El turismo fluvial y su cementerio de despojos en los bordes del Canal du Midi

Carmen Gil de Arriba

Autor

 

PHOTO 5-GIL de ARRIBA--PHOTO.docBarcos abandonados cerca de la esclusa circular de Agde, verano 2014
Source: Gil de Arriba, 2014

Barcos de recreo abandonados y barcazas en proceso de deterioro son en la actualidad algunas de las imágenes habituales que el visitante puede encontrar en distintos tramos del Canal du Midi. Esta situación da lugar a panoramas inusuales de aspecto caótico, agravada por la pérdida de residuos de todo tipo (manchas de gasoil, aceite de los motores, etc.). Se produce así una contaminación visual en claro contraste con la belleza y la armonía de estos paisajes fluviales, cualidades y atractivos que tanto resaltan las guías turísticas.

La foto que vemos aquí pertenece al sector Agde-Vias, un espacio cargado de encanto y de historia y situado a corta distancia de la excepcional esclusa circular de Agde, la única con esta forma peculiar a lo largo de todo el Canal[1]. Esta obra singular de ingeniería civil desempeña la función, no sólo de esclusa, sino también de rotonda. Así, cuando se llega a ella por el oeste, procedente del pueblo de Vias, la esclusa permite el paso al río Hérault, a través de un pequeño canal (el canalet) de alrededor de 600 metros de longitud. A continuación, siguiendo en dirección sur y bordeando los muelles de la ciudad de Agde y del Grau de Agde, se accede directamente al mar Mediterráneo. Por su parte, a la altura de Agde, prosiguiendo esta vez el curso ascendente del Hérault y atravesando la esclusa de la Prades, se entra en el estanque de Thau.

Según las informaciones de prensa de hace unos pocos años[2], estas embarcaciones de ocio, antes de convertirse en barcos abandonados, transitan por toda una serie de etapas que se inician con el paso por distintos propietarios, sin que ninguno de ellos lleve a cabo los procedimientos administrativos del cambio de titularidad, lo cual tiene como consecuencia el dejar de pagar los gastos de estacionamiento y la dificultad para encontrar a sus verdaderos dueños, los cuales pueden llegar a residir a cientos de kilómetros del lugar en el que el barco se encuentra amarrado, o a veces incluso fuera del territorio francés. En estas condiciones, basta con que se produzca una disminución de los recursos económicos del propietario, lo cual no resulta extraño en las actuales circunstancias de crisis, o que éste experimente una simple pérdida de interés por la navegación, para que el barco permanezca amarrado durante meses sin que nadie se ocupe de él. Comienza así su progresivo deterioro y el riesgo constante de romper amarras, sobre todo en los períodos de mal tiempo, pudiendo llegar a chochar con otros barcos o contra las instalaciones del Canal.

Conforme a las propias estimaciones[3] del organismo público Voix Navigables de France (VNF)[4], en 2012, el número de barcos en estas condiciones de deterioro distribuidos a lo largo del Canal, desde Burdeos a Sète, serían entre cincuenta y cien. Hoy en día, es decir, tres años más tarde, la simple constatación visual demuestra que estas cifras estimadas no han hecho más que incrementarse sin que, por el contrario, se haya alcanzado todavía una solución definitiva.

Desde el punto de vista administrativo, una vez que la situación de abandono ha sido constatada, los responsables de Voix Navigables de France (VNF) son los encargados de iniciar la búsqueda del propietario, con la interposición, en el propio barco, de un preaviso y a continuación de un requerimiento. Si este primer procedimiento no tiene éxito, viene la difusión de un “aviso a los navegantes”. Una vez pasado el plazo, en total más de seis meses, sin que el propietario se manifieste, VNF puede iniciar un procedimiento de venta en subasta. En el caso probable de no encontrar comprador, la acción final es el desguace, es decir, el despiece de los restos del barco para recuperar la chatarra y algunas piezas todavía válidas. En cualquier caso, lo primero que resulta necesario es que todo este proceso de desmantelamiento sea puesto en marcha por los responsables públicos y que llegue a su conclusión, lo cual no siempre sucede, sino que la evolución actual muestra una actitud más bien pasiva o desbordada ante la proliferación de casos de abandono. Todo ello va en detrimento de la bella imagen de estos espacios, intensamente turísticos, cargados de referencias culturales y de patrimonio.

Notas
[1] Se trata de la primera esclusa, a escala mundial, construida con esta forma circular, en 1676.
[2] La Dépêche du Midi 18/4/2010.
[3] Objectifnews 11/04/2012.
[4] VNF gestiona la mayor red de vías navegables de Europa, con 6.700 kms. de canales y ríos y alrededor de 40.000 hectáreas de dominio público fluvial (cf. www.vnf.fr).

Autor

Carmen Gil de Arriba
Universidad de Cantabria