¿Un turismo inesperado? Cuando la nieve cae en la ciudad

Romain Bérard




Resumen

Al tiempo que transcurre la vida diario y habitual y surgen frentes pioneros de turismo paradójicamente en busca de exóticos e inusuales, este artículo propone cambiar la mirada tratando una situación impensada dentro del universo de lo recreativo. A través del imprevisto meteorológico y especialmente en el caso de las nevadas que se han producido en Lyon (Francia) en enero de 2010, abordamos “fuera de los caminos trillados” un impacto en la vida urbana cotidiana. Movilizando un rico imaginario, florecen prácticas recreativas aquí y allá en el ámbito público, sobrepasando las situaciones y funciones habituales. Más allá de la transposición de las prácticas convencionales de recreo turístico, estas prácticas exploran nuevas formas de experiencia lúdica. Se propone a debate la noción de atención para poder entender lo que se juega en términos de creatividad y autonomía de recreo para los habitantes.

Palabras clave: urbana, recreación, naturaleza, diario, atención, creatividad

Introducción

En un momento en el que lo cotidiano y lo común son frentes pioneros de nuevas formas de turismo que continúan propagándose, la cuestión del turismo “fuera de los caminos trillados” sonaría casi como una paradoja, invitándonos a preguntarnos qué es “lo que queda” por conquistar dentro del ámbito turístico normalizado. Mientras que los actores del turismo redoblan la imaginación, de lo mundano a lo insólito, para inventar nuevos productos o (re) descubrir nuevos destinos, este artículo se presenta como una oportunidad para prestar atención a una dimensión descuidada, olvidada u oculta de disfrutar del tiempo libre.

Lo cotidiano fuera de los caminos habituales, ¿una nueva experiencia turística?

El movimiento de regreso a la toma interés por lo cotidiano, y al mismo tiempo de vuelta a la ciudad que estamos presenciando actualmente, sitúa en una posición central el tema de la proximidad geográfica en el acceso a la alteridad. Desde la publicación de guías de visitas insólitas de las ciudades destinadas a los propios habitantes y no sólo a los visitantes (Vergopoulos, 2013), hasta el movimiento de exploración urbana (Garrett, 2014), pasando por el “exotismo de lo próximo” (Michel, 2012; Espinasse, 2010) y el redescubrimiento de los suburbios y los barrios multiculturales (Rath, 2007; Bromas, 2011), toma múltiples formas el cambio de perspectiva que se observa. Usado a veces por políticas voluntaristas de revalorización de lo local  como un destino para considerarlo aparte, a modo de “Bienvenido a tu casa”, a veces estimulados por la especial mirada de los artistas a modo de “trek” urbano, como el que realizó el colectivo “Ici-Même” en 2002 en la aglomeración de Grenoble, y también sutilmente implementado por prácticas que “no se dicen”, este aparente eclecticismo revela una idea común : la posibilidad, relativamente inédita, de convertir a cualquier persona en “turista en su propia casa[1]” (Vergopoulos, op.cit., 2013)). Donde el proyecto recreativo, característico de la práctica turística según el grupo MIT (2002), se hace posible dentro del entorno habitual[2], en forma de mestizaje de las relaciones aquí/en otros lugares, de lo cotidiano/ fuera de lo cotidiano.  Todo esto hace obsoletas las definiciones de turismo basadas en el predominio del desplazamiento y en la distancia espacial; consensualmente aceptadas hasta ahora, estas modalidades de turismo se inscribirían mejor en un proceso de diferenciación socio-cultural que destaca el sociólogo Scott Lash (1990) y que el geógrafo Philippe Bourdeau utiliza al servicio de una visión ampliada del concepto de aprovechamiento del tiempo libre, incluyendo el  turismo, el ocio, y el deportes (2003); esa es precisamente la perspectiva que utilizaremos aquí por idénticas razones.

En medio de estos cambios en ebullición, nacen nuevas experiencias que se construyen según términos diferentes, desde las más experimentadas – guiadas, organizadas – a las menos experimentadas – exploratorias. Estas últimas parecen ilustrar de manera satisfactoria la idea de turismo – o más bien de recreo fuera de los caminos consolidados, que podría ser considerado inicialmente como una experiencia recreativa fuera de los marcos tradicionalmente previstos y programados por la industria del turismo. Así nos apartaríamos de la estrecha acepción de limitar la expresión turismo a su única dimensión comercial, simbolizada en torno al registro de lo inusual, evitando el escollo tautológico que supone su aplicación a las prácticas y métodos convencionales ampliamente empleados en el sistema de turístico (organización, comercialización, cobertura por los medios de comunicación) y simplemente cuestionados para su renovación. Lejos de limitarse a la parte residual del mundo recreativo, esta perspectiva se plantea como objetivo examinar de la manera más cercana posible el terreno las prácticas y los fenómenos existentes o emergentes al margen de este, como tantos usos recreativos no pensados que redefinen constantemente sus principios y fundamentos.

