El antes y el después del turismo.
Evolución de los lugares y papel de los actores del turismo «fuera de lo común»* . Análisis bibliográfico

Aurélie Condevaux, Géraldine Djament-Tran, Maria Gravari-Barbas




* Síntesis elaborada dentro del marco de la investigación colectiva (CHENEVEZ Alain, COMINELLI Francesca, CONDEVAUX Aurélie, DJAMENT-TRAN Géraldine, FAGNONI Edith, GRAVARI-BARBAS Maria, GUINAND Sandra, HERTZOG Anne, JACQUOT Sébastien, RENARD-DELAUTRE Cécile) sobre « La puesta en turismo de lugares ordinarios y la depreciación de enclaves turísticos: ¿qué implicación de la sociedad civil?», PLAN URBANISMO CONSTRUCCIÓN ARQUITECTURA (PUCA), Francia.

Introducción

La evolución de las prácticas turísticas tiende a poner en cuestión la oposición entre lugares turísticos y lugares no turísticos: algunos lugares turísticos se convierten en lugares ordinarios, mientras que, al contrario, ciertos lugares ordinarios se convierten en lugares turísticos. Así, ciertas estaciones turísticas se transforman en ciudades (Stock, Lucas, 2012) mientras que suburbios populares se afirman como destinos turísticos emergentes (Gravari-Barbas, Fagnoni, 2013).

Estos entrecruzamientos entre ordinario y extraordinario resultan, en ocasiones, provocados por la idea de que el siglo XXI marca la entrada en una era «post-turística». Dicha era estaría caracterizada por una disolución del turismo como campo factor de sociabilidades, de espacialidad y de temporalidad específicas y, por tanto, por una «des-diferenciación» entre turístico y no turístico, ya sea en los lugares o en las prácticas. Las fronteras entre «otra parte» y el «aquí», entre lo «exótico» y lo «cotidiano», se tambalean (Bourdeau, 2012). El turista ya no puede definirse únicamente como «el que realizaba el paso periódico y temporal del espacio-tiempo ordinario del trabajo industrial hacia el espacio-tiempo extra-ordinario del viaje de vacaciones» (Girard, 2013: 45).

Esta disolución del turismo en las prácticas cotidianas representaría, además, un debilitamiento de la distinción entre el «sector turístico» como ámbito mercantil y la sociedad civil. En un momento en que las experiencias se han convertido en la palabra clave del marketing turístico, los profesionales subrayan la necesidad de responder a las demandas de los turistas con una oferta basada en un compromiso total y sincero, que supere las fronteras entre «negocio» y «placer» (Blondeau, 2015). Al contrario, los turistas se convierten en actores de la creación de los productos turísticos, fenómeno del que da cuenta la expresión «prosumption» – contracción de production y consumption  – de A. Toffler (1980) (citado en Gombault, 2011). Con la ayuda del desarrollo de las nuevas tecnologías, las prácticas turísticas consisten a partir de ahora, y con frecuencia, en formas de auto-organización que se apoyan en las redes sociales, las redes de transporte y las redes de alojamiento según modalidades que se escapan al control de los profesionales del turismo, por una parte, y a la reglamentación política, por otra. En opinión de B. Schéou (2013), si existe el «fin del turismo», dicho crepúsculo podría definirse como la puesta en cuestión de las dimensiones mercantiles del turismo a través de estas nuevas prácticas.

El objetivo de este análisis bibliográfico es el de interrogarse acerca de los procesos de hibridación en marcha entre ordinario y turismo, interesándose en la puesta en turismo de lugares ordinarios, por una parte, y en las salidas del turismo, por otra parte. Estas cuestiones son examinadas con respecto al contexto más amplio de la reflexión sobre la noción de «post-turismo», especialmente importante en los Tourism studies a partir de los años 1990. Dos cuestiones actuarán como hilo conductor del presente documento sobre el estado de la cuestión: por un lado, ¿cómo un amplio conjunto de actores que no proceden necesariamente del ámbito político —institucionalizado— ni del «mercado» participa en las dinámicas contemporáneas del turismo? Y por otro lado, ¿cómo caracterizar estas transformaciones: acaso marcan la entrada en una nueva era del turismo (con independencia de cómo se la califique, post- o híper-turística)?

Tras una síntesis de los enfoques del «post-turismo», esta síntesis bibliográfica presenta y analiza el modo en que las investigaciones han permitido reflejar la puesta en turismo de lugares ordinarios, tanto en contextos urbanos como rurales. A continuación examina el papel que desempeñan los actores que no proceden del ámbito del sector o de las políticas turísticas (o no se consideran vinculados a tal ámbito) en estas dinámicas entrecruzadas.

Post-turismo y «salidas del turismo»

La noción de post-turismo fue introducida a partir de 1985 por Feifer, que analiza los «post-turistas» como personas menos dependientes del sector turístico y que atraviesan diversos tipos de experiencias turísticas. Esta expresión, retomada por numerosos autores desde entonces, reviste varias acepciones. Según A. Girard (2013) el «post-turismo» puede entenderse en dos sentidos, que pueden vincularse, cada uno, a los puntos de vista desarrollados en los años 1990 y de manera independiente por dos sociólogos, Jean Viard y John Urry (Girard, 2013: 43), pero que parten ambos de la constancia de una confusión de los puntos de referencia entre lo turístico y lo no turístico, ligada a la des-diferenciación entre el aquí y otra parte.

La primera perspectiva, la de J. Urry (1995), sitúa este fenómeno en una globalidad postmoderna. Este punto de vista supone una ruptura entre modernidad y postmodernidad, no sólo en la difusión de las distinciones sino también en la renovación de los valores que fundamentan las prácticas turísticas. Dicho punto de vista pretende dar cuenta de manera teórica de las transformaciones profundas de la sociedad y de las nuevas maneras de hacer turismo. Esta perspectiva permite así dar cuenta de la crítica global aplicada al turismo: para algunos, este estaría condenado a desaparecer en un mundo en el que la movilidad —por razones tanto ecológicas como económicas— debe ser reconsiderada. También permite dar cuenta de nuevas tendencias en las prácticas turísticas, ya se trate de la búsqueda de «experiencias auténticas» o de nuevas maneras en que se manifiesta esta autenticidad.

La segunda perspectiva, que corresponde a la postura de J. Viard (2000; 2006), describe el proceso de extensión de los valores culturales del turismo hacia distintos campos de lo social. Más en concreto, pretende dar cuenta de lo que sucede tras la puesta en turismo en ciertos lugares altamente «turísticos» cuando estos dejan de atraer únicamente a turistas para seducir también a nuevos residentes, que pueden, por tal motivo, considerarse como «post-turistas». Esta perspectiva permite dar cuenta del «después», de las prolongaciones de la puesta en turismo, de las «espirales post-turísticas», por retomar la expresión A. Girard.

Tendríamos así, por un lado, un enfoque que destaca la reinvención del turismo a través de las prácticas que no respetan las fronteras entre lo ordinario y lo extraordinario, que proponen prácticas o destinos alternativos «que favorecen la heterogeneidad de los nuevos lugares puestos en turismo» (Bourdeau, 2012: 43). Por otro lado, el «post-turismo» reviste un sentido literal; designa un proceso de transición y de reconversión residencial de las estaciones y regiones turísticas (Viard, 2000 y 2006; Violier, 2002; Rieucau, 2000).

Sea cual sea la perspectiva planteada (sentido literal o sentido más «general»), las tendencias contemporáneas en el turismo supondrían el comienzo de una ruptura con «el turismo en sentido estricto, nacido con la Modernidad» (Bourdeau, 2012: 43), que se basa en «una lógica de planificación y de acondicionamiento de espacios específicos altamente polarizados y polarizantes, y cuyos exponentes emblemáticos serían el emplazamiento patrimonial importante (monumento, punto de interés) y la estación turística» (ibíd.: 44). Recordemos en qué medida esta idea de ruptura espacial, y también temporal, se consideraba constitutiva del turismo en el siglo XX. Así, N. Graburn (1989) veía en el turismo, dentro de las sociedades modernas secularizadas, un modo de marcar la oposición entre lo sagrado y lo profano o, dicho de otra forma, una práctica equivalente a la de los rituales que, en las sociedades más «tradicionales», operaba una inversión del curso normal de la vida social. Este  «turismo en sentido estricto» está, además, marcado por una pronunciada intervención política y socioeconómica (Bourdeau, 2012).

Entre los elementos que marcarían más claramente la ruptura con este modelo turístico y la entrada en el post-turismo figura la des-diferenciación de las prácticas. Esta hipótesis, formulada mayormente por J. Urry (1995), se impone ante las nuevas prácticas de movilidad de difícil clasificación entre el registro del turismo o del ocio: la duración muy corta de la estancia, la pernoctación única (o la ausencia de pernoctación), la ausencia de un diferencial de alteridad, plantean intensos interrogantes sobre el carácter turístico o no de la práctica (Equipo Mit, 2011: 201). La ruptura entre el espacio-tiempo de lo cotidiano y el de las vacaciones se ve aquí cuestionado. El hecho constatado de la des-diferenciación se impone igualmente ante prácticas que pasan de lo cotidiano a lo extra-cotidiano: por ejemplo, «hobbies» o pasatiempos pueden convertirse en el motivo central de una estancia turística —en el marco de unas prácticas de golf o de tango, por ejemplo—, o a la inversa, prácticas recreativas asociadas a destinos turísticos pueden acceder al espacio cotidiano (muro de escalada en su propia vivienda) (Equipo Mit, 2011). Esta des-diferenciación o disolución del turismo en las prácticas ordinarias o viceversa supondría también, como se indicaba en la introducción, un debilitamiento de la distinción entre «anfitriones» y «visitantes» (Cohen y Cohen, 2012: 2182). Por último, afecta también a los lugares en sí: las antiguas «estaciones turísticas» se convierten en espacios de múltiples usos, entre los cuales el turismo no es sino uno más entre ellos (cf. parte III). En resumen, estaríamos ante una «infiltración» de lo cotidiano por parte del turismo, que se convierte en «un modo ordinario de organización espacial de las realidades sociales que no sólo se manifiesta en espacios y prácticas específicas, sino que también, y sobre todo, pasa a estar presente en el núcleo de situaciones que aparentemente no son turísticas» (Lussault, 2007: 199).

La perspectiva post-turística insiste, asimismo, en las transformaciones del comportamiento de los propios turistas. Poon (1993 y 1994) utiliza la expresión de «nuevos turistas», que describe como más experimentados y educados. Estos se distinguirían por su preferencia por el «juego y la transgresión lúdica, ironizando con el artificio, la inautenticidad, el pastiche, la provocación e incluso el cinismo, sustentándose en el “¿por qué no?”» (Bourdeau, 2012: 44). «En este turismo irónico, el principal factor de atracción ya no sería de orden geográfico, paisajístico o patrimonial, sino que se centraría en la sensación y la experiencia ofrecidas por los eventos, los espectáculos, las fiestas o por experimentaciones recreativas desenfrenadas e híbridas, en las que el marketing de la novedad y la animación desempañarían un papel central» (ibíd.). Esta dimensión central concedida al juego se acompaña de una aceptación del carácter ficticio de los productos turísticos. Así, el «’el post-turista’, en lugar de interesarse por el origen de las atracciones estimadas auténticas, prefiere dejarse llevar, de manera irónica y juguetona, por atracciones inauténticas» (Cohen, 2008 citado en Gravari-Barbas y Delaplace, 2015).

En paralelo, y ello contradice parcialmente las presentes observaciones, ciertos autores insisten en el hecho de que los  «nuevos turistas» estarían más que nunca en busca de experiencias «auténticas», pero también de una oferta individualizada, a medida (Equipo Mit, 2011). Buscan una experiencia «fuera de lo común», les atrae lo banal, lo cotidiano, lo familiar (Gravari-Barbas y Delaplace, 2015). Más que una evolución unidireccional, estaríamos por tanto ante una pluralidad de comportamientos, que ciertos autores han reflejado mediante tipologías más detalladas. Así, G. Hughes habla de «turistas posindustriales» con respecto a los turistas preocupados por controlar el impacto de sus prácticas y por comportarse de manera ética en su relación con las poblaciones locales (lo cual corresponde, asimismo, al transturismo definido por Bourdeau [2012: 44]), y de «turistas postmodernos» con respecto a los turistas que pueden disfrutar de un espectáculo «sobreactuado» siendo conscientes de su inautenticidad (Hughes, 1995 citado en Moscardo y Pearce, 1999).

