casa en la ciudad compacta para trasladarse a una zona suburbana, con el fin de experimentar un nuevo estilo de vida ligado a fenómenos modernos como la conciencia medioambiental, las nuevas tecnologías de la comunicación y los patrones globales de consumo.

Fig. 6. España: suelo urbano expansivo y turistas residenciales por provincias Fuente: CLC e INE (2014)

Fig. 6. España: suelo urbano expansivo y turistas residenciales por provincias
Fuente: CLC e INE (2014)

Después de Madrid y Barcelona, las más altas tasas de urbanismo expansivo se dan en las provincias costeras turísticas. En Alacant (Costa Blanca), que, como hemos visto, tiene más migrantes residenciales que cualquier otra provincia de España, el urbanismo expansivo constituye el 4,16% de todas las coberturas del suelo. Según datos SIOSE (2009), algunas zonas de esta provincia albergan un porcentaje muy alto de urbanismo expansivo: en la Vega Baja llega al 8% (y en su principal ciudad, Torrevieja, al 21%), mientras que en la Marina Alta es del 10% (en poblaciones como Dénia y Xàbia este porcentaje se eleva al 25%, y en Calp, al 40%) (Membrado, 2011: 435-436).

Fig. 7. La Marina (Costa Blanca septentrional): suelo urbano expansivo (2011) y turistas residenciales (2011) Fuente: SIOSE 2011 e INE 2011

Fig. 7. La Marina (Costa Blanca septentrional): suelo urbano expansivo (2011) y turistas residenciales (2011)
Fuente: SIOSE 2011 e INE 2011

Fig. 8. Vega Baja (Costa Blanca meridional): suelo urbano expansivo (2011) y turistas residenciales (2011) Fuente: SIOSE 2011 e INE 2011

Fig. 8. Vega Baja (Costa Blanca meridional): suelo urbano expansivo (2011) y turistas residenciales (2011)
Fuente: SIOSE 2011 e INE 2011

Costa Blanca: paradigma de urbanismo expansivo y turismo residencial en la Europa del sur

La costa mediterránea española se ha convertido en la zona del sur de Europa donde el urbanismo expansivo ha crecido más y más rápido, gracias a la demanda solvente por parte de turistas residenciales de viviendas unifamiliares, siguiendo los patrones de desarrollo urbano propios de su país de origen. La Costa Blanca, un territorio relativamente pequeño en la costa sudeste de España, contenía más turistas residenciales el 1 de Enero de 2012 (254.000) que la suma de los de Italia (150.000) y Portugal (68.000). Para tener una idea de la importancia del urbanismo expansivo y del turismo residencial en la Costa Blanca, hay que decir que sus cinco comarcas costeras, que constituyen solo el 0,68% de todo el territorio español, contienen el 7,7% de la superficie urbana expansiva española, y no menos de un tercio de todos los turistas residenciales jubilados que viven en España.

Fig. 9. La Marina (Costa Blanca septentrional): mapa diacrónico del suelo urbano expansivo (1987-2006) Fuente: CLC

Fig. 9. La Marina (Costa Blanca septentrional): mapa diacrónico del suelo urbano expansivo (1987-2006)
Fuente: CLC

El mayor desarrollo del urbanismo expansivo ligado al turismo residencial en la Costa Blanca se puede encontrar en sus comarcas septentrional (La Marina, fig. 9) y meridional (La Vega Baja, fig. 10). Ambas áreas se benefician de su proximidad al aeropuerto de Alicante, que está muy bien conectado (más de 40 vuelos diarios) con las Islas Británicas y también tiene conexiones regulares con Escandinavia, el Benelux, Alemania y Rusia. De hecho, muchos de los residentes británicos en la Costa Blanca suelen viajar al Reino Unido por razones médicas, de trabajo, familia o de otro tipo.