Por lo tanto, proponemos en este artículo abrir una vía paralela y complementaria a estos diferentes enfoques, abordando una dimensión aún poco investigada en Geografía (Tabeaud, 2005): los eventos meteorológicos imprevistos. Asumiendo aquí que, por su carácter impredecible y efímero, actúan como reveladores de vínculos y tensiones entre ciudad y naturaleza, entre lo cotidiano y lo no cotidiano, entre el aquí y en otro lugar tan característico de nuestras sociedades. Se trata, por lo tanto, de preguntarnos ¿de qué modo y cómo un fenómeno meteorológico imprevisto puede propiciar el nacimiento de usos recreativos, espontáneos e inesperados en el territorio? ¿Qué forma o formas toma y qué prácticas desencadenan? ¿Que nos enseñan estas prácticas no habituales en el mundo actual, el ser turista en nuestra propia localidad”?

Siguiendo la reflexión iniciada hace ya treinta años por los geógrafos Laurent Bridel y Claudine Delapierre (1985) en un artículo en el que se preguntaban por la situación absurda inducida por importantes nevadas en la ciudad de Lausana, aquí nos interesamos por ese mismo fenómeno en la ciudad de Lyon. Nos fijamos específicamente en los episodios de nevadas que marcaron la metrópoli del Ródano durante el mes de enero de 2010, a través del estudio descriptivo y comprensivo de un corpus variado de discursos iconográficos y lingüísticos. Se compone de casi setenta fuentes producidas durante la nevada, identificados en Internet sobre la base de un protocolo de exploración interactivo, utilizando plataformas y palabras clave para «identificar el terreno» (Héas, Pawar, 2003). Está compuesto por informes de los medios locales, por diferentes comunicados de prensa y múltiples artículos de blogs, videos y fotografías de aficionados que relatan la situación, tomados con el objetivo de favorecer un cierto “eclecticismo” de las fuentes (Olivier de Sardan, 1995).

Tan fructífero como pudiera ser este método de exploración digital, el anonimato de la mayoría de las aportaciones[3] sigue siendo, sin embargo, una de las principales limitaciones, puesto que no es posible el acceso sistemático a ciertos niveles de información básica, como el perfil demográfico o socio-profesional de las personas cuyo discurso se ha recogido. Hay que señalar también que a pesar de la diversidad de los estatus del habitante a los que estos diversos canales de información pueden a veces referirse (por ejemplo ciudadano, vecino, usuario…), la postura adoptada aquí – evitando por otra parte cualquier generalización inadecuada – es la de considerar la figura de los residentes en su totalidad, haciéndonos eco de otros muchos trabajos iniciados y desarrollados desde hace algunos años en Ciencias humanas y sociales sobre el tema de lo que supone el habitar (por ejemplo, Paquot et al., 2007).

Hechas estas aclaraciones, volvemos primero sobre las condiciones de la aparición de las prácticas en cuestión para abordar a continuación sus modalidades de realización y las experiencias que originan. Finalmente, todo esto servirá de base para un debate en torno al concepto de “atención” como operador que favorece la autonomía recreativa y permite salir de los senderos ya trillados.

De la alarma a la vacación, trayectoria de un cambio…de sentido

“La nieve es esperada con impaciencia cada invierno, excepto a baja altura y en la ciudad donde es temida más que cualquier otra cosa[4]“. Por una vez, la información “Meteo-Francia” no se confundió: antes de caer, la nieve ya es en principio una fuente de conflicto en la ciudad, y a forteriori no digamos, cuando cae donde no se la espera, como aquí en el corazón de la ciudad de Lyon. Incluso el observador más distraído no sabría apartarse del tratamiento mediático que se hace de ella. Su llegada fortuita funciona como acontecimiento mediático que desplaza los problemas de la sociedad del momento a la vez que desencadena o cristaliza otros. Por parte de los poderes públicos, los servicios implicados se movilizan para poner en marcha los diversos planes de acción, como el plan Nieve, completado ocasionalmente por el plan Fuerte Frío. Se asiste entonces a la puesta en marcha y a la cobertura de toda una amplia gama de dispositivos de alerta “destinados a producir comportamientos esperados” (Creta-Cazanave, 2010), ya que “en estas circunstancias excepcionales, se necesita la movilización de todos para mejorar las condiciones de circulación” (s1). Esta apelación a la resiliencia toma entonces varias formas, tanto incentivando la retirada de la nieve como al uso de imágenes y un vocabulario militar o catastrófico.

Todas las cosas muestran que, lejos de cualquier consideración de diversión, la meteorología – en el sentido clásico del fenómeno meteorológico- se percibe en primer lugar como una amenaza externa, erigida simbólicamente en enemiga de la ciudad-móvil (Chalas, 2003) que es preciso conjurar. La llegada de la noticia a las autoridades, transmitida y amplificado por los medios de comunicación, conduce por lo tanto inicialmente a la creación de una situación de emergencia, entendida como una situación conocida, ya experimentada, y para la que se producen respuestas racionales. Dicho de otro modo, “es una brecha especifica necesaria a colmatar que se produce en un universo estabilizado” (Lagadec, Guilhou, 2002).