Por último, en lugar de contraponer por completo estas categorías de turistas con el argumento de que se caracterizan por actitudes y valores distintos, ciertos autores destacan la multiplicidad de las expectativas y deseos de los turistas contemporáneos como un rasgo de los mismos (Gombault2011: 19). Esta hipótesis es la del híper-turismo, retomada por varios autores que constatan igualmente que las nuevas prácticas turísticas (turismo alternativo, turismo «fuera de lo común», etc.) no sustituyen la afluencia a emplazamientos importantes (Gravari-Barbas y Delaplace, 2015) o que los turistas interesados en formas «alternativas» de turismo pueden continuar alimentando de forma simultánea un turismo de balneario o vacacional que está lejos de decaer (Berriane y Nakhli, 2011). Así, la tesis del «híper-turismo» permite dar cuenta de esta acumulación y diversificación de prácticas, con turistas que pasan indistintamente del turismo balneario al turismo alternativo o patrimonial, así como de la generalización y de la transversalidad de los fenómenos turísticos contemporáneos (Gravari-Barbas y Delaplace, 2015).

A pesar de las críticas recibidas por la tesis del post-turismo (Girard, 2013), su enfoque tiene el mérito de señalar la renovación de los valores que fundamentan las prácticas turísticas. La puesta en cuestión de ciertas dimensiones del turismo invita a un redescubrimiento de lo «cercano» y/o a una búsqueda de maneras alternativas de hacer turismo. Por ejemplo, es en parte como una crítica del turismo de masa que resurge la cuestión del turismo rural, como un turismo más sostenible. Por otra parte, la hipótesis de una salida del turismo conduce a interrogarse sobre la reconversión de los lugares turísticos (¿qué sucede después del turismo?). La puesta en turismo de los lugares ordinarios, junto con la depreciación de los lugares turísticos, pueden, por tanto, ser analizadas como los efectos —localizados o globalizados— de un cuestionamiento de las prácticas turísticas. Estos enfoques permiten clarificar los mecanismos de puesta en turismo de lo «ordinario», de «salida del turismo», y de «hibridación», y sobre todo, permiten pensar estos procesos de forma conjunta.

La puesta en turismo de los «lugares ordinarios»

La cuestión de lo ordinario en el turismo debe resituarse dentro de la sensibilidad reciente de las ciencias humanas y sociales hacia la temática de lo ordinario (Marie, Dujardin, Balme, 2002) y/o de lo cotidiano. Desde finales de los años 1980, la antropo-sociología poética de Pierre Sansot aboga «por una estética de los paisajes ordinarios» (Sansot, 1989). Desde la segunda mitad de los años 1990, la geografía, en especial la geografía social, se interroga acerca de los «territorios de lo cotidiano» (di Meo, 1996) y acerca de los «espacios ordinarios» (Berger, Pousin, 2008), en la línea de los trabajos de H. Lefebvre (1947) y de M. de Certeau (1990) o de los escritos de Georges Perec (1989) sobre lo infra-ordinario. En la misma época, los estudios urbanos conocen una evolución similar, marcada por un militantismo en favor del estudio del «curso ordinario de las cosas en la organización de la ciudad» (Farge, 1994), del entramado urbano ordinario, a la inversa de la focalización historiográfica en los proyectos extraordinarios (Clémençon, 1999; Montel, Backouche, 2007). Se trata de estudiar la metrópolis no tanto como «ciudad de excepción» sino en su funcionamiento ordinario (Halbert, 2010), así como las ciudades ordinarias, rompiendo con las dicotomías ciudades globales/otras ciudades y ciudades del Norte/ciudades del Sur (Robinson, 2006). En el ámbito de los estudios patrimoniales, en los que se ha podido denunciar una «clasificación de clase» (Aguilar, 1982) en la valoración de lo extraordinario, las nociones de pequeño patrimonio, patrimonio de lo cotidiano (Geppert y Lorenzi, 2013), de patrimonio y de patrimonialización ordinarios (Isnart, 2012; Letissier, 2014) se difunden bajo la influencia de la etnología (Bromberger, 1999; Dassié, 2012) y de la nueva museología (Rivière, 1989), mientras que la atención se dirige hacia las prácticas ordinarias del patrimonio monumental (Watremez, 2008). Un cuestionamiento similar afecta a los tourism studies.

La puesta en cuestión de las prácticas turísticas lleva, en especial, a recentrarse en los espacios próximos o, en ocasiones, incluso en formas de renuncia al turismo, al menos en algunas de sus manifestaciones (la utilización del avión, el viaje «lejos»). ¿La puesta en turismo de los lugares «ordinarios» es el futuro del turismo? ¿De qué manera forman parte estas transformaciones de una reconfiguración del sistema turístico y responden a una implicación más amplia de la sociedad civil? Pero, en primer lugar, ¿qué papel puede corresponder a estos lugares «ordinarios» dentro del turismo?

En contraste con los lugares turísticos prestigiosos, «sagrados», los lugares ordinarios se plantean como «núcleos de población pequeños o medianos y espacios periurbanos sin tradición de acogida [que] buscan (…) en el turismo una nueva vía de desarrollo o de recalificación económica y territorial.» (Bourdeau, 2012: 39). Estos «lugares ordinarios» corresponden, por ejemplo, a zonas rurales no de montaña, no litorales, al margen de las atracciones turísticas insulares. Pierre Vitte los describe como «territorios no turísticos, puesto que no se reconocen ni identifican como tales, que escapan a las normas estructurales y funcionales de los lugares denominados turísticos.» (1988: 69). El término de «lugar ordinario» se convierte en sinónimo de «lugar no turístico» en la medida en que no está marcado por un elemento notorio que lo haga atractivo. Así, lo «ordinario» se define en negativo o por oposición a los «espacios turísticos híper-especializados, es decir, los espacios donde el índice de funciones turísticas domina respecto a las demás actividades» (Fagnoni, 2004: 51).

En este sentido, cualquier lugar sería «ordinario» antes de ser descubierto por los turistas. Este mecanismo de invención de los lugares turísticos es puesto de relieve por R. Knafou (1991 principalmente), quien lo define como «una utilización nueva de un lugar existente que conduce a la vez a subvertirlo y a agrandarlo» (ibíd.: 11), es decir, a desviarlo de su utilización habitual y a incorporar el lugar en cuestión a nuevos territorios a los que no estaba vinculado a través de los usos anteriores (por ejemplo, la playa a los pueblos costeros o la alta montaña a los pueblos alpinos). Se prefiere el término de invención al de «descubrimiento», que denota la exploración de un lugar desconocido, mientras que el término de «invención» insiste en un cambio en la manera de ver  (ibíd.).

La expresión «turismo de lo ordinario», poco frecuente, es empleada por los Promenades urbaines [Paseos urbanos] (Aguas, Gouyette, 2011), asociación creada en 2007 a partir de un programa de caminatas urbanas experimentado desde 2001 y orientado a «todos los públicos», ya sean «caminantes perspicaces», «residentes informados» o «turistas ilustrados»[2]. Más allá de la «invención turística», la expresión «turismo de lo ordinario» remite también a formas innovadoras de turismo. Las categorizaciones utilizadas por la literatura en la materia para dar cuenta de estas nuevas formas de turismo son: el turismo fuera de lo común (Maitland, Newmann, 2004); el turismo alternativo (Breton, 2009; Butler, 1990, 1992; Cohen, 1987; Stephen, 2004); el turismo experimental (Urbain, 2002); el turismo intersticial (ibíd.), que añade al carácter innovador del precedente una dimensión transgresiva; el slow tourism (Fullagar y Markwell, 2012); el turismo participativo o colaborativo (Coquin, 2008; Ferrary, 2015); el turismo creativo (Gombault, 2011)…

La puesta en turismo de los lugares ordinarios puede derivarse de al menos tres grandes lógicas: una lógica de difusión de lugares «extraordinarios» hacia lugares ordinarios próximos; una lógica de invención de un lugar turístico, a partir de un lugar ordinario o incluso mediante el consumo de su carácter ordinario; una lógica de erradicación del estigma.

La difusión y sus límites

La difusión de la puesta en turismo desde lugares centrales hacia lugares periféricos aparece en particular en el turismo de suburbios. El caso de los suburbios parisinos es ejemplo de ello, un lugar históricamente poco turístico respecto al Central Tourist District (Duhamel, Knafou, 2007).

Ciertos barrios, sobre todo antiguos barrios populares y/o de inmigración pericentrales en fase de gentrificación se convierten progresivamente en destinos turísticos. Ciertas metrópolis turísticas son paradigmáticas de estas evoluciones: París, Londres, Nueva York y Berlín. En Berlín, J. Novy y S. Huning (2008) identificaron la aparición de nuevas zonas turísticas en los antiguos barrios obreros de Kreutzberg (antiguo barrio de inmigración situado al sur del centro histórico) y Prenzlauer Berg, barrios de ambiente «creativo» gentrificados en los años 1990. En su tesis, Johannes Novy (2011) compara el barrio berlinés de Kreutzberg y el neoyorquino de Harlem, mostrando cómo el turismo contribuye a la revalorización de espacios urbanos históricamente marginales.

En Londres, Robert Maitland estudia la emergencia de un turismo fuera de lo común, en especial a partir de los casos Islington, de Bankside y de Spitalfields, barrios pericentrales posindustriales gentrificados donde se concentra ahora la actividad «creativa». Pone de relieve la emergencia de una búsqueda de experiencias «creativas» de la vida cotidiana y las sinergias entre turistas y residentes que pertenecen en su totalidad a la clase cosmopolita consumidora (Maitland, 2010a). Considera el turismo como parte implicada en un continuum de movilidades e integrado en la vida cotidiana (ibíd.). Muestra que la visión turística vuelve a dar encanto a la ciudad y que lo cotidiano no es solo ordinario, sino que abarca lo extraordinario en lo ordinario para el visitante que esté dispuesto a observar (Maitland, 2013).

En la metrópolis parisina, la literatura en la materia identifica asimismo varias tentativas de ampliación del área de afluencia turística más allá de las fronteras del París intra-muros, para responder a una competencia mundializada en aumento, y que fueron formalizadas en 2015 a través del contrato de destino «Paris ville augmentée [París, ciudad aumentada]». Los actores turísticos de la periferia metropolitana abogan de modo precoz Por un turismo participativo en Île-de-France. Fomentar el acercamiento entre visitantes y habitantes de la región, por retomar el título de un estudio para el Instituto de acondicionamiento y urbanismo de la región Île-de-France (IAURIF) realizado por Hélène Sallet-Lavorel desde 2003.

El caso francés presenta una especificidad, en cuanto a que el desarrollo de un turismo «fuera de lo común» contrasta con los esfuerzos hechos desde los años 1990 y sobre todo 2000 en la promoción de un turismo y de un patrimonio suburbano (Jacquot, Fagnoni, Gravari-Barbas, 2013). Si bien la trayectoria del lugar turístico en los suburbios (conservando funciones turísticas), ilustrada por Enghien, es objeto de un trabajo detallado (equipo MIT 2005), hoy en día puede identificarse la trayectoria inversa, de suburbio a lugar turístico.

La invención turística de lugares ordinarios en las metrópolis también está vinculada a la valoración turística de la inmigración. Así, el proyecto Migrantour, proyecto europeo de origen italiano para la promoción desde diciembre de 2013 a julio de 2015 de la diversidad cultural de nueve metrópolis (Turín, Roma, Florencia, Milán, Génova, Valencia, Lisboa, Marsella y París), proponía paseos urbanos en los barrios multiculturales guiados por acompañantes interculturales denominados «transmisores de cultura».