Fig. 10. La Vega Baja (Costa Blanca meridional): mapa diacrónico del suelo urbano expansivo (1987-2006) Fuente: CLC

Fig. 10. La Vega Baja (Costa Blanca meridional): mapa diacrónico del suelo urbano expansivo (1987-2006)
Fuente: CLC

En la figura 9 podemos ver cómo durante la burbuja inmobiliaria española se produjo un notable aumento del suelo urbano expansivo en La Marina. Se pasó de 8.000 hectáreas en 1987 a 11.500 en 2006. El desarrollo del urbanismo expansivo fue particularmente significativo en el área prelitoral (3-7 km al mar), debido a que las zonas costeras (0-3 km del mar) ya estaban densamente urbanizadas en 1987. Por lo tanto la franja prelitoral actuó como una salida espacial para el nuevo crecimiento. El mismo fenómeno desarrollo interior-costa se ha observado en áreas equivalentes en Carolina del Norte y Florida, y ha sido descrito por Crawford, Bradley y Marcucci (2013: 236) y por Kambly y Moreland (2009: 11).

En la figura 10 se observa el desarrollo reciente del urbanismo expansivo en la zona de la Vega Baja -menos costosa que la Marina- donde miles de jubilados del norte de Europa -con ingresos no demasiado altos- se han asentado en los últimos 15 años (Hernández, Morales y Saurí, 2014: 77). Como consecuencia de ello tuvo lugar allí entre 1987 (1.600 ha) y 2006 (6.300 ha) un gran aumento del urbanismo expansivo. Las viviendas unifamiliares se han desarrollado cerca del mar, pero sobre todo en las zonas prelitorales. La distancia al mar es compensada por otros servicios, tales como los campos de golf (Villar, 2012: 18). Por lo tanto, en estas zonas prelitorales el suelo urbano expansivo suele distribuirse normalmente alrededor de campos de golf. De hecho, 7 de los 14 campos de golf existentes en la Costa Blanca se hallan en la Vega Baja prelitoral. Y en 2012, la Vega Baja prelitoral albergaba los tres municipios españoles con mayor porcentaje de extranjeros: San Fulgencio (78% de sus 12.522 habitantes son extranjeros), Rojales (77% de sus 22.006 habitantes) y Algorfa (72% de los 4.755 ). Los turistas residenciales constituyen allí más de la mitad de toda la población, y el inglés se habla más que cualquier otro idioma, incluyendo el español.

El desarrollo del suelo urbano expansivo en la Costa Blanca fue impulsado por la alta demanda por parte de turistas residenciales (especialmente británicos), favorecido por los ayuntamientos, y promovido por grandes empresas constructoras y bancos. Algunos promotores, banqueros y políticos se enriquecieron de la noche al día a través de la especulación del suelo y el crecimiento urbano ilimitado. Muchas de sus empresas y bancos con el tiempo han ido a la quiebra debido a la mala gestión. Algunas cajas de ahorros compraron tanto suelo, con la intención de construir en él, que cuando estalló la burbuja inmobiliaria, tuvieron que ser intervenidas o nacionalizadas. Pero antes de que comenzara la crisis, ya se había urbanizado mucho suelo. Ello implicaba no sólo inconvenientes medioambientales y paisajísticos, sino también hacinamiento en las zonas turísticas.

Fig. 11. Rojales (La Vega Baja, Costa Blanca): hacinamiento de viviendas sobre suelo urbano expansivo. Miles de casas están densamente esparcidas sobre kilómetros de suelo urbano desprovisto de jardines, transporte público u otros servicios básicos Foto: Antoni Martínez i Bernat

Fig. 11. Rojales (La Vega Baja, Costa Blanca): hacinamiento de viviendas sobre suelo urbano expansivo. Miles de casas están densamente esparcidas sobre kilómetros de suelo urbano desprovisto de jardines, transporte público u otros servicios básicos
Foto: Antoni Martínez i Bernat