Pero estas recomendaciones tienen poco eco en la gente del pueblo. Aún conscientes de las molestias necesarias que ellos son los primeros en sufrir, la situación les parece una oportunidad para criticar la pérdida de control y la ineficacia de la acción de gestión de la administración. Si para unos, “toda una aglomeración se encuentra paralizada por la incompetencia” (s2), otros insisten en la situación cómica, cuya excepcionalidad se revela finalmente relativa, “usted me hace reír bien, […] en cuanto hay tres centímetros de nieve la vida se detiene” (b1). De hecho, si muchos subrayan irónicamente, es un “¡invierno normal! y que para ” gran sorpresa de las quitanieves, de los que echan sal en las aceras, es invierno y nieva” (s3), este imprevisto simboliza de manera “magnífica […] el retorno de las estaciones “(s4). La evocación de la nieve como un marcador de estacionalidad, que en el corpus estudiado acompaña de manera recurrente las diversas críticas a las autoridades, da prueba de una acogida más positiva del meteoro. Así lo expresan estos internautas, “en la monotonía de la pequeña rutina de la vida, este tipo de extra nos interpela, nos despierta y nos hace bien” (v1), de modo que” la naturaleza retoma sus derechos sobre la ciudad, donde el resto del tiempo tendemos a ignorarla soberbiamente” (b2). Mediante la transfiguración del medio ambiente, la llegada de la nieve a la ciudad estimula la imaginación de los individuos y es investida de una carga simbólica positiva que actúa como operador de distanciamiento.

La introducción de un horizonte de alteridad en el universo familiar les permite un “deslizamiento semántico” con referencia al acontecimiento: lo indeseable se hace deseable, y la situación pasa de amenazadora a amable. Como astucia (De Certeau, 1990), los habitantes considerados aquí sacan provecho del entorpecimiento del funcionamiento urbano y de la ruptura de la vida cotidiana, motivando actuaciones desviadas del primer objetivo de resiliencia establecidas desde “arriba“… Se abre así una vía que pasa de la alarma a la vacación, favoreciendo el acceso a prácticas recreativas cuyas conductas oscilan entre el descanso “staycation”, la transgresión y el descubrimiento-exploración (Berard, 2011): aquí se encuentran las formas y modalidades de recreo turístico evocados por el grupo MIT (op.cit., 2002).

Hacer un alto

En primer lugar, si se considera la nieve como una oportunidad por los habitantes urbanos, es sin duda porque permite romper el curso de los asuntos diarios, como muestra este paseante preguntado por Télé Lyon Métropole (TLM). «(La nieve) está bien, alarga las vacaciones, da un pequeño aire de fiesta y más» (v2). En lugar de ocuparse a retirar la nieve de su descansillo o de la acera al pie de su inmueble, es tiempo de dedicarse a diversas ocupaciones de la casa para las que el descanso y el reposo son la primera motivación: La nieve está bien, prolonga las vacaciones, es un pequeño aire de vacaciones de más” (v2). Más que afanarse a quitar la nieve de su escaparate, su portal o la acera al pie del inmueble, es tiempo de no hacer nada y entregarse a ocupaciones diversas de la casa para las que el descanso y el reposo son las primeras motivaciones. Esto se observa a través de videos cortos y fotos de estilo espontaneo carentes de cualquier tratamiento estético, que muestran lo que pasa fuera, – la nieve que cae, trastornos en la calle, una avenida vacía, los gritos de los niños que se divierten, plazas de aparcamiento cubiertas de nieve – desde un punto de vista situado en el interior, lo más a menudo desde una vivienda.

Muchos comentarios de videos o de blogs insisten en este sentido, a imagen del internauta que en referencia a un amigo que sale en un reportaje fotográfico le dice “eres valiente, has salido. Yo me quedé en casa, hacia demasiado frío, ” o del caminante que evoca el ambiente ” bonito, pero un poco fresco “(s5). Estos diferentes testimonios ilustrados o narrados expresan la normalidad del evento a través del prisma de una perspectiva introductoria, es decir, haciendo hincapié en el efecto de umbral, de frontera, entre un “dentro”, que se considera reconfortante y familiar, y un “afuera’” de estado ambiguo, por un lado, hostil y por otro atractivo. Se trata muy a menudo de pasar con toda normalidad “un fin de semana caliente con un buen chocolate y magdalenas… caliente” (b3). La metáfora de la concha no falta para calificar este repliegue dentro del hogar, que queda ante todo como la oportunidad de entregarse a prácticas más modestas como cocinar o leer. Se aprovechan también de una forma más o menos negociada los tiempos de trabajo: “va a hacer 1 hora que está nevando […], el panel telefónico cierra un poco antes esta noche! Buen fin de semana @todos, bajo la nieve!” (b4) –y de estudio y –  ¡mañana no hay clase, va a ser relajante! (s6) – para salir a ver a amigos o asistir a lugares de consumo, como evidencia esta nota de humor: “la nieve abunda aún más que en la semana, las tiendas del centro están llenas, el cine está al completo… ¿Cómo han venido todas estas personas al centro de la ciudad a pesar de la nieve, el frío, la ausencia total de autobuses…?” (b1). A pesar de signos evidentes de su presencia, estos elementos son una especie de antesalas del evento. La escena principal se desarrolla de manera más amplia en el espacio público de Lyon: allí se hacen visibles comportamientos que burlan los códigos de la vida urbana cotidiana, experimentando formas nuevas divertidas de hacer y entender la ciudad.