Asistimos a las mismas lógicas de difusión en el caso de «espacios apartados del medio rural», como el de Essaouira y sus inmediaciones en Marruecos (Berriane y Nakhli, 2011). Estos «márgenes» «se ven favorecidos por la proximidad de estaciones turísticas redistribuidoras de flujo». Dichos lugares se definen en mayor medida, por tanto, por su carácter marginal o periférico con respecto a los centros de atracción turística que por su carácter «ordinario». Cabe señalar, por otra parte, que no todos los lugares periféricos parecen verse favorecidos por una difusión de las prácticas turísticas.

En efecto, los «desbordamientos» o difusiones del turismo a partir de los lugares «extraordinarios» hacia los lugares ordinarios próximos no son en absoluto automáticos. X. Bernier (2013), a partir del estudio de lo que denomina «márgenes patrimoniales» y «periferias turísticas» de las Rutas turísticas e Itinerarios culturales, observa que son posibles varias configuraciones en la relación entre estas rutas y sus periferias. Mientras que ciertas rutas tienden a actuar como verdaderos «túneles», otros casos muestran desbordamientos laterales o acumulaciones lineales. Parece que el carácter demasiado «ordinario» o «banal» de los lugares periféricos no baste para explicar una falta de difusión. De hecho, pueden existir «efectos de sombra», incluso donde los márgenes presenten un potencial interés turístico.

La invención de un lugar turístico a partir de un lugar ordinario

La puesta en turismo de lugares rurales obedece a menudo a lógicas distintas debido a su desconexión de los «emplazamientos importantes» metropolitanos de carácter turístico. El análisis de la literatura sobre el turismo rural revela que este afecta a lugares que encajan de manera bastante sistemática en la apelación de «ordinario». La definición del turismo rural se encuentra, además, con el mismo problema que la de los lugares ordinarios: tiende a producirse «de manera indirecta», por oposición a referentes positivos. Así, según ciertas definiciones, el «rural» es lo que no corresponde ni al turismo de montaña, ni al turismo costero (Sceau y Plancoulaine, 1988). La literatura en la materia describe estos espacios como «frágiles» o fragilizados (por el éxodo rural, sobre todo).

La puesta en turismo de lugares rurales ordinarios se percibe a menudo como un medio de «redinamizar» la economía local. Sin embargo, el análisis de las políticas elaboradas para la puesta en turismo de estos espacios demuestra que se queda a menudo lejos del objetivo previsto y conduce a conclusiones pesimistas sobre «el fracaso turístico del mundo rural en el sistema actual, que resulta ser en menor medida una periferia dominada que un margen olvidado» (Vitte, 1998: 71).

Estos destinos tienen dificultades en especial para lograr que se reconozca su «identidad específica» y son víctimas de una imagen demasiado vaga, incluso negativa, asociada a la idea de pobreza de un medio rural «profundo» (ibíd.). Las modalidades en que la acción política se pone en práctica refuerzan las dificultades de la valorización de esta imagen: los «países» se imponen como escala del desarrollo turístico, aunque a menudo su «sentido turístico» y su «identidad» no resultan en absoluto evidentes. A pesar de estudios en ocasiones onerosos para intentar impulsar la emergencia de un denominador común y de una imagen que pueda ser promovida en el mercado turístico, a menudo los turistas no logran aprehender estos territorios, su originalidad, su atractivo (Vitte, 1998).

Ciertas investigaciones demuestran que, para que «funcione» la puesta en turismo de lugares ordinarios rurales, resulta un elemento esencial su puesta en red. Así lo confirman tanto estudios europeos como no europeos. En este sentido, P. Vitte (1988, 1998) subraya que la afluencia a alojamientos en medio rural depende muy a menudo de la pertenencia a una etiqueta, a una marca: por ejemplo Relais y Châteaux (la mayoría se hallan en medio rural), Logis de France, Relais du silence o bien Hôtels de charme.

En contextos extra-occidentales se impone la misma conclusión. Como subrayan Briedenhann y Wickens (2004) en su estudio sobre la puesta en turismo de zonas rurales en Sudáfrica, los empresarios turísticos del medio rural se caracterizan por su reducida dimensión, y por ello tienen una escasa capacidad de inversión en marketing y en promoción turística. El trabajo en red se revela entonces como una necesidad para quien pretenda «llevarse el gato al agua» (ibíd.: 76). Los autores señalan la capacidad de las «rutas turísticas» organizadas alrededor de un tema (por ejemplo, la preservación del rinoceronte), que unen entre sí varias zonas rurales, a veces entre diversos países, para crear empleo y ofrecer una visibilidad turística real. Una de las principales herramientas del éxito de las empresas turísticas en medio rural sería, así pues, como lo resume una entrevistada, «to (…) form part of a nodal development with a main attraction as the tourist drawcard» (Briedenhann y Wickens, 2004: 78). Por lo tanto, finalmente regresamos a la cuestión de la difusión: para valorizar territorios «ordinarios» o «marginales», resulta esencial operar una conexión con zonas atractivas.

También pueden implantarse otros dispositivos para dotar de atractivo a estos lugares, como la artialización, movilizada tanto en el contexto rural (lago de Vassivière en el Lemosín [Limousin], y su centro de arte contemporáneo) como en el urbano. Este proceso se apoya con frecuencia en formas artísticas inicialmente alternativas, que pueden experimentar luego formas de institucionalización. Así, se desarrollan visitas en torno al street art en las metrópolis neoyorquina, parisina (en especial en el distrito 13, bajo los auspicios de la administración municipal, que ha creado varios recorridos street art, y en Vitry sur Seine, bajo los auspicios de la asociación Vitry’n urbaine [Escaparate urbano]) o berlinesa. Los actores de esta invención turística metropolitana son actores públicos o asociaciones, pero también empresas.  Así pues, en París, la start up Architrip propone a los habitantes de la región Île-de-France, a los profesionales, así como a los turistas, visitas guiadas originales con el fin de «conocer mejor las destacadas muestras de arquitectura construidas en París y en  Île-de-France durante los últimos dos siglos, así como las especificidades del desarrollo urbano parisino».

La erradicación del estigma

La invención turística solo puede adquirir efecto si se hace frente a los estigmas asociados a estos lugares, ya sean urbanos o rurales; y no únicamente hacerles frente, sino invertirlos y sustituirlos por un valor positivo. La afluencia turística a lugares social y moralmente desvalorizados tiene su origen, ambiguo, en el slumming, «práctica turística nacida a finales del siglo XIX que consistía en que los habitantes ricos de Londres o de Nueva York acudiesen a visitar los barrios de su ciudad habitados por las clases más pobres, por las minorías étnicas o sexuales, para escandalizarse y disfrutar del espectáculo de su alteridad y de sus desviaciones, que confortaban naturalmente a los visitantes en el sentimiento de su propia identidad y en el valor de sus propias normas (Heap 2009, Koven 2004)» (Staszak, 2015).

Hoy en día, la afluencia turística a lugares desvalorizados a menudo se debe, al contrario, a un procedimiento militante de inversión del estigma. Numerosas ciudades han pasado de un estatus de ciudades portuarias y/o industriales poco atractivas o incluso de reputación altamente negativa —ligada a una imagen de inseguridad, de suciedad y de fealdad (Marsella, Lodz o Belfast)— al estatus de destino turístico en boga. «Su emergencia turística no se produce únicamente por la superación de esta herencia difícil o dolorosa, sino por la puesta en relieve e incluso la puesta en valor de sus hándicaps» (Gravari-Barbas y Delaplace, 2015). Uno de los casos más reveladores de este tipo de dinámica es de las ciudades reunidas en el hermanamiento de «Cities on the Edge» («ciudades al margen»), iniciado por Liverpool en 2008, organizando una red de entreayuda entre las «ciudades más detestadas en sus propios países»[3]. Estas ciudades «horribles, sucias e inseguras» (Thomazeau, 2009 citado en Gravari-Barbas y Delaplace, 2015), Marsella, Liverpool, Bremen, Nápoles y Gdansk, «han hecho de su ‘mala’ reputación un nexo de unión y un medio de afirmar una identidad y dotarse de visibilidad (Gravari-Barbas, 2013)» (Gravari-Barbas y Delaplace, 2015). Un caso emblemático de puesta en turismo mediante la inversión de un imaginario territorial negativo también nos lo ofrece la ciudad posindustrial belga de Charleroi, «ciudad más fea del mundo» según un periódico neerlandés (2008). Como reacción, un artista local lanzó el urban safary tour, organizado por la asociación Charleroi Adventure, que ironiza con los clichés.

La puesta en turismo de lugares urbanos «ordinarios» en Francia, en particular en los suburbios, obedece también a la erradicación del estigma, objetivo igualmente, en este caso, de la acción política. Los esfuerzos de promoción de un turismo y de un patrimonio suburbano referidos anteriormente (Jacquot, Fagnoni, Gravari-Barbas, 2013) actúan en favor de una nueva visión sobre los suburbios, contraria a un imaginario territorial despreciativo (de Clapiers, 2004). Así, Saint-Denis realiza, en un contexto posindustrial, una activa política turística desde principios de los años 1990, prolongada por el esquema turístico de la intermunicipalidad Plaine Commune desde 2003 (Kouloumbri, 2004) y que dinamiza una cierta alternativa metropolitana (Cousin, Djament-Tran, Gravari-Barbas, Jacquot, 2016), y Seine Saint Denis lo hace desde finales de los años 1990. El CDT 93 organiza en concreto visitas tituladas «Douce banlieue [Dulce suburbio]» que están conociendo el éxito. Proponen conocer un patrimonio «sorprendente, a veces insólito, a menudo poco conocido» y «encontrar a la gente de aquí, que habita y trabaja en Seine-Saint-Denis».

En la misma lógica de trabajo sobre el imaginario territorial y de inversión del estigma de barrios populares desfavorecidos, aunque situados administrativamente en la ciudad de Marsella, los barrios del norte de Marsella son objeto de una puesta en valor patrimonial y turístico experimental, realizada por la cooperativa Hôtel du Nord (Jolé, 2012; Breton, 2015; Hascoët, tesis en realización), que construye una red internacional: «H2H, de humano a humano, de hospedador a huésped, de historia a historia«. El origen de esta valorización reside en una Misión experimental europea de patrimonio integrado creada en 1995. Esta experiencia, cuyos actores pertenecen al ámbito patrimonial pero no reivindican una acción turística, es identificada por M. Jolé (art. cit.) como correspondiente al turismo alternativo (es decir, alternativo al turismo de masa).

La erradicación del estigma no procede necesariamente de una voluntad política o asociativa. La valorización de espacios rurales, por ejemplo, resulta de un proceso largo de inversión de los valores y del imaginario que se asocia a tales espacios:  «el espacio rural, la tierra y el campo, representan hoy en día un lugar soñado, imaginado, elegido, tras haber sido durante mucho tiempo repelido, rechazado o denigrado» (Bessière, 2012: 27). Este fenómeno se hace eco del incremento de las preocupaciones ecológicas y de la insatisfacción generada por la vida urbana: por oposición a la ciudad, el campo se percibe como un lugar de revitalización purificadora, donde pueden vivirse relaciones de cordialidad y auténticas (ibíd.)

Las salidas del turismo. ¿(Re)convertirse en lugar ordinario?

La cuestión de un eventual «después» del turismo puede abordarse en un sentido más concreto que el del post-turismo: por ejemplo, a través del estudio de lugares que eran turísticos y cuyas infraestructuras son cada vez más utilizadas por no turistas, mientras que los propios turistas tienden a convertirse en residentes. En este sentido, se trata más de un auge del turismo que de una nueva era del turismo. Este enfoque no supone el paso de la modernidad a la postmodernidad, pero permite aprehender los fenómenos generados a largo plazo por el turismo en un territorio, lo que A. Girard denomina la «espiral turística».