En cuanto a los efectos económicos del turismo residencial en la Costa Blanca, podemos enumerar algunas ventajas y algunos inconvenientes. Entre los primeros, el hecho de que los turistas residenciales aumentan la demanda de servicios locales (bienes inmobiliarios, comercio, consumo, servicios personales, de salud y de cuidado de ancianos), atrayendo así a nuevos trabajadores, lo que aumentará el número de consumidores aún más (Huete y Mantecón, 2012: 163; Walters, 2002: 51). Este proceso, según Moss (2006), dota a la región anfitriona de una nueva capacidad de infraestructura económica, institucional y física. Los beneficios económicos de la afluencia de los inmigrantes pueden observarse en el aumento de la población de los lugares donde se instalan. Por ejemplo, la población de Torrevieja (con un 30% de turistas residenciales) se ha cuadruplicado en tan sólo veinte años (su población pasó de 25.000 en 1991 a más de 100.000 en 2011); Rojales (75% de los turistas residenciales) triplicó su población en el mismo período (pasó de 5.000 a 20.000). La población de San Fulgencio (80% de los turistas residenciales) se multiplicó por 7,5: de 1.600 habitantes en 1991 a 12.000 en 2011. Otro de los beneficios, citado por Walters (2002: 52), es que los jubilados tienen ingresos basados ​​en gran medida en sus pensiones, que son independientes de la economía local, y a prueba de recesión. Sin embargo, los ingresos de los británicos (que son más de la mitad de todos los turistas residenciales jubilados que viven en Costa Blanca) se han visto afectados por la devaluación de la libra. Por lo tanto los británicos ya no pueden permitirse el lujo de vivir como lo hacían antes –de hecho, muchos de ellos simplemente ya no pueden permitirse el lujo de vivir en la Costa Blanca.

Fig. 12. Benitatxell (La Marina Alta, Costa Blanca): agresión al medio ambiente. Hacinamiento de casas que cuelgan desde un acantilado, desfigurando el paisaje Foto: Antoni Martínez i Bernat

Fig. 12. Benitatxell (La Marina Alta, Costa Blanca): agresión al medio ambiente. Hacinamiento de casas que cuelgan desde un acantilado, desfigurando el paisaje
Foto: Antoni Martínez i Bernat

Entre los impactos negativos del turismo residencial hay que citar, según Williams y Gill (2004: 2), el atasco y colapso que sufren los municipios afectados por lo que respecta a infraestructuras sociales, sanitarias, ambientales, culturales, recreativas, comerciales y de vivienda. Según Walters (2002: 52) mucha inmigración en poco tiempo lleva consigo  el peligro de la superpoblación y de la congestión local por exceso de  tráfico y de suelo urbanizado. La nueva migración puede crear una presión insoportable en la infraestructura física municipal (agua, energía, saneamiento) y en el medio ambiente. Walters se refiere a la migración de jubilados en Florida, Arizona, California y otros estados de Estados Unidos, pero su descripción también se corresponde con el caso aquí estudiado. La urbanización ha sido tan enorme que hay algunas zonas de urbanismo expansivo que hoy son densamente expansivas, aunque parezca un oxímoron, con todos los inconvenientes enumerados por Walters. No menos paradójico es el hecho de que los primeros turistas residenciales que se trasladaron al sur con el fin de aumentar su calidad de vida, hayan visto truncadas sus expectativas por el exceso de población y de urbanización que ha comportado la llegada de nuevos turistas residenciales (Benson y O’Reilly, 2009: 621). De hecho, algunos de los primeros turistas residenciales que se mudaron al sur, hace ya varias décadas, para establecerse en una zona rural, pocos años después fueron privados de su paraíso particular de tranquilidad, cuando las autoridades locales y los promotores permitieron construir en aquellas tierras rurales. Algunos de estos pioneros residenciales denunciaron ante la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos los abusos urbanísticos, la corrupción política y la destrucción del paisaje (Janoschka, 2011: 232).