«Qué hacer un domingo, sin coche estando en Lyon:… practicar esquí ”   (v3)

El juego se hace presente bajo diferentes formas que se muestran a través de prácticas que van desde las más banales a las más originales del espacio urbano. Sin mucha sorpresa, las más tradicionales –batalla de bolas de nieve, construcción de muñecos de nieve y otras esculturas efímeras, bajadas de cuestas en trineo – se hacen patentes de forma casi sistemática. Sin embargo, son una oportunidad para un cambio en las noticias cotidianas sobre el espacio urbano, donde el tráfico y el rodeo dejan paso por un tiempo a situaciones de convivencia deseada y de interacciones espontáneas más o menos prolongadas

Particularmente representativo de estos signos de utopía social es la utilización de antigua pista de esquí de la Sarra[5], en la colina de Fourvière. Varios videos muestran la emoción colectiva y espontánea creada alrededor del sitio, donde se entremezclan los usos deportivos, de diversión y contemplativos. Se ve en efecto a muchas familias que vienen a probar el trineo, aficionados a los deportes de patinaje, más o menos jóvenes, que a veces suben la pista con esquíes de paseo, a veces la bajan en “nowboard”, después de haber saltado un trampolín improvisado; todos tratando como pueden de abrirse paso entre los paseantes que sólo vienen a disfrutar de una “magnífica vista sobre la ciudad” (s7).

Detrás de estas imágenes idílicas y de muchas consideraciones ideal-típicas de estaciones de deportes de invierno, se podría ocultar una cierta dimensión transgresora que contextualiza el ejercicio de estas prácticas: la mayoría burlan las ordenanzas municipales según las cuales los “deportes de nieve están estrictamente prohibidos” (s7) en el lugar. Por lo tanto, asistimos a la reactivación autónoma, subversiva e inesperada de una centralidad recreativa – originalmente en invierno – por residentes de la ciudad de Lyon.

Pero lejos de limitarse a este sitio propicio, lo que se invierte es el conjunto del espacio urbano. En él se despliegan prácticas ludo-deportivas, cuyo carácter inusual se refleja en la subversión de los usos funcionales de la ciudad (mobiliario, asientos) y en la reinvención de sus modos de utilización. El humor y lo burlesco aparecen como conductores de una creatividad desenfrenada: imágenes que muestran un perro tirando de un adolescente sentado en un trineo como un “musher”, una miniatura “Trophée Andros” (v4), una persona “que esnifa la nieve” a modo de “línea de coke gigante” (b5), un cartón que se convierte en un trineo improvisado de dos plazas, hasta la base del edificio sobre la que se lanzan en “snowboard”.

Sería inevitablemente demasiado larga y no podría ser exhaustiva una descripción más detallada, dadas las múltiples e imaginativas prácticas de aprovechamiento lúdico de la nieve que existen. La descripción de la experiencia de la ciudad cubierta de nieve oscila entre diversión, chapuza y parodia. Diferentes tipos y formas de juego muestran una reapropiación del espacio público urbano en tiempos de nieve y pueden ser propuestas a modo de síntesis provisional:

  • juegos del cuerpo, a través de acciones agitadas: carreras y descensos en trineo, saltos de trampolín, patinajes etc.;
  • juegos con lo desconocido, el otro, en los intercambios y las interacciones entre individuos: batallas de bolas de nieve, esculturas efímeras…;
  • juegos con la norma, el orden social y espacial: chapuzas y reinvenciones humorísticas, subversión de los usos, transgresión de los códigos de la vida urbana cotidiana, lugares de inversión de manera incongruente;
  • juego del « yo »: puesta en escena de la nieve en la ciudad donde las personas construyen su propia crónica o ficción del evento: micro-reportajes, narraciones de tono aventurero.

Estas dimensiones constituyen los primeros elementos de una trama experimental en cadena en la que encontramos formas de “ruptura con un cierto autocontrol“, como señala el geógrafo Vincent Coëffé (2010) sobre “lugares turísticos que fomenten la experimentación con nuevas formas de ser y hacer“. Excepto que, en este caso, la relación que se observa entre ciudad y naturaleza no es, estrictamente hablando, la que corresponde a un lugar turístico ad hoc sino más bien una situación territorial hibrida por completo, de la que emergen prácticas recreativas comparables a las que se encuentran en los lugares dedicados a la diversión, pero sobre los que se pone una mirada renovada y circunstancial

Pequeño paseo por los bordea del Ródano […] Me parece buscar algo… “Pero el qué?” (v5)

Este enfoque algo lúdico y un poco hedonista va acompañado de una mirada estética, curiosa y sensible del encuentro inesperado entre la ciudad y la nieve. “Paisajes nuevos y hermosos” (TLM, v2), “Barrios como usted no ha visto nunca[6] dan lugar a un “Lyon irreconocible, pero excelente” (b6). Es ante todo la exploración de un paisaje transformado que se muestra a través de una multitud de visiones de desbordada imaginación: “La colina de Fourvière parecía cubierta de crema batida” (s7), “las bicis tintineando” (b7) y “¡los coches eran como grandes merengues!”, comentan estos internautas

Abundan las metáforas para aludir a la transfiguración del entorno urbano en referencia a la “nieve-elemento” de la que habla Philippe Vadrot (2006), donde el énfasis se pone en lo simbólico de pureza cósmica y sacrosanto del meteoro a través de la expresión “regalo del cielo”: “gracias por habérmela mostrado vestida de blanco” (b6), “la belleza de la ciudad vestida como pocas veces” (b8); “la ciudad ese pone en sus treinta y uno […]. El cielo la había cubierto con un bello manto blanco “(s8).