La cuestión de las «salidas de ruta», de la «salida del turismo» (Equipo Mit, 2011: 233), está poco documentada. La conclusión alcanzada hace unos veinte años, según la cual «queda por hacer el estudio de los lugares que fueron turísticos pero que hoy ya no lo son» (Knafou, 1996), sigue estando parcialmente de actualidad. En efecto, es la permanencia de los lugares turísticos, su capacidad a reproducirse a pesar de cambios sociales importantes, lo que sorprende a priori. A pesar de la sucesión, a lo largo de los últimos 200 años, de lo que se puede considerar cuatro «sistemas turísticos», un gran número de lugares se han mantenido en su uso turístico. Esta capacidad de reproducción puede explicarse por diversos factores. El primero es la reproducción de los valores espaciales asociados a la afluencia turística: lo que se consideraba «bonito» entre 1700 y 1800 sigue siéndolo hoy en día (Equipo Mit, 2011: 215).  El equipo MIT habla, en este sentido, de «valor paisajístico persistente» (ibíd.: 216). Por otra parte, aunque las prácticas turísticas conocen cambios bastante consecuentes, un mismo emplazamiento puede presentar prácticas distintas a lo largo del tiempo (baños en el mar en aguas frías y baños en aguas templadas en verano) (ibíd.: 214). Otro factor de persistencia de los lugares turísticos se halla vinculado a la reproducción social de las condiciones en las que se practica el turismo. El turismo pasa por mecanismos de aprendizaje y de educación y por la transmisión de los valores turísticos del espacio de una generación a otra (ibíd.: 212), pero también de una clase a otra e incluso de una sociedad a otra. Por ejemplo, la imagen de París como ciudad romántica ha atraído primero a los visitantes europeos, en especial ingleses y alemanes, luego norteamericanos y hoy en día chinos. Por último, la reproducción se alimenta mediante un proceso de complejificación, a través del cual los destinos se diversifican: los lugares turísticos ya no se dedican únicamente a la acogida de los turistas sino de una población cada vez más amplia (ibíd.: 221).

¿Cómo explicar, en estas condiciones en las que todo parece favorable a la reproducción del uso turístico de los lugares, las «salidas de ruta», los procesos mediante los cuales, a pesar de todo, ciertos destinos parecen llegar al máximo de su capacidad de acogida y experimentan un declive? En el ámbito francófono, los trabajos dejan constancia de una tipología de trayectorias turísticas que obedecen a tres esquemas (Clivaz, Nahrath, Stock, 2011; Darbellay, Clivaz, Nahrath, Stock, 2011): la continuación o invención turística permanente; la metamorfosis o diversificación de las funciones; el deterioro, caracterizado por el declive e incluso la desaparición de la función turística sin alternativa, generando así eriales turísticos que, aunque escasos, sí están documentados (Rostock, Zadnicek, 1992; Löfgren, 1999; Bachimon, 2013).

La renovación permanente

Para sobrevivir, un destino turístico debe poder transformarse y así responder, sobre todo, a las nuevas demandas de los turistas. Esto era lo que destacaba en particular el modelo TALC (Tourism Area Life Cycle), propuesto por el economista Butler en 1980 (Butler, 1980; 2011). En un principio, este modelo fue desarrollado en los años 1970/80 para el análisis del ciclo de vida de las estaciones turísticas. Se basa en el postulado de que las estaciones son un producto económico como los demás: responden a una demanda dentro del mercado turístico y se enfrentan a transformaciones de dicha demanda. Los resorts deben transformarse para adaptarse. El modelo, que preveía por tanto un esquema evolutivo estándar para los resorts (Butler, 2011), ha sido objeto de numerosas ampliaciones y aplicaciones, pero también de discusiones y críticas, que subrayan en concreto que no era empíricamente verificable, o que era incluso inútil, o bien que al ser los productos cosas vivas, resultaba difícil definir un modelo aplicable a todos (Butler, 2011: 11). Ciertos autores también han propuesto añadir etapas suplementarias. Más allá de estas críticas, los casos de estudio confirman la hipótesis formulada en el modelo de Butler según la cual «mantener su rango» turístico implica realizar inversiones importantes.

Esta renovación de los destinos puede pasar por fases de crisis, como la que conoció Mallorca a finales de los años 1980. Ante un descenso significativo de la afluencia, las autoridades respondieron de inmediato con una legislación que respondía a la demanda creciente de los turistas respecto a prácticas responsables. Así pues, en ruptura con la política cuantitativa se implantó una política de desarrollo más cualitativa, preocupada por la valorización y la preservación del entorno natural. Aunque probablemente no fuese esta rápida respuesta a la crisis lo que atrajo de nuevo a los turistas, sino más bien la coyuntura política europea, las iniciativas por la renovación de las políticas turísticas locales fueron, no obstante, elogiadas a nivel internacional (Equipo Mit, 2011: 227-228).

Los casos de diversificación de usos y funciones

Los enfoques prospectivos sobre los efectos del cambio climático en el turismo anuncian en ocasiones el final cercano de los deportes de invierno, siendo una cuestión recurrente, de hecho, el futuro de las estaciones de montaña «después del turismo» (Bourdeau, 2009; Savelli, 2012). No obstante, de momento, las evoluciones registradas no confirman una «salida del turismo». Asistimos, más bien, a procesos de diversificación de usos, ligados en particular a fenómenos de urbanización y de desarrollo de las residencias principales. Estos términos de «diversificación» (Violier, 2002), de complejificación o «sociedad compleja» (Rieucau, 2000; Equipo Mit, 2011) son utilizados más a menudo que el de hibridación para reflejar los procesos a través de los cuales las estaciones turísticas —a menudo creadas ex-nihilo— se abren a nuevos usos. Si bien estos cambios se observan a menudo, las evoluciones no siguen un esquema tipo en todas partes y responden a influencias alógenas y endógenas particulares.

También se han documentado algunos casos de diversificación de las estaciones litorales. A partir de un enfoque histórico de las transformaciones espaciales de la Baule, P. Violier (2002) muestra, por ejemplo, cómo se pasa de un lugar turístico —construido ex-nihilo— a un lugar múltiple (que pasa a ser objeto de un uso turístico, residencial y de ocio). Esta evolución está marcada por una disminución en el alojamiento comercial y un aumento de la población residencial, en gran parte personas de edad avanzada. Dicha renovación de los usos del lugar no se produce para eliminar los usos turísticos anteriores, que tienen un efecto determinante en la instalación de estas nuevas poblaciones. Los nuevos residentes no cuestionan la estructura espacial producida por el turismo: se instalan en zonas de residencia secundaria. Es más, a menudo es a través del turismo que los nuevos residentes han descubierto los lugares. En este sentido, tal evolución hacia una especie de ciudad doble, permanente y estacional, se observa en el caso de la Grande Motte, convertida en una «ciudad-estación» con actividades permanentes (Rieucau, art. cit.). Aquí, al contrario, el desarrollo de la ciudad permanente ha estado acompañado de una «desintegración del modelo espacial inicial» (ibíd.: 644). Sin embargo, también en este caso se conserva un legado de la estructura anterior de la estación turística.

Por oposición a los lugares turísticos enclavados, «en gran medida controlados», estos lugares pueden calificarse de «heterogéneos», como propone, en especial, R. Maitland. Un espacio turístico heterogéneo es «‘difícil de clasificar’, con fronteras borrosas; es un espacio polivalente en el que se halla un amplio espectro de actividades y de poblaciones. Las instalaciones turísticas coexisten con las empresas, las instituciones públicas y privadas, las viviendas; los turistas se mezclan con la población local y con los captadores de clientes […] Los espacios turísticos heterogéneos son escenas en las que las identidades transicionales se desempeñan al lado de las prácticas cotidianas de los residentes, de los transeúntes y de los trabajadores» (Edensor, 2001: 64, traducido [al francés] por Gravari-Barbas y Delaplace, 2015).

Las salidas del turismo

 La paralización de la función turística de un lugar puede estar originada en efectos exógenos al sistema turístico: conflictos geopolíticos, cierre de fronteras o problemas de accesibilidad.  A escala global, el terrorismo y las catástrofes naturales climáticas son presentados por  E. Cohen y S. Cohen (2012) como parte integrante de los principales condicionantes que afectan hoy en día a la elección de destino, o que suponen incluso una amenaza directa para la supervivencia de alguno de ellos.  Así, los tsunamis de 2004 en el océano Índico o de 2011 en Japón, así como el huracán Katrina, han tenido un efecto a largo plazo en destinos turísticos cotizados. En este sentido, el caso del tsunami de 2004 ha sido particularmente documentado (Coate, Handmer y Choong, 2006; Calgaro y Llyod, 2008; Robinson y Jarvie, 2008; Smith y Henderson, 2008; Ghaderi y Henderson, 2013).

En ciertos casos, el coste de la reconstrucción prevalece por encima de su interés para los promotores, lo cual conduce a un simple y total abandono de los lugares, como en las Antillas tras el paso de los ciclones Luis (1995) y Lenny (1999) (Magnan, 2008, citado en MIT, 2011). En la mayoría de los casos, se observa un descenso importante de la afluencia —que se traduce en una mayor presión de los T.O. [turoperadores] para provocar la bajada de precios (Henderson, 2005) — y una disminución simultánea de la oferta turística, debida a las destrucciones masivas.

En otros casos, a la inversa, la reconstrucción es rápida y asistimos, en ocasiones, a un aumento de la afluencia. Es el ejemplo de las Gargantas de Katherine, en el territorio del norte de Australia. Después de una inundación sin precedentes y extremadamente devastadora a principios del año 1998, las gargantas y el pueblo experimentaron un aumento de la afluencia del 15% a lo largo del año (Faulkner y Vikulov, 2001), que puede explicarse en parte por la exposición mediática amplificada debido a la catástrofe (ibíd.: 335). Asimismo, cabe constatar que los ataques terroristas tienen una influencia de primer orden en la afluencia turística, como ha sido el caso tras los ataques de Bali (Ghaderi, Som y Henderson, 2012) o en Egipto, donde se estima que el descenso de la afluencia fue del 43% tras los atentados de 1992-1995 (Robinson y Jarvie, 2008).

Estos descensos de afluencia se vinculan en especial a los temores relativos a la seguridad del destino y a su capacidad de recibir visitantes (Ghaderi y Henderson, 2013). Estas imágenes negativas pueden tener un impacto a largo plazo y necesitan de campañas de marketing consecuentes para contrarrestarlas, algo subrayado de manera unánime (Faulkner y Vikulov, 2001; Henderson, 2005; Rittichainuwat, 2011; Robinson y Jarvie, 2008). Las investigaciones muestran, además, que los efectos de una catástrofe natural no afectan únicamente al destino dañado, sino que pueden repercutir en otros (Ghaderi y Henderson, 2013). Ciertos autores subrayan que, más allá de su efecto traumático, las crisis turísticas post-catástrofe —en el caso en que la reconstrucción ocurre efectivamente con rapidez— pueden tener efectos positivos para el turismo: como en el caso de las Gargantas de Katherine; dicho suceso dio pie a la oportunidad de reconstruir y así mejorar infraestructuras envejecidas, además de permitir la concienciación a nivel local de la importancia del turismo (Faulkner y Vikulov, 2001).

Cabe subrayar igualmente otros factores, en especial las epidemias (SRAS, H1N1, etc.), o incluso los cambios políticos importantes (Ghaderi, Som y Henderson, 2012), que pueden también significar el «parón» de destinos turísticos. Con bastante frecuencia, la interrupción de la afluencia turística es temporal (y coyuntural). Por ejemplo, en Vietnam, diversas prácticas y destinos turísticos que habían conocido un desarrollo durante el período colonial cesaron a la conclusión de la ocupación francesa, hasta ser reactivadas por los vietnamitas: hoy en día son 300.000 los que pasan su luna de miel en Dalat, en el área de Saigón (Equipo Mit, 2011: 233-234). Los cambios políticos violentos o radicales en un destino, al igual que las catástrofes naturales, pueden tener efectos en destinos próximos: en su decisión de evitar un destino repentinamente presentado como poco seguro, numerosos turistas se reorientan hacia un país vecino (Ghaderi, Som y Henderson, 2012). Los golpes de estado en Tailandia, por ejemplo, han tendido a favorecer a destinos de países vecinos, como Penang y Kuala Lumpur (ibíd.: 81).