Otro inconveniente es que, a pesar de que los migrantes jubilados tienden a estar en buen estado de salud cuando se mudan a su nuevo hogar, a medida que envejecen empeora progresivamente su estado de salud. El costo a largo plazo de mantener una población que envejece puede ser mayor de lo estimado (Walters, 2002: 52). En el caso español, una población envejecida como consecuencia de la llegada de inmigrantes y turistas de avanzada edad hace que las autoridades locales difícilmente puedan cubrir los gastos sanitarios (Huete y Mantecón, 2012: 163), más aún en el contexto de la crisis económica actual.

Por lo que respecta a las consecuencias sociales del turismo residencial en la Costa Blanca, la enorme urbanización de esta área, impulsada como hemos visto por los turistas residenciales que querían vivir en barrios construidos siguiendo el patrón urbano expansivo, ha creado una barrera física y social entre dichos turistas y los núcleos compactos y sus habitantes (figura 11). La mayoría de estos barrios suburbanos tienen poco o ningún transporte público, un hecho que restringe la movilidad de muchos de sus residentes, que tienden a permanecer dentro de la zona residencial, con pocas opciones de relacionarse socialmente. Por otra parte, el aislamiento y la distancia a los servicios básicos -tales como los centros de salud o la comisaría de policía- aumenta la percepción de inseguridad en estas zonas suburbanas.

Por último, en relación con el impacto ambiental, las consecuencias de esta rápida urbanización han sido devastadoras. El daño al paisaje y al medio ambiente, sobre todo en el litoral, es irreparable (figuras 12 y 13). La Ley del Suelo aprobada por el gobierno español en 1998, que establece que cualquier suelo no protegido puede ser construido, ha tenido un fuerte impacto en algunas zonas de la costa mediterránea española. En la Costa Blanca hay algunas áreas costeras protegidas: Montgó-Cap de Sant Antoni, Penya d’Ifac (fig. 13), Serra Gelada o lagunas de Santa Pola, la Mata, y Torrevieja. Por lo tanto, podría parecer que no faltan en esta zona los lugares donde disfrutar de la naturaleza. El problema es que todos estos parques están rodeados total o parcialmente por zonas urbanas superpobladas. No hay transición en absoluto entre los parques naturales y las superficies urbanizadas (fig. 13). Debido a su clima, el paisaje, la cultura y el medio ambiente, la costa mediterránea es un lugar codiciado por los promotores inmobiliarios. Los gobiernos a nivel local, regional o nacional -que deberían haber protegido esta zona contra cualquier exceso urbanizador- decidieron permitir -ya sea por acción o por omisión- a los promotores construir hasta el extremo que una parte considerable de este paisaje mediterráneo único ha sido desfigurado de manera irreversible para siempre. Este es un serio inconveniente para competir en un mercado tan dinámico y abierto como el turístico, que considera cada vez más la calidad del territorio como parte de la calidad del producto.

Fig. 13. Uso del suelo intensivo en Calp (Marina Alta, Costa Blanca). En primera línea se encuentra el parque natural de la Penya d’Ifac. Luego un área de urbanismo compacto y un puerto deportivo. A continuación, un área de salinas protegida. Por último, hay una enorme área de urbanismo expansivo. Como se observa, no hay un área de transición entre el suelo protegido y el no protegido Foto: Antoni Martínez i Bernat

Fig. 13. Uso del suelo intensivo en Calp (Marina Alta, Costa Blanca). En primera línea se encuentra el parque natural de la Penya d’Ifac. Luego un área de urbanismo compacto y un puerto deportivo. A continuación, un área de salinas protegida. Por último, hay una enorme área de urbanismo expansivo. Como se observa, no hay un área de transición entre el suelo protegido y el no protegido
Foto: Antoni Martínez i Bernat

Conclusiones

La costa mediterránea española ha experimentado un crecimiento urbano incontrolado durante las dos últimas décadas. Este crecimiento fue impulsado significativamente por la demanda solvente de turistas residenciales, en su mayoría jubilados del norte de Europa, que podían costearse una casa que les permitía vivir en el relajado ambiente mediterráneo. El número de turistas residenciales jubilados registrados en España aumentó en 7,5 veces entre 1991 y 2012. Una gran mayoría de ellos (95%) eligió las regiones costeras españolas de clima mediterráneo para pasar sus años de jubilación.