Esta descripción de conjunto es el punto de partida para paseos más en profundidad en el espacio urbano. Desde las vistas panorámicas de los barrios, como la Croix-Rousse, el Croix-Paquet o Part-Dieu, a los edificios más o menos antiguos, las fuentes congeladas, las estatuas cubiertas de nieve, monumentos como la Basílica de Fourvière hasta  las plazas centrales de Bellecour o St Anne, pasando por los grandes parques y espacios verdes, como la Tête d ‘Or o el parque Bazin, sin omitir los muelles del Ródano y el Saône, se  someten a examen numerosos elementos de la monumentalidad urbana, como si la llegada de la nieve invitara al (re) descubrimiento de la ciudad, tanto de sus principales sitios como de sus intersticios. “Decidimos salir a fotografiar la ciudad, tan pocas veces cubierta de nieve” (b9): “Todo el día, los fotógrafos recorren las calles” (v2) confirma este periodista de TLM. De la imagen estética a la foto de recuerdo, el paisaje urbano se revela a quien lo quiere recorrer así o dejarse llevar por su imaginación y sus deseos: “de hecho se camina un poco por todas partes” pone de relieve uno de los protagonistas entrevistados. A menudo aparece una actitud de conducta turística, animada por un fuerte interés de la fotografía y el descubrimiento de los atractivos pintorescos, de búsqueda – lo que el sociólogo John Urry describe mediante el concepto de ” la mirada turística”.

“Esta tarde, he vuelto andando del trabajo […] Un pequeño rayo de sol y habría sido la perfección” (b8)

De manera estrechamente vinculada, resurge la importancia funcional del movimiento peatonal, no sólo como alternativa de movilidad sino como medio también para descubrir la ciudad a su ritmo, animando a tomar caminos normalmente reservados al desplazamiento motorizado. Diferentes “cliches” ilustran esta idea mostrando un contraste inquietante, como si todo sucediera como si los habitantes ignoraran los “lugares de parada” – hamacas en el borde del Ródano, bancos en las plazas o jardines que quedan vacíos, cubiertos de nieve y sin rastro de utilización específica – para detenerse por el contrario en los lugares de paso – invadiendo callejuelas, vías del tranvía o bulevares libres de todo tráfico automovilístico.

Los cambios perceptibles en los ambientes tanto sonoros (ruido tamizados, amortiguados) como luminosos (luz difusa de la luz, claro obscuro nocturno) son también una oportunidad para ampliar el recorrido y explorar temporalidades menos practicadas en la vida diaria: múltiples ejemplos[7]  muestran como la noche, desde el crepúsculo hasta el amanecer, se presta a varias rutas de aventura que abren poco a poco nuevos territorios a la cartografía nocturna vivida de los individuos : “Estaba muy emocionada por esta nevada en la región. […] Pero no me gustan los deportes de invierno. En resumen, estos días, he tenido ganas de caminar. Cada tarde ha sido una oportunidad de un largo paseo por la ciudad desierta… Hay otra apreciación del entorno cuando nieva. […] He andado por calles libres de pisadas, por caminos peatonales sin explorar. Me encanta esta sensación con la nieve, de ser un explorador urbano, aunque mi conciencia sabe lo contrario “(b2)

Esta inversión en los modos y maneras de moverse también se encuentra en otro registro, donde vemos individuos que se mueven en esquí para ir de compras o “reemplazar el footing del sábado” (v8). Más allá de la dimensión anecdótica, algunos añaden incluso una triple justificación para explicar sus motivaciones: financiera “es gratis,” deportiva “da gusto sacar los esquíes” y social “hace reír a la gente[8] (v2).

Se comprende entonces que los diferentes cambios en los patrones de movimiento observados aquí sean tanto el resultado de la adaptación a la realidad de la situación como una experiencia astuta y curiosa de otras formas de hacer…

***

Así, la llegada inesperada de la nieve como elemento de alteración natural en el corazón de la metrópoli lionesa despierta tres principales registros imaginarios que los individuos movilizan en sus prácticas y discursos. Éstos corresponden a otros tantos símbolos socialmente relacionados con el meteoro de la nieve: primero, “externalidad amenazadora”, la nieve considerada a continuación como “oro blanco”, al mismo tiempo que “regalo del cielo”. Exacerbando las tensiones ciudad/naturaleza, cotidiano/ fuera de lo cotidiano, familiaridad/rareza, esta mezcla confiere a la situación un estado borroso e incierto que sin embargo refleja la capacidad de los residentes por un lado para tomar una mirada distante de este “break” en el flujo de la vida urbana cotidiana, y luego para engancharse al recreo potencial, para introducir efectivamente en el conjunto del espacio urbano prácticas recreativas de manera bastante inesperada y desorganizada. Lo que aparece en juego en el fondo, es la habilidad silenciosa de los individuos para “abrirse camino” de manera autónoma.