En otros casos, la salida del turismo parece más duradera, aunque, como apunta el Equipo MIT, los eriales turísticos son menos frecuentes que los eriales industriales o agrícolas. Estos casos afectan a hoteles o a instalaciones turísticas de dimensión modesta, infralocales, más que a localidades enteras, como en los Catskills, en Estados Unidos, a partir de 1824 (Brown, 1998). La expresión de resort ruins, de «ruinas de complejos hoteleros» (Rostock y Franz Zadnicek, 1992; Löfgren, 1999) fue popularizada para dar cuenta de estas «salidas de ruta». Más próximo a nosotros, el caso de Waulsort, en Haute Meuse (Bélgica), no afecta únicamente a algunas instalaciones: fue la ciudad fluvial entera la que fue abandonada progresivamente por los turistas (Equipo Mit, 2011: 238). Estos abandonos proceden, en general —aparte de las catástrofes evocadas anteriormente— de cambios profundos en las costumbres y prácticas turísticas. Frecuentada por la aristocracia y la burguesía, Waulsort era uno de los destinos más concurridos de la región hasta la primera guerra mundial, junto con Spa, Namur o Dinant (ibíd.). Pero la moda de las vacaciones en mares cálidos y al sol acabó descartando a este destino, así como a muchas otras estaciones costeras del norte y de la Mancha (ibíd.: 239), a pesar del intento, en los años 1970, de redinamizar esta zona turística con la creación de un pueblo vacacional habilitado para camping y caravanas. En cuestión de años, Waulsort se convierte en «el arquetipo —prácticamente único a nivel de una estación— de arqueología turística» (ibíd.). Los descensos de afluencia y los eriales hoteleros que se derivan de ello también pueden ser resultado de la competencia internacional y de condicionantes económicos y legislativos locales, como es el caso de las regiones francesas de ultramar (Gay, 2009).

«Entradas» y «salidas» del turismo: actores y procesos

La puesta en turismo de los lugares ordinarios implica a distintos actores: lo político está presente, pero los mecanismos no se limitan a esta intervención, escapando en parte a cualquier planificación, y las dinámicas resultan a menudo suscitadas por actores que no se perciben ellos mismos como turísticos. Así pues, cabe preguntarse cuál es el lugar de los actores y de la «sociedad civil»[4] en la puesta en turismo de lo ordinario o en el retorno a lo ordinario de los lugares turísticos. Si se considera que la sociedad civil está abocada a desempeñar un papel más importante en las actividades turísticas, ello nos lleva en un segundo momento a volver a centrarnos en la manera en que estas dinámicas cuestionan o no las oposiciones que fundamentan las prácticas turísticas: ¿el marco de interpretación propuesto por las teorías del post-turismo y la hipótesis de la des-diferenciación de las prácticas permiten reflejar la implicación de la sociedad civil?

El lugar de los actores no turísticos en la puesta en turismo de lugares ordinarios

El papel de las «sociedades locales» en la invención turística ha sido descrito desde hace tiempo. Así, R. Knafou (1991) subrayaba que, junto a celebridades que han contribuido al «descubrimiento» de lugares turísticos —B. Bardot en Saint-Tropez, el Duque de Monry en Deauville, por ejemplo— los actores locales han sabido poner en valor el interés en sus pueblos o valles gracias a precursores con el fin de atraer a más visitantes. Así, los Chamoniards contribuyeron a forjar la reputación de su valle grabando en piedra el nombre de los «descubridores» del Mar de hielo, Windham y Pococke (ibíd.: 14).

Varios ejemplos demuestran que una «invención turística» que no dependa en absoluto de decisiones políticas puede funcionar. En tales contextos, la visión exterior desempeña un papel importante en la revalorización del territorio: lo que para algunos es banal, poco atractivo, sí puede ser atractivo para los foráneos, que a través de su interés contribuirán a reforzar el reclamo de estos lugares (Knafou, 1991). Es lo que sucede con las zonas rurales de Poitou-Charentes, que han sido objeto de una valorización turística gracias al interés de visitantes británicos. Además, son ellos quienes compran más viviendas en las zonas de interior de este territorio, lejos de la costa, donde la afluencia turística está garantizada. Algunos de estos nuevos residentes abren alojamientos turísticos (albergues, bed and breakfast etc.) y contribuyen a reforzar el turismo en dicho interior: «los usos residenciales de los británicos, lejos de entrañar el fin del turismo, permiten un cambio de visión, una ‘deseabilidad’ (Viard, 1998) de estos lugares, poco valorados por los franceses.» (Sacareau, Vacher, Vye, 2013: 186).

El caso de viviendas secundarias —a menudo alquiladas durante los períodos de vacaciones— muestra, además, toda la complejidad de la articulación entre el sector turístico «formal» e «informal» (Sacareau et al., 2013). Ya sea en Francia o en el extranjero, los propietarios de residencias secundarias pasan progresivamente a implicarse en una puesta en turismo que se opera «por abajo», a través de actores que se sitúan en principio fuera de la esfera turística y se reivindican como tales. Los trabajos de Berriane y Nakhli (2011) en Marruecos muestran así cómo ciertos alojamientos que son en principio simples viviendas secundarias se transforman poco a poco, mediante la inscripción, en una primera fase, en sitios web de intercambio de alojamiento (home exchange), y luego mediante la acogida de viajeros de paso, en alojamientos turísticos comerciales. La ocupación de la esfera turística por parte de la sociedad civil se acompaña de una renovación de los valores que orientan las prácticas turísticas. El hecho de cortocircuitar el sistema turístico mercantil a través de una puesta en contacto de particulares entre ellos parece responder a ciertas expectativas en materia de «autenticidad», o incluso de ética (Priskin y Sprakel, 2008): «al rechazar ser un simple   ‘consumidor’, el turista podrá sentirse ‘invitado’, como en el caso del couchsurfing, que se presenta como vector de renovación del sentido del viaje encuentro ‘real’ (en el sentido de no virtual) orientado hacia los intercambios y la hospitalidad reinventada» (Bourdeau, 2012).

En el caso del turismo urbano resulta difícil, asimismo, una demarcación clara entre los actores de la «sociedad civil» y los profesionales del turismo, responsables políticos o actores económicos. H. Sallet-Lavorel subraya la importancia del turismo participativo para la puesta en turismo de los «territorios al margen de estos grandes flujos turísticos» (Sallet-Lavorel, 2014). Las iniciativas de turismo participativo proceden a menudo del ámbito asociativo: así, en Berlín, se cuentan entre 35 y 40 asociaciones de habitantes locales que desean de por sí hablar de su ciudad a los turistas (ibíd.). La Startreisen Berlin, creada en 1983 por arquitectos e historiadores, que trabajan sobre la reconciliación entre este y oeste, sería un ejemplo de ello. En la región parisina, la asociación Accueil Banlieue [Acogida suburbana], que propone 31 alojamientos en viviendas de particulares, nace también como una iniciativa puramente voluntaria y militante. No obstante, estas iniciativas no vienen únicamente «de abajo» y la idea de participación no denota necesariamente una lógica claramente de «bottom up». Por ejemplo, el despliegue de greeters en Mulhouse resulta de una decisión emitida «desde arriba»: es la Oficina de Turismo y Congresos la que, en 2011, tras decidir implicar el conjunto del territorio en el proyecto turístico, instaura un punto de contacto local de la red. Aunque los iniciadores pretendan no ser percibidos como «recuperadores de tendencias alternativas», el hecho es que, para no ser considerados como tales, tuvieron que disimular el aspecto de iniciativa «por encargo» para que no lo pareciese (Colombo, 2014: 26). De igual manera, la instauración de una red de greeters en París y en Seine-Saint-Denis, mediante la acción conjunta del CDT 93 y de la asociación Parisien d’un jour [Parisino por un día] «no habría visto la luz sin el apoyo de las administraciones públicas y sin la iniciativa del CDT 93» (Duarte, 2014: 33). La voluntad de responder a una demanda turística en busca de «auténticos residentes» puede, además, cruzarse con proyectos sociales. El proyecto implantado por el CAUE de Val-de Marne, mediante el cual jóvenes de urbanizaciones suburbanas son formados y remunerados por trabajar como guías y hacer descubrir su entorno (Sallet-Lavorel, 2014) responde así a un doble objetivo de puesta en turismo del territorio y de inserción profesional de los jóvenes.

¿Hacia una mayor implicación de la sociedad civil en el turismo?

Así pues, aunque el papel desempeñado por las sociedades locales en la invención de los lugares turísticos ha sido descrito desde hace tiempo, a la inversa, lo que resulta novedoso es el hecho de que los nuevos medios de comunicación han facilitado el acceso de diversos actores al ámbito de la oferta turística. Según ciertos análisis correspondientes a la economía de la cultura, habríamos entrado en una nueva fase del turismo, caracterizada por la mayor implicación de los «consumidores» en la producción de sus experiencias. Este nuevo enfoque, como subraya Gombault, vendría «posibilitado por las tecnologías interactivas de la web 2.0 que hallamos en las plataformas sociales o en los blogs, que tendrían por consecuencia (…) una importante democratización de la creación, hasta el punto de difuminar las fronteras entre creadores y consumidores y de incitar a los creadores tradicionales a encontrar nuevos modelos de negocio que vulgaricen la creación y su difusión.» (2011: 22).

Internet, por ejemplo, ofrece la posibilidad de entrar en conexión directa con propietarios de alojamientos en un destino turístico a las personas que deseen acudir a él por vacaciones (Fang, Ye y Law, 2016: 1). Estos intercambios pueden presentar un carácter mercantil (AirBnB, por ejemplo) o no lucrativo, como en el caso del couchsurfing.

En este último caso, la dedicación (en términos de tiempo, en particular) de los actores privados es significativa. Esta práctica implica compartir su espacio privado y su día a día (Schéou, 2013). El anfitrión debe acondicionar su domicilio para recibir y ofrecer un espacio disponible al huésped, pero también proteger el suyo (ibíd.: 101). Asimismo, debe estar disponible, dedicar tiempo a conversar, a comer y a visitar con su invitado. A menudo se transforma en un guía —cuyas competencias son más o menos reconocidas— de su propia ciudad. En otros casos, sin embargo, la implicación de los actores privados en el alojamiento turístico se opera de una manera menos directa.

Como destacan K. Cassidy y C. Guilding (2009), a partir del caso de Australia, los apartamentos amueblados constituyen una parte en aumento del alojamiento turístico, un fenómeno igualmente reforzado por la utilización de Internet: si en el año 2005 representaban un 20% del alojamiento turístico, se estima que esta proporción podría elevarse próximamente al 60% (ibíd.: 422). A menudo estos alojamientos son propiedad de actores individuales que no tienen ninguna implicación en la economía turística, pero que ven en estas adquisiciones una inversión remuneradora en potencia. Estos pisos amueblados suelen formar parte de comunidades de propietarios gestionadas por personas designadas (resident managers), pero que no tienen ninguna formación en el sector turístico, no son contratadas por sus competencias en este ámbito y no se perciben como actores del turismo, aun cuando desempeñan un papel de acogida y de información importante. El uso turístico de estos alojamientos sólo interviene como argumento de venta utilizado por los agentes inmobiliarios para captar inversores privados (ibíd.: 426).