Esta afluencia masiva de turismo residencial creó una considerable riqueza a corto plazo en España. En primer lugar, generó ingresos para los gobiernos (locales, regionales, nacionales) a través de los impuestos. En segundo lugar, benefició a los promotores inmobiliarios privados, así como los locales que proporcionaban servicios para los recién llegados. No obstante, la falta de una adecuada planificación urbana que hubiera hecho posible controlar los excesos de los promotores llevó a la construcción de áreas suburbanas hacinadas. Por lo tanto, muchos de los turistas de larga estancia y migrantes que se habían mudado al sur esperando mejorar su calidad de vida -entre otras cosas, por vivir rodeados de naturaleza y tranquilidad- finalmente se vieron (en parte) frustrados al ver como sus municipios de acogida se urbanizaban en exceso. Otra consecuencia de este hacinamiento ha sido el daño irreversible causado al medio ambiente y al paisaje (desaparición de cultivos agrícolas y de masa forestal).

El progreso económico que el desarrollo del urbanismo expansivo generó a corto plazo puede tener consecuencias económicas impredecibles a largo plazo. Algunas áreas suburbanas de la costa mediterránea española están hacinadas, de lo que se derivan muchos inconvenientes. En primer lugar, esas áreas sufren los mismos inconvenientes que cualquier otra zona suburbana: alto consumo de agua, energía y suelo per cápita; absoluta dependencia de los vehículos privados; y la destrucción del paisaje y el medio ambiente. En segundo lugar, también tienen los problemas de las zonas compactas (congestión del tráfico, suelo urbano denso) sin ninguna de sus ventajas (transporte público, instalaciones públicas, zonas verdes, tiendas cerca de casa …). Además, las ciudades están cada vez más endeudadas y apenas pueden proporcionar servicios básicos, tales como la limpieza o la policía, a estas áreas suburbanas.

Dadas las crecientes deficiencias a causa del hacinamiento en la España mediterránea, junto con los efectos de la crisis económica, los turistas residenciales jubilados que ahora viven podrían no tener reemplazo dentro de unos pocos años. Por lo menos desde 1991 (el primer año para el cual tenemos registros estadísticos) hasta el año 2012 el número de turistas residenciales nunca dejó de crecer en España. Sin embargo, los datos del INE del 1 de enero de 2013, muestran que a lo largo de 2012, a pesar de la enorme caída de precios de la vivienda, la cantidad de migrantes residenciales registrados en España disminuyó ligeramente (en 7.000 personas). Pero esto no es nada si se compara con el descenso durante 2013: a uno de enero de 2014, según datos del INE, el número se redujo en 90.000 (aunque hay que tener en cuenta que este descenso coincidió con una purga estadística llevada a cabo por el INE, que magnifica la reducción). Si los políticos locales quieren evitar que esta disminución continue, deben comenzar a trabajar de una manera más racional y sostenible. Por ejemplo, los suburbios deben estar mejor conectadas con las áreas urbanas compactas centrales a través de transporte público, paseos peatonales y carriles bici. Además, los suburbios deben disponer de zonas verdes y servicios públicos. Estas medidas mejorarían la cohesión territorial y social entre la gente local, que deberá dejar de ver a los turistas residenciales como meros consumidores de servicios, y los nuevos residentes, que por lo tanto estarían más motivados para superar las barreras del idioma y la cultura.

A pesar de la fuerte atracción que la España mediterránea todavía ejerce sobre cientos de miles de europeos del norte, los excesos urbanísticos, la falta de servicios, la percepción de inseguridad o los daños irreparables al medio ambiente pueden resultar una hipoteca demasiado pesada sobre el futuro de la costa mediterránea española.

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