La atención, ¿operador de distanciamiento?

Se ve cómo esta forma extraordinaria de recreo parte de una separación en la mirada, de un “no de dos” (Bourdeau, et al. 2011) realizado por los individuos a la vez, tanto respecto a la situación en el sentido (emergencia) y el propósito (resiliencia) como también respecto a las funciones, códigos y usos característicos de la normalidad de la vida urbana cotidiana. Esta doble consideración parece superar el bien conocido marco interpretativo de la investigación anglosajona referente a los modos de la experiencia turística (Cohen, 1979) y a pesar de la seductora relectura propuesta por Jaap Lengkeek (2001), sociólogo, a través del papel de la imaginación. Del mismo modo, no parece que se resuma en la simple “mirada turística” de John Urry (Urry, Larsen, 2011) sino que habría que tomar en consideración el aspecto “competencial” de las prácticas observadas (ibid. Cap.8). Sin embargo, en nuestra opinión ganaría más si se la considerara desde el punto de vista de la “atención”, como ha sido abordada en los trabajos recientes que incentivan esta noción conocida del mundo económico, en una triple perspectiva: crítica, ecológica y estética (ver sobre todo Citton, 2014a, 2014b). Desde este punto de vista y de manera muy esquemática, la “atención” permite abordar la manera en que los individuos pueden interactuar con su entorno en un contexto dominado por la circulación masiva e incesante de imágenes, símbolos e informaciones de todo tipo, a partir de la premisa de que “hoy en día la disponibilidad no es solamente la de tiempo libre, siendo escaso, sino también del espíritu, de la atención […]” (Boullier, 2012). El caso de la nieve en la ciudad estudiado aquí nos permite plantear la hipótesis sustancial de que la capacidad de atención de los individuos actúa como operador de distanciamiento que puede favorecer salir de los senderos utilizados de entretenimiento. Una rápida desviación crítica debería permitirnos aclarar el asunto, así como precisar un poco más la definición propuesta en la introducción para distinguir mejor con respecto a lo referente a in u off-tracks.

Cuando el filósofo Yves Citton toma de André Carpentier la figura del “paseante” para evocar una especie de atención flotante que permite una «distracción emancipadora”(Citton, 2014b:108) a partir de la cual se “suspende el pensamiento programado” para “ponerse a disposición del mundo ambiente“(Ibid.:109), está señalando un ideal común del turismo, puesto que allí se hace presente todo el proyecto de experiencia turística volcado hacia el recreo de las personas. Esto último no está sin embrago exento de contradicciones y ciertas observaciones de fondo y forma pueden ser dirigidas a su cada vez mayor industrialización y mercantilización. En primer lugar, resulta obvio que estos hechos se alimentan, al igual que otros sectores económicos, de la atención de las personas que es importante captar lo mejor posible, se desenvuelve en el entorno actual de la supercompetencia de los destinos, y del intento de fidelizarlos lo mejor que se pueda. La multiplicidad de las técnicas y medios de difusión de “promesas de otros lugares” y su intensificación en el paisaje mediático en el sentido más amplio, arriesgando a veces la “saturación de los espíritus” (Bose, 2012:51), por la superposición de símbolos, mitos e imaginarios, contribuyen al encuadramiento de la experiencia turística en modelos socio-culturales y espaciotemporales bien establecidos.

La segunda paradoja intrínsecamente vinculada a lo anterior y no menor, porque se refiere al principio motor de la práctica del turismo tal como el sistema turístico lo concibe, es prometer a las personas sumergirse en un universo diferente, extraño, no-familiar, jugando con el deseo de ser conquistado por una “otro lugar” de virtudes reparadoras… pero que en el fondo difiere poco del mundo formado alrededor de la figura de deriva universalizadora del exotismo (Staszak (, 2008). Esto se refiere en efecto a una “alteridad ya enmarcada” (Ibid.:18) y “no se le podría imputar realmente el deseo de exploración – en el sentido en el que no lleva hacia lo desconocido. Se compromete a reproducir un viaje que ya ha sido hecho “(Ibid.: 24).” La turistificación creciente de lo cotidiano, de lo ordinario y, consecuentemente, de lo “próximo” que se evoca en la introducción, ¿escapa a esta paradoja? Teniendo en cuenta la “exotización” de la que es objeto (Michel, 2012), y de la que algunos se hacen portavoces no sin contradicciones a veces (Lespinasse, 2010; Reisser, Ponsart, 2011), sería difícilmente convincente a primera vista una respuesta positiva. Sin embargo, el geógrafo Laurent Matthey (2007) ha mostrado bien esta transposición geográfica del pensamiento occidental dominante, que, desde los territorios lejanos, conduce a ahora su mirada hacia los habitantes de los barrios multiculturales en el corazón de sus propias ciudades con fines “alterizadores “[9] (Shaw, Bagwell, Karmowska, 2004; Rath, op.cit.. 2007)… A imagen de las excursiones ofrecidas por algunos operadores de turismo, cuyos catálogos de destinos están progresivamente provistos de ofertas del tipo “visitar una tienda india en París”[10]… ¿Van.a su vez a ser “consumidos o contemplados en lugar de la Otra parte de las que ellos son [parecen] sustitutos?4.  Revisados a la luz de los regímenes de atención del sociólogo Dominique Boullier, se revela una relación con el mundo que se materializa bajo el modo de proyección, donde “la persona que actúa, ocupa la tierra, focaliza el mundo alrededor de su visión, de su modelo, de sus referentes, haciendo plegar el mundo a su imagen, en una lógica de reproducción de su herencia para colonizar nuevos territorios “(Bose (, 2014: 100). Desde este punto de vista, la experiencia que se desprende de las prácticas ya conocidas de la industria turística, traduce paradójicamente menos el deseo de “ser conmovido por estímulos que centrarse sobre sus propias herramientas de captación del mundo (Boullier, 2012, op.cit.: 53)”.