Los trabajos acerca de las redes sociales de alojamiento confirman que la utilización de las mismas corresponde a un proceso que valoriza en especial la autenticidad y el desarrollo personal mencionado anteriormente (Duarte, 2014; Schéou, 2013). Asimismo, demuestran que se trata ante todo, para estos usuarios, de distinguirse de los «simples turistas» (Schéou, 2014: 41). Esta importancia de los valores es utilizada por los promotores de las empresas colaboradoras o participativas de alojamiento y de transporte (coche compartido, redes sociales de alojamiento) para valorizar sus acciones. Así,  F. Mazzella (2015), creador de Blablacar, declara que más allá de los intereses ecológicos y económicos de compartir coche, su empresa está «orgullosa de aportar su grano de arena al turismo colaborativo creador de vínculos humanos fuertes» y «más auténtico». La red reúne hoy en día a más de 20 millones de personas en más de 19 países, y tres de cada cuatro nuevos inscritos viven en otro país. Ante esta expansión internacional, F. Mazzella invita a los usuarios de Blablacar a «compartir coche en el extranjero», lo cual «permite encontrarse con gente autóctona y aportar un toque de autenticidad a su viaje gracias a intercambios que hubiese sido difícil de provocar de otro modo» (ibíd.: 56). Por otra parte, la empresa está asociada a sitios web de viajes como Kayak o Liligo y es en el turismo donde su creador parece contemplar las principales oportunidades de desarrollo futuro (ibíd.: 57).

Por otro lado, estos valores no son nuevos. El deseo de acceder a la intimidad de «otro», que desempeña un factor de motivación importante para los usuarios del coachsurfing, por ejemplo, no tiene nada de novedoso: como recuerda B. Schéou (2013) el deseo de descubrir la «trastienda» ya era reconocido como uno de los fundamentos de las prácticas turísticas por MacCannell en los años 1970.

Además, el estudio de los modelos económicos utilizados por estas empresas «colaborativas» muestra que no se pueden plantear en oposición al «mercado». Como subraya J.Y. Hégron (2014), las redes de alojamiento se organizan normalmente en torno al trabajo de voluntarios. La red de alojamiento Hospitality Club fue creada sin financiación y gracias a los ingresos de su publicidad a través de Google. El fundador, V. Kühne, que declina desvelar sus ingresos publicitarios, ha visto a algunos de sus voluntarios abandonar la red y crear un sitio web alternativo, Bewelcome. Couchsurfing, que en sus inicios también era una asociación no lucrativa, se convirtió en 2011 en una sociedad mercantil, cuya financiación se realiza, en particular, a través de la concesión de una categoría de «miembro comprobado» adquirida mediante pago (ibíd.). De nuevo, esta comercialización suscitó vivas reacciones y provocó la marcha de numerosos miembros hacia Bewelcome, que por el momento sigue siendo una asociación con arreglo a la Ley 1901.

Elementos de conclusión: regreso al «post-turismo» y a la hipótesis de la des-diferenciación

La puesta en turismo de los lugares ordinarios y la diversificación de los enclaves turísticos serían muestra de una des-diferenciación de las esferas turísticas y no turísticas, de lo cotidiano y de lo extra-cotidiano, característico de la nueva «era» post-turística. La invención turística —en particular cuando afecta a lugares considerados poco atractivos— pasa a menudo por un proceso de encantamiento. Se trata de obtener lo «extraordinario» a partir de lo ordinario. Pero, ¿se ponen de verdad en cuestión las oposiciones que estructuran la experiencia turística —ordinario/extra-ordinario, cercano/lejano, exotismo/familiar— en las evoluciones aquí constatadas?

Ver a alguien trabajando en su ordenador a través de la ventana se vive como algo «really cool» y acudir al supermercado de la esquina se convierte en una experiencia «increíble» (Maitland, 2013: 17). Para dar cuenta de este proceso, Maitland toma prestada de Wynn la expresión de «alquimia urbana», definida como un proceso que «transforms the material of everyday experience into something else – that re-enchants the city and creates mutual attachment between the city and the tourists» (Wynn, 2010: 150, citado en Maitland, 2013: 17). En ese caso, el ejercicio de encantamiento requiere efectivamente un desplazamiento geográfico, en la medida en que las personas interrogadas son turistas internacionales o residentes temporales. Los habitantes, sin duda, están lejos de considerar el hecho de ver a alguien trabajando en su despacho como algo «extraordinario».

Esta importancia del proceso de encantamiento y de cambio de visión también se percibe en la visita alternativa de San Francisco propuesta por Bernie Lubell, Juliett Flower MacCannell y Dean MacCannell (1998). Esta vez, la fórmula se dirigía a habitantes locales: así, se invitaba a las personas que participaban en la excursión a cambiar la visión sobre su propia ciudad. Uno de los objetivos, subrayado por sus organizadores, era, por tanto, el de «slow people down and bring them to consider mystery and surprise, as though they were hunters: the tunnel as though it were a cave, the exposure of the savannah-like polo fields, the enclosure and loss of direction in the woods and the discovery of possibility in the clearing» (ibíd.: 147). Como en las prácticas turísticas más «clásicas», estas experiencias se fundan en la búsqueda de un elemento «extraordinario», de algo «fuera de lo cotidiano»: o bien se trata de buscar/crear este elemento extraordinario en un entorno conocido (caso del anti-tour de San Francisco), o bien lo ordinario del «otro» puede convertirse en extraordinario para uno mismo (situaciones estudiadas por Maitland).

Además, en el margen opuesto a estas experiencias que valorizan lo «banal», la puesta en turismo de los espacios próximos, en particular metropolitanos, puede basarse en una exotización de estos últimos, en la puesta en valor de una «alteridad» cultural presentada con la misma importancia que la descubierta en el confín más lejano del mundo.

Las nuevas formas de alojamiento cuestionan también la frontera entre cotidiano y extra-cotidiano. Antes hemos evocado el hecho de que el couchsurfing implicaba una puesta a disposición de un espacio cotidiano. Sin embargo, la idea según la cual estas prácticas serían muestra de un «fin del turismo» marcado por la desaparición de la frontera entre lo ordinario y lo extraordinario, lo cotidiano y lo extra-cotidiano, merece ser matizada en varios aspectos.  En primer lugar, B. Schéou (2013) recuerda que el alojamiento no comercial no es en absoluto una novedad y ha constituido desde siempre una parte importante de las estancias turísticas de los franceses. La novedad, aquí, sería que dicho alojamiento no es ofrecido por la familia o por amigos, sino por personas que no se conocen previamente. Además, un tal procedimiento no contribuye a la desaparición de la frontera entre ordinario y no-ordinario. Por una parte, el que viaja se encuentra, efectivamente, en ruptura respecto a su actividad cotidiana, y lo ordinario del anfitrión se convierte en lo «extraordinario» del turista (ibíd.: 108). Si existe una confusión, quizá sea para el anfitrión, dado que para él también esta actividad cotidiana tiende a dotarse de un carácter «extraordinario» durante los períodos de acogida (ibíd.).

Estas experiencias cuestionan, sin duda, la relación entre próximo y lejano. Pero, al mismo tiempo, las oposiciones entre exótico y familiar, ordinario y extra-ordinario, siguen estructurándolas, así como el sistema de motivaciones de quienes participan en tal relación. Estas prácticas, que hacen que ya no sea necesaria una ruptura y un alejamiento geográfico, ¿corresponden totalmente al ámbito del turismo? ¿Deberíamos concluir, más bien, que los dispositivos del turismo han penetrado, «infiltrado» prácticas que corresponderían más al ámbito del ocio o del entretenimiento?

Esta pregunta recibe distintas respuestas según los autores. H. Vergopoulos, más que concluir en un carácter no turístico de los guías que analiza[5], enuncia que éstos contribuyen a redefinir el universo socio-cultural de las representaciones del turismo (Vergopoulos, 2013: 58): «Extirpado del imperativo del desplazamiento geográfico, [el turismo] se convierte en un único (?) proceso de reconfiguración de los tiempos y de los espacios de la cotidianeidad efectuado a través de un ejercicio de transformación de la mirada. Es, por retomar el término de Michel Foucault, una especie de ‘técnica de sí’ que permite reapropiarse el territorio y habitarlo de manera positiva.» (ibíd.: 59). Así, el turismo no sería más que un «ejercicio del encantamiento» (ibíd.), independiente del desplazamiento geográfico. A la inversa, en lugar de incluir estas prácticas en el ámbito turístico, el Equipo MIT sugiere que corresponden a una situación «no turística», pero en la que «ciertos atributos, comportamientos, gestos, son fruto de la práctica turística. Es de ese modo que el referente  ‘turismo’ se transfiere a las situaciones ordinarias.» (Equipo Mit, 2011: 200). Subrayemos, además, que los actores de estas actividades se sitúan fuera del ámbito turístico. En el caso de la cooperativa Hôtel du Nord en Marsella, por ejemplo, la etiqueta «turístico» es objeto de discusión entre los miembros de la cooperativa (Gravari-Barbas y Delaplace, 2015). Esta inhibición, esta negación del calificativo «turístico», en el caso de dichas empresas que se presentan como «fuera de lo común», puede ser un elemento estratégico. No presentarse como empresario turístico es una manera de afirmar su autenticidad. Asimismo, la implicación de la sociedad local, presentada como una prueba de autenticidad, se produce a menudo a su pesar, lo cual puede suscitar un resentimiento o incluso resistencias activas (Gravari-Barbas y Delaplace, 2015). Apelar a las ideas de «sociedad civil» y de «participación» en distintas empresas de turismo alternativo puede, así pues, ser planteado como herramienta de legitimación.

Igualmente, las dimensiones colaborativas o participativas de las redes de alojamientos son utilizadas como argumento de venta sin que ello cuestione la existencia de un «sistema turístico» fundado en un intercambio mercantil. Si los sitios web de coche compartido o las redes de alojamiento, por ejemplo, han nacido a menudo como iniciativas no vinculadas al sector económico y que corresponden a un intercambio de servicios entre particulares, cabe señalar que la economía de mercado acaba siempre por asimilar estas iniciativas. La originalidad de Blablacar, «start up» convertida en «scale-up» mundializada —una empresa que reúne a más de 300 «colaboradores» (Mazzella, 2015)— no procede, hoy en día, de un carácter «no lucrativo», sino de la cultura de empresa moderna sobre la cual se ha construido, fundada en especial en una gestión más horizontal que vertical.

Además, las nuevas tecnologías y sus usos para poner en contacto a particulares en el marco turístico no suponen una amenaza para la hostelería clásica (Blondeau, 2015). Por una parte, en los lugares en donde se ha estudiado la aparición de una oferta AirBnb, los trabajos muestran que el sector hotelero en su conjunto no resulta fragilizado (Fang, Ye, Law, 2016). Solamente supone competencia para las ofertas de precios más bajos (ibíd.). Además, la oferta AirBnb sería en realidad un motor para el sector turístico en la medida en que su utilización implica una traslación de los gastos ahorrados a otros sectores al margen del alojamiento, en particular a la restauración.

Así, debe matizarse la idea según la cual las nuevas maneras de practicar turismo (recurso a los greeters, a lo no lucrativo) contribuye a una confusión o a una des-diferenciación de las prácticas. Como expone A. Girard (2013), la idea de confusión podría proceder en parte de un efecto de visión ligado al hecho de que, en la construcción del objeto «turismo» en ciencias sociales y con el fin de legitimar un campo de estudio naciente, se ha estado abocado a insistir de modo exagerado en las distinciones entre lo turístico y lo no-turístico, cuando las prácticas turísticas son y siempre han sido transversales. Estimar que estas dinámicas corresponden a una forma de «des-diferenciación» de las esferas turísticas y no-turísticas, marcada por una mayor implicación de la «sociedad civil» (entendida como conjunto de actores que no pertenecen ni al sector mercantil ni al ámbito político institucionalizado) no basta para dar cuenta de las nuevas formas de organización económica que se constituyen. Supone retomar, en parte, un discurso que tiende a promover estas nuevas formas de organización con fines políticos y económicos (con el argumento de que, como son «auto-organizadas», estas empresas son más «auténticas»).

Referencias bibliográficas

Aguas J.-C., Gouyette B., 2011, ″L’invention d’un tourisme de l’ordinaire. L’exemple des Promenades urbaines ″, Espaces, n°292.

Aguilard Y., 1982, ″ La Chartreuse de Mirande. Le monument historique, produit d’un classement de classe ″, Actes de la recherche en sciences sociales n°42, p. 76-85.

Bachimon P., 2013, Vacance de lieux, Paris: Belin.

