El cráter del Ngorongoro : paz perturbada en el Jardín del Edén

Noel B. Salazar

Ngorongoro
© Noel B. Salazar, 1 de Junio de 2006, Ngorongoro Conservation Area, Tanzania.

El area de conservación del Ngorongoro (NCA) es un sitio natural clasificado en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, ubicado en las tierras altas del norte de Tanzania. El cráter del Ngorongoro, la mayor caldera en el mundo, suele presentarse como “el Jardín del Edén de África”. Cuentan que Noé, al abandonar el Arca, dejó que se dispersaran a partir del cráter los animales allí reunidos. Los Humanos quedan muy ausentes en esta representación y, sin embargo, numerosos restos humanos, entre los más antiguos en el mundo – llamados a veces “Eva africana o mitocondrial” – fueron descubiertos cerca de la garganta del Olduvai (a poca distancia de las huellas de pisadas de Homínidos encontradas en Laetoli) y varios estudiosos habían concluido que el “verdadero” Jardín del Edén, o sea la cuna de la Humanidad, podía situarse en África del Este.

El NCA entró a formar parte del Patrimonio de la Humanidad en 1979 (con extensión del área en 2010). Igualmente fue reconocido el Parque del Serengeti, en 1981. Debido a su importancia en cuanto a conservación de la biodiversidad, el Programa “Hombre y Biosfera” declaró “Reserva de la Biosfera el espacio Serengeti- Ngorongoro en 1981.

La página dedicada al NCA en el sitio web del “World Heritage Center” dice erróneamente que no había habitantes en el Ngorongoro cuando su inscripción en la lista. De hecho, el área del NCA se reconoció en 1959 como espacio multiuso, en el que convivían la fauna salvaje y los pastores Maasai seminómadas que practicaban el pastoreo tradicional. En la época de la colonia alemana, los hermanos Siedentopf establecieron allí una granja y explotaron el suelo del cráter.

Los Maasai, cuya lengua es el Maa, una lengua tonal nilótica oriental, están esparcidos por un amplio territorio; son seminómadas, viven de la ganadería y de agricultura de subsistencia, en las zonas montañosas áridas o semiáridas del sur de Kenia y norte de Tanzania, un espacio llamado Maasailand. En 1959, cuando se creó el Parque Nacional del Serengeti, los Maasai que vivían allí fueron expulsados y se trasladaron hacia el NCA. En 1974 tuvieron que evacuar algunas zonas del Ngorongoro, por considerarse dañina su presencia para la fauna salvaje y el paisaje natural. En la década de los 80, sufrieron nuevas restricciones, pues la postura conservacionista del gobierno se había endurecido. En 2006 el gobierno tanzano conminó por ultimátum a las comunidades maasai del Ngorongoro, o sea unas 60 000 personas, a que se marcharan antes de fin de año.

El nacimiento del turismo en este espacio se remonta a principios del siglo XX, cuando John Hunter capitaneó el primer safari de pago en el Serengeti. Luego él mismo dirigió la expedición que, por primera vez, introducía a visitantes en el cráter del Ngorongoro. El primer hotel de la reserva, el Ngorongoro Crater Lodge, fue edificado en 1934. Cuando la caza empezó a restringirse y resultó más cara, los safaris fotográficos, como el que está representado en esta foto, fueron una excelente opción. En un principio muy pocos guías estaban habilitados para este tipo de turismo, únicamente chóferes de vehículos y scouts locales. Solo en los años 1980 se creó un equipo de rangers cuya misión era indicarles la ruta que seguir a los chóferes. En los años 1990, la National Outdoor Leadership School (una asociación norteamericana sin ánimo de lucro, dedicada a la educación) empezó a formar guías. Hoy en día está prohibido entrar en el cráter sin guía autorizado.

Los circuitos turísticos en Tanzania norte parten por lo general de Arusha, la “capital del safari”, se dirigen hacia el lago Manyara y siguen por el Parque Nacional de Tarangire, el cráter del Ngorongoro y el Parque Nacional del Serengeti. Para mantener intacta la idea de naturaleza virgen, no se les explica a los turistas que los Maasai y demás grupos fueron expulsados de sus tierras para crear estas zonas protegidas y estos parques nacionales. Aunque desprovistos de protección o reconocimiento por cualquier convención internacional que sea, los Maasai tienen una atractividad turística tan grande como los “Big Five” –así se designan a los cinco animales africanos más peligrosos: león, leopardo, rinoceronte, elefante y búfalo. Con cierta ironía se alude a veces a los “Big Six”, incluyendo así a los Maasai.

Además de los generosos porcentajes que cobran cuando traen clientes a las tiendas de recuerdos del Parque, los guías se llevan un buen dinero haciéndoles visitar a los turistas las “bomas” (casas) de los Maasai a lo largo de las carreteras creadas especialmente para el turismo. Por 50 US$, traen allí a los turistas, y no dejan a los habitantes de dichas “bomas” más que 10 TZS (menos de 10 $). Conscientes de esa práctica abusiva, los Maasai se cabrean contra los guías. Por eso cada visita suele estar precedida de largas discusiones sobre el precio. Para evitarlo, en 2007, la “Ngorongoro Conservation Area Authority” ha introducido una tarifa oficial de 20 TZS (unos 17 $). Pero los guías y los Maasai a menudo desconocen esta medida.

Dadas estas tensiones, no es de sorprender que Arusha no solo tenga la función de “puerta” del safari, sino también la de centro de debates sobre el desarrollo del turismo sostenible. La ciudad ha recibido y recibe los congresos o conferencias de numerosas asociaciones: Africa Travel Association (1998, 2008), MIGA-Swiss Investment Forum on Tourism (2002), Association for Tourism and Leisure Education (Africa), Community Tourism Conference (2003), UNTWO Seminar-workshop on Sustainable Tourism Development and Poverty Alleviation (2004), UNEP International Seminar on Sustainable Consumption and Production (2006) con un grupo dedicado al ecoturismo en los países en vías de desarrollo, Leon H. Sullivan Foundation (cumbre sobre Turismo y Desarrollo de las Infraestructuras, 2008) y UNWTO First Pan-African Conference on Sustainable Tourism in African National Parks (2012).

Desde el auge del turismo en Tanzania, a mediados de los años 1990, el número de visitantes (incluso de investigadores como yo) no ha dejado de aumentar. Más que la presencia de los Maasai, la presión del turismo hoy es una preocupación fundamental, si se tienen en cuenta los impactos posibles de ese aumento, las infraestructuras nuevas, el tráfico, los desechos, la perturbación al orden natural, la introducción de especies invasoras. El alza de las tarifas de entrada no ha logrado frenar el aumento del número de turistas. Cuanto más dinero cuesta ese fascinante “jardín del Edén”, más gente quiere verlo (antes de que sea demasiado tarde).

En contra del imaginario turístico, nuestra foto muestra que las carreteras del cráter están tan atascadas que la naturaleza salvaje casi resulta invisible por entre la multitud de los vehículos del safari.

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Referencia electrónica :

Noel B. Salazar, El cráter del Ngorongoro : paz perturbada en el Jardín del Edén, Via@, Fotografias, publicado el 26 de octubre 2014.

URL : http://www.viatourismreview.net/Photographie5_ES.php

AUTOR

Noel B. Salazar

Cultural Mobilities Research (CuMoRe), University of Leuven

noel.salazar@soc.kuleuven.be

TRADUCCIÓN

Hélène Knafou