En cambio, las prácticas aquí comentadas parecen atestiguar dentro del movimiento de moda de exploración urbana una relación mucho más abierta y atenta con el mundo circundante. “Este género de extras, nos interpela, nos despierta” (v1): Si la aparición de la nieve cautiva así la atención de las personas, denota también una forma de vigilancia mantenida hacia los signos de alteridad construidos (-s), por otra parte, como menor (s), o incluso subordinado (s). Previo a una estimulación más intensa de la imaginación y de los sentidos (“no podía dormir, demasiado emocionado de ver la ciudad bajo la nieve” (b2)), esta vigilia nos lleva a pensar en el modo de “inmersión” citado por Dominique Boullier a propósito de  las sociedades tradicionales, cuya particularidad de “vínculos estrechos con las entidades más variadas del cosmos]” (2012 op.cit.. : 47) parece encontrar aquí una forma nueva, al modo de la celebración de “la vuelta de las estaciones, que hace vivir más cerca de la naturaleza” s4). Este interés por lo próximo coincide con lo que parece bien una búsqueda aventurera de la naturaleza en la ciudad por parte de sus propios habitantes. Como se ha visto anteriormente, los ciudadanos se separan en gran parte de las alertas basadas en una evaluación negativa de la “alteridad” natural salvaje para poner en valor por el contrario signos y símbolos asociados de manera positiva al evento. Además, a través de la atención se configura la puesta en valor, como señala Yves Citton: “Presto mi atención a lo que valoro y valora aquello a lo que presto atención” (2014b: 128-129). Si nos volvemos a preguntar por el estado de la naturaleza salvaje, la relectura lúdica, aventurera, juguetona y estética de lo banal, induce según este análisis a la valoración de nuevas relaciones con el espacio, el tiempo y los entornos urbanos, a la valoración de lo que hace ameno y atractivo el ambiente habitual, de una manera inusual. Por lo tanto, se adentra de pleno en el amplio campo de las “disidencias recreativas”, explorado por el sociólogo Florian Lebreton y el geógrafo Philippe Bourdeau (2013), en cuyo seno la atención en su sentido podría ser considerada como catalizadora de prácticas transgresoras, por ejemplo, facilitando la identificación de brechas, de fallas y de otras oportunidades propicias para el despliegue de una relación a la vez lúdica y ficticia con el ambiente físico y simbólico normativo. La clave de lectura proporcionada por los regímenes de atención permitiría tal vez entonces una mejor comprensión de estas formas de serendipia o improvisación recreativa, captando desde el principio su relación con el espacio y las prácticas que desencadenan, que entran en juego en la construcción de la que aquí puede hallarse en ciertos aspectos más próximo de una “heterotopia” (Foucault, 1984).

Así podemos concluir en este apartado con D. Boullier: “nuestros regímenes de atención son ante todo de reconocimiento de índices ya conocidos, pero hay que dar protagonismo a esta pequeña parte del régimen que permite ser atraído no por las aristas  estereotipadas de la alerta sino por el miedo [Nathan, 1994] del encuentro [Oury, 1978]” (2014, op.cit.:108): donde una actitud de vigilia atenta y abierta a lo desconocido y a los caprichos del mundo circundante permitiría encontrar lo extraño, la alteridad, allí donde los caminos de trazados experimentados por la circulación de los mismos símbolos, mitos e imaginario, se encierran sobre la pseudo-certidumbre contenida en y por la proyección de un universo “exótico” canalizado. Funcionando como operador de distanciamiento, incluso de pérdida de familiaridad[11], la capacidad de atención de los individuos parece así poder introducir un sutil juego al principio y en el marco de la experiencia recreativa, dibujando la posibilidad de una “línea de fuga” entre inmersión y proyección (Deleuze, Guattari, 1980) en los caminos trillados por el turismo y sus avatares…