Berger M., Pousin F. (dir.), 2008, ″ Les espaces du quotidien ’‘, Strates, vol. 14.

Bernier X., 2013, ″ Marges et périphéries des routes touristiques et des itinéraires culturels: quelles interspatialités? Quelques réflexions à travers les routes de montagne ″, Cahiers de Géographie du Québec, vol.57, n°162, pp.369-378, [en ligne], URL: http://www.erudit.org/revue/cgq/2013/v57/n162/1026524ar.html.

Berriane M., Nakhli S., 2011, ″ En marge des grands chantiers touristiques mondialisés, l’émergence de territoires touristiques ″ informels ’‘ et leur connexion directe avec le système monde ″. Méditerranée. Revue géographique des pays méditerranéens / Journal of Mediterranean geography, no 116, pp.115-122, [en ligne], https://mediterranee.revues.org/5437.

Bessière J. (dir.), 2012, Innovation et patrimoine alimentaire en espace rural, Paris, Editions Quae.

Blondeau K., 2015, ″ Quelle place pour l’hôtellerie indépendante face à la pression des agences de voyage en ligne (OTA) et à l’émergence de l’économie collaborative ? ″, Annales des mines, Réalités Industrielles, n°3, pp.83-87.

Bourdeau P., 2012, ″ Le tourisme réinventé par ses périphéries ?’‘ in Bourlon F., Osorio M., Mao P., Gale T. Explorando las nuevas fronteras del turismo. Perspectivas de la invetigacion en turismo, Nire Negro, pp.31-48.

__, 2009, ″ De l’après-ski à l’après-tourisme, une figure de transition pour les Alpes ? ″, Revue de Géographie Alpine | Journal of Alpine Research [En ligne], 97-3 [en ligne], URL : http://rga.revues.org/1049 ; DOI : 10.4000/rga.1049.

Breton C., 2015, Hôtel du Nord – récits d’hospitalité de Christine Breton, Marseille : Éditions Commune.

Breton J.-M. (dir.), 2009, Patrimoine culturel et tourisme alternatif: Afrique, Amériques, Caraïbes, Europe, Paris: Khartala, 416 p.

Briedenhann J., Wickens E., 2003, ″ Tourism routes as a tool for the economic development of rural areas—vibrant hope or impossible dream? ″, Tourism Management, vol.25, n°1, pp.71-79.

Bromberger, C., 1999, ″ Les monuments ordinaires de la vie quotidienne ″, in R. Debray (éd.), L’abus monumental?, Paris: Fayard, pp. 197-206.

Brown P., 1998, Catskill Culture: A Moutain Rat’s Memories of the Great Jewish Resort Area, Philadelphia: Temple University Press, 301p.

Butler R. W., 2011, ″ Tourism Area Life Cycle ″, Contemporary Tourism reviews, Goodefellows Publishers [en ligne] http://www.goodfellowpublishers.com/free_files/fileTALC.pdf.

___,1992, ″ Alternative tourism: the thin edge of the wedge ″, in Smith Valene L., Tourism Alternatives: Potentials and Problems in the Development of Tourism, University of Pennsylvania Press.

___, 1990, ″ Alternative Tourism: Pious Hope Or Trojan Horse? ″, Journal of Travel Research, vol.28, n°3, pp. 40-45.

__1980, ″ The concept of the tourist area life-cycle of evolution: implications for management of resources ″, Canadian Geographer, vol.,24, n°1, pp.5-12 [en ligne] http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1541-0064.1980.tb00970.x/abstract.

Calgaro E., Lloyd K., 2008, ″ Sun, sea, sand and tsunami: Examining disaster vulnerability in the tourism community of KhaoLak, Thailand ″, Singapore Journal of Tropical Geography, vol.29, n°3, pp.288–306.

Cassidy K., Guilding C., 2010, ″ Defining an emerging tourism industry sub-sector: Who are the strata titled tourism accommodation stakeholders? ″, International Journal of Hospitality Management, n°29, pp.421-431.

Clapiers de R. (dir.), 2004, ″ Tourisme et banlieue ″, Espaces, n°216.

Clémençon A.-C., 2015, La ville ordinaire : généalogie d’une rive, Lyon, 1781-1914, Marseille, Lyon, éditions Parenthèses, CAUE Rhône Métropole.

__, 1999, La fabrication de la ville ordinaire : pour comprendre les processus d’élaboration des formes urbaines, l’exemple du domaine des Hospices civils de Lyon : Lyon-Guillotière, rive gauche du Rhône, 1781-1914, thèse d’histoire de l’art de l’université Lyon 2.

Clivaz Ch., Nahrath S., Stock M., 2011, ″ Le développement des stations touristiques dans le champ touristique mondial ″, in Duhamel, P. & Kadri, B. (dirs.), Tourisme et mondialisation Paris: Espaces, p. 276-286.

Coate B., Handmer J., Choong W., 2006, ″ Taking care of people and communities: Rebuilding livelihoods through NGOs and the informal economy in Southern Thailand ″, Disaster Prevention and Management, vol.15, n°1, pp.135-145.

Cohen E., Cohen S., 2012, ″ Current sociological Theories and Issues in Tourism ″, Annals of Tourism Research, vol.39, n°4: pp.2177–2202.

Cohen E., 1987, ″ Alternative Tourism ″—A Critique, Tourism Recreation Research, vol.12, n°2, pp.13-18.

Cousin S., Djament-Tran G., Gravari-Barbas M., Jacquot S., 2015 ″ Contre la métropole créative … tout contre. Les politiques patrimoniales et touristiques de Plaine Commune, Seine-Saint-Denis ″, Métropoles, 17 [en ligne]. URL : http://metropoles.revues.org/5171.

Darbellay F., Clivaz, C., Narhath, S., Stock M., 2011, ″ Approche interdisciplinaire du développement des stations touristiques. Le capital touristique comme concept opératoire ″, Mondes du tourisme, n°4, p.36-48.

Dassié V., 2012, ″ La thésaurisation affectives des objets souvenir. Du chez-soi au musée ″, in Tiphaine Barthéméy et Joël Candau (dir.), Mémoire familiale, objets et économies affectives, Paris/Bordeaux : CTHS, pp. 117-130.

de Certeau M., 1980, L’invention du quotidien,  Paris, Union générale d’édition.

Di Filippo L., 2011, ″ Éric Chauvier, Anthropologie de l’ordinaire. Une conversion du regard ″, Questions de communication, n°20, pp. 399-401.

Duarte M., 2014, ″ Le pari réussi des greeters en Seine Saint Denis ″, Espaces, n°316, pp.31-33.

Duhamel P., Knafou R. (dir.), 2007, Mondes Urbains du Tourisme, Paris: Belin.

Edensor T., 2001, ″Performing tourism, staging tourism, (re)producing tourist space and practice ″, Tourist Studies, n° 1, p. 59-81.

Équipe Mit, 2005, Tourismes 2. Moments de lieux, Paris: Belin

Équipe Mit, 2011, Tourismes 3. La révolution durable, Paris: Belin.

Fagnoni E., 2004 ″ Amnéville, de la cité industrielle à la cité touristique : quel devenir pour les territoires urbains en déprise ? ″, Mondes en développement 1, 125, p. 51-66, [en ligne], URL : www.cairn.info/revue-mondes-en-developpement-2004-1-page-51.htm.

Fang B., Ye Q., Law R., 2016, ″ Effect of sharing economy on tourism industry employment ″. Annals of Tourism Research. Consulté le janvier 17. doi:10.1016/j.annals.2015.11.018.

Farge A., 1994, Le Cours ordinaire des choses dans la cité du dix-huitième siècle, Paris, Éditions du Seuil, coll. ″ La librairie du xxe siècle ″.

Faulkner B., Vikulov S., 2001, ″ Katherine, washed out one day, back on track the next: A post-mortem of a tourism disaster ″, Tourism Management, n°22, pp.331–344.

Feifer M., 1985, Going places, Macmillan.

Fullagar S., Markwell K. W., 2012, Slow Tourism: Experiences and Mobilities, Channel View Publications.

Gay J.C.,2009, ″Les piètres performances du tourisme en France d’outre-mer’‘ in Lemasson J.-P. et Violier Ph. (dir.), Destinations et Territoires. Volume 1: Coprésence à l’œuvre, Montréal-Québec, Téoros-Presses de l’université du Québec,, p. 153-167.

Geppert A., Lorenzi E., 2013, ″ Le “patrimoine du quotidien”, enjeu renouvelé pour les urbanistes européens ″, Bulletin de l’Association de géographes français, vol.90, n°2, pp.170-185.

Getz D., 1993, ″ Planning for tourism in business districts ″, Annals of Tourism Research, vol.20, n°4, pp. 583-600.

Ghaderi Z., Som A. P. M., Henderson J. C., 2012, ″ Tourism crises and island destinations: Experiences in Penang, Malaysia ″, Tourism Management Perspectives, vol.2, n°3, pp.79–84.

Ghaderi Z., Henderson J. C., 2013, ″ Japanese tsunami debris and the threat to sustainable tourism in the Hawaiian Islands ″, Tourism Management Perspective, n°8, pp.98-105.

Girard A., 2013, ″ Faut-il raccorder une théorie générale de la postmodernité à une théorie à moyenne portée du post-tourisme ? ″, in Bourdeau P., Hugues F., L. Perrin-Bensahel (dir.), Fin (?) et confins du tourisme. Interroger le statut et les pratiques de la récréation contemporaine , Paris, L’Harmattan, pp. 43-52.

Gombault A., 2011, ″ Tourisme et création: les hypermodernes ″, Mondes du Tourisme, 4 [en ligne], consulté le 05 février 2016. URL : http://tourisme.revues.org/449

Graburn N. H.H., 1989, ″ Tourism: the Sacred Journey ″, in Smith V. L. (ed.), Hosts and guests : the Anthropology of Tourism, Philadelphia, University of Pennsylvania Press, pp. 21-36.

Gravari-Barbas M., 2013, Aménager la ville par la culture et le tourisme, Paris: Editions le Moniteur.

Gravari-Barbas M., Delaplace M. (dir.), 2015, à paraître, ″ Le Tourisme hors des sentiers battus ″, TEOROS.

Gravari-Barbas M., Fagnoni E. (dir.), 2013, Métropolisation et Tourisme. Comment le Tourisme redessine Paris, Paris: Belin, coll. Mappemonde, 373p.

Halbert L., 2010, L’avantage métropolitain, Paris, PUF.

Hascoet Y., en cours depuis 2012, Récréations critiques et néo-esthétiques dans les territoires urbains. Nouvelles pratiques, nouveaux imaginaires, nouveaux tropismes ? , thèse de géographie sous la direction de Isabelle Lefort et de Éric Charmes de l’université Lyon 2.

Heap C. C., 2009, Slumming: sexual and racial encounters in American nightlife, 1885-1940, Chicago, Univ. of Chicago Press.

Hégron J.-Y., 2014, ″ Les réseaux de partage et d’hospitalité. Un concept de notre temps et un système qui marche ″, Espaces, n°316: pp.43-46.

Hughes G., 1995, ″ The Cultural Constraints of Sustainable Tourism ″, Tourism Management, n°16, pp.49-60.

Huning S., Novy J., 2006, ″ Tourism as an engine of neighborhood regeneration? Some remarks towards a better understanding of urban tourism beyond the “beaten path” ″, CMS Working Paper Series, n° 6, Center for Metropolitan Studies, Berlin, 19 p.

Isnart C., 2012, ″ Les patrimonialisations ordinaires. Essai d’images ethnographiées ″. ethnographiques.org, Numéro 24 – juillet 2012, http://www.ethnographiques.org/2012/Isnart.

Jacquot S., Gravari-Barbas M., Fagnoni E., 2013,  » Patrimonialisation et tourisme dans la région métropolitaine parisienne. ″, in Gravari-Barbas, M. et E. Fagnoni, Métropolisation et tourisme. Comment le tourisme redessine Paris, Paris: Belin, pp.103-117.

Jolé M., 2012, ″ Hôtel du Nord. La construction d’un patrimoine commun dans les quartiers nord de Marseille ″, Métropolitiques, [mis en ligne le 4 janvier 2012] URL : http://www.metropolitiques.eu/Hotel-du-Nord-La-construction-d-un.html.

Knafou R., 1996, » La transformation des lieux anciennement touristiques ’‘, Méditerranée, 84, n°3, pp. 3-4.

__, 1991, ″ L’invention du lieu touristique : la passation d’un contrat et le surgissement simultané d’un nouveau territoire ″, Revue de Géographie Alpine, vol. 79, n°4: 11-19, [en ligne], http://www.persee.fr/doc/rga_0035-1121_1991_num_79_4_3624.

Kouloumbri T., Kouklia M., 2004, ″ Plaine Commune, à la rencontre de la population locale ″, Espaces, n°216.

Koven S., 2004, Slumming: Sexual and Social Politics in Victorian London, Princeton, Princeton Univ. Press.

Lefebvre H., 1947, Critique de la vie quotidienne : introduction, Paris, Grasset.

Letissier F., 2007, Les temps de l’urbanité : habiter le patrimoine à Paris, thèse de géographie de l’université de Reims

Löfgren O., 1999, On Holiday. A History of Vacationing, Berkeley, University of California Press, 320 p.

Lubell B., Flower J., MacCannell D., 1998, ″ You are Here (You Think). A San Francisco City Bus Tour ″, in J. Brook, C. Carlsson, N. J. Peters, (dirs.), Reclaiming San Francisco. History, Politics, Culture, San Francisco: City Lights Books.

Lussault M., 2007, ″ le tourisme, un genre commun ″, in Duhamel Ph., Knafou R. (dir.), Mondes urbains du tourisme, Paris, Belin, coll. “Mappemonde”, pp.333-349.

MacCannell D., 1973, ″ Staged Authenticity: Arrangements of Social Space in Tourist Settings’‘, American Journal of Sociology, vol. 79, n° 3, p. 589-603.

Magnan A., 2008 ″ Subir…sans réagir? reflexions soulevées par la persistance des friches touristiques littorales de l’île de Saint-Martin (Petites Antilles) ″, in Le littoral: subir, dire, agir. Actes du colloque international pluridisciplinaire organisé par l’Ifresi (Lille, 16_18 janvier) (en ligne) http://www.ifresi.univ-lille1.fr/littoral2008.html.

Maitland R., 2013, ″ Backstage Behaviour in the Global City: Tourists and the Search for the ‘Real London ″, Procedia – Social and Behavioral Sciences, vol. 105, n°3, pp.12–19.

___2010a, ″ Cool suburbs : Developing creative tourism in outer London ″, communication présentée au colloque Paris, Tourisme et métropolisation, organisé sous la direction de Gravari-Barbas M. et Fagnoni É., Sorbonne, Paris.

___2010b, ″ Everyday life as a creative experience in cities ″, International Journal of Culture, Tourism and Hospitality Research, vol. 4, n °3, pp.176 – 185.

Maitland R., Newman P., 2004, ″ Developing metropolitan tourism on the fringe of central London ″, International Journal of Tourism Research, 6, pp.339-348.

Marie, J.-L., Dujardin P., Balme R. (dir.), 2002, L’ordinaire : modes d’accès et pertinence pour les sciences sociales et humaines, Paris, L’Harmattan.

Mazzella F., 2015, ″ BlaBlaCar et le tourisme collaboratif ″. Annales des Mines – Réalités industrielles, n°3, pp.54 57.

Moscardo G., P. L. Pearce, 1999, ″ Understanding ethnic tourism ″, Annals of Tourism Research, vol. 26, n°2 : pp.416-434.

Novy, J., 2011, Marketing marginalized neighborhoods. Tourism and leisure in the 21st century inner city, PhD, Columbia university.

__2010, ″ What’s new about new Urban Tourism? And what doc recent changes in Travel Imply for the “Tourist City” Berlin?” ″, in J. Richter (eds), Tourist City Berlin, Braun Publishing.

Montel N., Backouche I., 2007, ″ La fabrique ordinaire de la ville ’‘, Histoire urbaine, n°19, pp. 5-9.

Pirotte G., 2007, La notion de société civile, Paris, La Découverte, ″Repères’‘, 128 pages.

Poncelet M., Pirotte G., 2007, ″ l’invention africaine des sociétés civiles, déni théorique, figure imposée, prolifération empirique ″, Mondes en Développement, vol 35 n 139

Priskin J., Sprakel J., 2008, ″ “CouchSurfing” : à la recherche d’une expérience touristique authentique ″, Téoros, vol.27, n°1, pp.68 71.

Rieucau J., 2000, ″ La Grande-Motte, Ville permanente, ville saisonnière ″, Annales de Géographie, N° 616, p 631-654.

Rittichainuwat N., 2011, ″ Ghosts: A travel barrier to tourism recovery ″, Annals of Tourism Research, vol.38, n°2, pp.437–459.

Rivière, G. H., 1989, La Muséologie selon Georges Henri Rivière : cours de muséologie, textes et témoignages, Paris, Dunod.

Robinson L., J. K. Jarvie, 2008, ″ Post-disaster community tourism recovery: The tsunami and Arugam Bay, Sri Lanka ″, Disasters, vol.32, n°4, pp.631–645. [en ligne] ftp://ftp.shef.ac.uk/pub/uni/academic/AC/ar1mb/RobinsonJarvie_PostDisastercommunityTourismRecoveryVolume32Issue4.pdf

Rostock J., Zadniček F., 1992, Paradies/Ruinen – Das KdF-Seebad der Zwanzigtausend auf Rüge, Berlin, Christoph Links Verlag.

Sacareau I., L. Vacher, D. Vye, 2013, ″ La résidence secondaire est-elle un objet aux confins du tourisme ? Réflexions à partir de l’exemple des résidences secondaires des Britanniques en Poitou-Charentes ″, in Bourdeau P., Hugues F. et L. Perrin-Bensahel (dir.), 2013, Fin (?) et confins du tourisme. Interroger le statut et les pratiques de la récréation contemporaine , Paris: L’Harmattan.

Sallet-Lavorel H., 2014,  » La Cité de la gastronomie Paris-Rungis. Un équipement au cœur de la stratégie touristique du Val-de-Marne ″, Espaces n°320.

__, 2003, Pour un tourisme participatif en Ile-de-France. Encourager le rapprochement entre visiteurs et Franciliens, Institut d’Aménagement et d’Urbanisme de la Région Ile de France.

Sansot P., 1989, ″ Pour une esthétique des paysages ordinaires ″, Ethnologie française, T. 19, No. 3, Crise du paysage? (Juillet-Septembre 1989), pp. 239-243.

Savelli N., 2012, ″ Géopolitique touristique d’un ″ bout du monde ’‘ ″. Journal of Alpine Research | Revue de géographie alpine, no 100-2. doi:10.4000/rga.1790.

Sceau R., V. Plancoulaine, 1988, ″ Les contrats de pays d’accueil dans la région Rhône-Alpes : une amorce de politique régionale de développement du tourisme en espace rural / The system of “contrats de pays d’accueil” in the Rhône-Alpes region : the beginning of a regional development policy for tourism in rural areas ″. Revue de géographie de Lyon vol.63, n°4. doi:10.3406/geoca.1988.3377.

Schéou B., 2014, ″ Couchsurfing et les réseaux de partage réinventent l’hospitalité ″, Espaces, n°316: pp.36-

___2013, ″ réseaux sociaux d’hospitalité et post-tourisme ″, in Bourdeau, Philippe, Hugues François et Liliane Perrin-Bensahel (dir.), 2013, Fin (?) et confins du tourisme. Interroger le statut et les pratiques de la récréation contemporaine, Paris: L’Harmattan, pp.99-109.

Smith R. A., Henderson J. C., 2008, ″ Integrated beach resorts, informal tourism commerce and the 2004 tsunami: Laguna Phuket in Thailand ″, International Journal of Tourism Research, vol.10, n°3, pp.271–282.

Staszak J.-F., 2015, ″ Tourisme et prostitution coloniales : la visite de Bousbir à Casablanca (1924-1955) ″, Via@, 2, ), http://viatourismreview.com/fr/2015/10/varia-art1/

Stephen W. (dir), 2004, Tourism: new directions and alternative tourisme, Londres et New York: Routledge.

Stock M., L. Léopold, 2012, ″ La double révolution urbaine du tourisme. ’‘, Espaces et sociétés,  n° 151, pp. 15-30.

Thomazeau F., 2009, ″ Les cités mal aimées se rebiffent ″, Le Monde, 31 décembre.

Toffler A., 1980, The Third Wave, Bantam Books.

Urbain, J.-D., 2002, L’idiot du voyage: histoires de touristes, Paris, Payot.

Urry J.,  2002, The Tourist Gaze, Sage publications.

__1995, Consuming Places, Taylor and Francis.

Vergopoulos H., 2013, ″ Etre touriste chez soi. Le tourisme comme modèle socio-culturel d’appropriation du territoire quotidien ″, in Bourdeau P., Hugues F. et L. Perrin-Bensahel (dir.), Fin (?) et confins du tourisme. Interroger le statut et les pratiques de la récréation contemporaine, Paris: L’Harmattan, pp.53-61.

Viard J., 2006, Eloge de la Mobilité. Essai sur le capital temps libre et la valeur travail, Editions de l’Aube.

__2000, Court traité sur les vacances, les voyages, et l’hospitalité des lieux, Editions de l’Aube.

Violier P., 2002, ″ La Baule de la station au lieu de vie ″, Mappemonde 66, pp. 20-24.

Vitte P., 1998, ″ Tourisme en espace rural : le territoire à l’épreuve ″, Revue de géographie alpine vol.86, n°3, pp.69-85. doi:10.3406/rga.1998.2893.

Watremez A., 2008, ″ Vivre le patrimoine urbain au quotidien : pour une approche de la patrimonialité ’‘, Culture et Musées, n°11, Actes Sud, pp. 11-35.

Weaver D. B., 1998, ″ Peripheries of the periphery: Tourism in Tobago and Barbuda ″. Annals of Tourism Research vol.25, n°2, pp.292-313. doi:10.1016/S0160-7383(97)00094-7.

Wynn J., 2010, ″ City Tour Guides: Urban Alchemists at Work ″, City and Community, vol.9, n°2, pp.145-163.

 

 

Notas

 

[1] Síntesis elaborada dentro del marco de la investigación colectiva (CHENEVEZ Alain, COMINELLI Francesca, CONDEVAUX Aurélie, DJAMENT-TRAN Géraldine, FAGNONI Edith, GRAVARI-BARBAS Maria, GUINAND Sandra, HERTZOG Anne, JACQUOT Sébastien, RENARD-DELAUTRE Cécile) sobre « La puesta en turismo de lugares ordinarios y la depreciación de enclaves turísticos: ¿qué implicación de la sociedad civil?», PLAN URBANISMO CONSTRUCCIÓN ARQUITECTURA (PUCA), Francia.
[4]Como resume Pirotte (2007) : «La sociedad civil se manifiesta a menudo a través de juegos de distinción más o menos precisos. Así, se distingue tanto del Estado, como del mercado, de la Iglesia o incluso de la sociedad militar». Al igual que dicho autor,  nos parece importante guardar una distancia crítica respecto al término de «sociedad civil», que parece ante todo empleado en una lógica de legitimación de «buenos» proyectos o de «buenas» prácticas debido a las connotaciones positivas que vehicula.
[5]Guías que invitan a los habitantes de París a convertirse en turistas «en su propio domicilio» observando con otra mirada su propio entorno.

Autores

 Aurélie Condevaux,EIREST, Universidad París 1 Panteón-Sorbona
Géraldine Djament-Tran, Universidad de Estrasburgo, EIREST
Maria Gravari-Barbas,EIREST, EIREST, Universidad París 1 Panteón-Sorbona
Traducción Francés > Español
Bureau de traduction, Université de Bretagne Occidentale