Conclusión

Actuando como un contratiempo en el ritmo cadencioso del sistema urbano, el advenimiento del riesgo meteorológico abordado aquí viene a abrir espacios y tiempos a la creación de imágenes fortuitas y prácticas recreativas de y en la ciudad. Más allá de una simple transposición mimética de comportamientos y de imaginarios turísticos, este fenómeno impensadamente lúdico y estético saca a la luz el potencial de autonomía recreativa de los individuos que parece favorecer una capacidad de atención absorbente. También revela el deseo e incluso la reivindicación de nuevas relaciones tanto con la movilidad, los tiempos, los espacios y las modalidades de la práctica, así como con la alteridad natural, redefiniendo in fine el estatus concedido a la urbanidad cotidiana. Podemos, por supuesto, plantearnos la pregunta de saber si todo esto revela en el fondo una agitación temporal – un poco como en una bola de nieve donde todo volvería a caer, todo retornaría a la normalidad una vez pasado el evento. O bien, por el contrario, si se puede observar lo que sería consecuencia de un efecto de bola de nieve repercutiendo sobre la esfera cotidiana. Por eso, sería interesante centrarse en las huellas del post-evento, incluyendo hábitos o rutinas que podrían encontrarse allí, empujadas o renovadas como resultado de estas interacciones y experiencias inesperadas, cuestionando por otra parte de forma subyacente la capacidad de entretenimiento y recreo de las personas. Para estudiar con más profundidad otras situaciones de este tipo, recurrir a una metodología que combina recorridos y entrevistas o incluso “paseos y ficción” (Bairner, 2006, 2012), parece uno de los caminos más convincentes y beneficioso para investigar.

Puesto que la atención es también asunto del investigador, no se deben perder de vista cuestiones transversales y de actualidad relacionadas con las “estaciones en las ciudades” (Rodríguez, Subremon, 2013), que se refieren al lugar de la naturaleza en la ciudad, sus usos y representaciones, y que el caso de la nieve explorado en estas líneas, viene a volver a interrogar con el mismo rasero el criterio de una habitabilidad lúdica de proximidad.

Ya, por último, desde el after-hours a las escapadas nocturnas, o en las prácticas lentas como caminar, integrándose con la naturaleza en la diversidad de estas manifestaciones estacionales, hay ciertamente muchos caminos por explorar por quién querría tomar parte en una aventura sorprendente y común, la de “ser turista en su propia casa, afuera de los caminos pisados”.

Corpus webgráfico

Direcciones

 

Videos

(v1) http://www.youtube.com/watch?v=LuB2IRq8uiA– consultado el 18/05/2011
(v3) http://www.youtube.com/watch?v=c142a3PjA4o consultado el 18/05/2011

Blogs

(b1) http://ryuta-leblog.com/2010/01/ consultado el 18/05/2011
(b5) http://blog.mattt.org/index.php/2010/01 consultado el 18/05/2011
(b6) http://album-photo.geo.fr/ap/album/29331/  consultado el e 18/05/2011
(b7) http://lesmiens.vefblog.net/14.html consultado el 18/05/2011

Referencias

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Notes

[1]   http:// bienvenuechezvous.regionpaca.fr : Campaña emprendida por la región PACA desde 2014 título retomado por la región Rhône-Alpes en un rúbrica TV similar http://bienvenuechezvous.rhonealpes.tv (consultados 06/05/2015),
[2]   Según la fórmula normalmente empleada en las definiciones oficiales para designar “Aquí“ simbólico
[3] Este es el caso en particular de los comentarios publicados en respuesta a los videos o artículos de prensa o blogs.
[4] Introducción al informe «Nieve en la llanura» de Météo France http://www.meteofrance.fr/prevoir-le-temps/phenomenes-meteo/la-neige-en-plaine  consultado el 16/06/2015
[5] Inaugurada el 29/11/1964 por L. Pradel, el alcalde de la época, la pista se cerró en 1975 por razones de seguridad, antes de la subida mecánica desmantelarse definitivamente en 1991. Desde entonces está prohibido al público fuera de algunas manifestaciones deportivas oficiales… ver: http://lyon.neige.free.fr/pages/la_sarra.HTM et http://www.lyon.fr/lieu/sport/ancienne-piste-de-ski-de-la-sarra.html , consultados el 10/09/2014
[6] Así lo ha recogido el ayuntamiento del distrito 5º en su blog durante los sucesos de enero de 2010.
[7] Ver por ejemplo: (v6) & (v7)
[8] En referencia a una metáfora bien conocida del medio de los deportes de invierno
[9] Y que es sin plantearse la cuestión del estatus dado al extranjero, entre aceptación, “museificación” o postergación.
[10] “Visitar los lugares de inmigración «tamul » de París, entre La Chapelle et la Gare de l’Est” S.Buljat, Baština Voyages
[11] Siguiendo aquí la observación señalada por I. Lefort en el Coloquio: «El turismo fuera de las prácticas habituales», ASTRES, Paris Sorbonne, 21/05/2014

Autor

Romain Bérard, Doctorando en Geografía, UMR PACTE / ARC 7 Rhône-Alpes, Universidad de Grenoble-Alpes

 

 
Traducción Francés > Español
Manuel Antonio Zárate Martín, UNED