Auschwitz, ¿un lugar turístico?

Rémy Knafou

El 1 de diciembre de 2010, tuve la oportunidad de salir, en un avión fletado por el « Conseil régional d’Ile-de-France », con destino a Auschwitz, junto con unos 180 alumnos de bachillerato venidos de distintos institutos de París, Meaux, Mantes o Coulommiers, a los que capitaneaba un representante del Memorial de la Shoah. Todos nos encontramos recorriendo durante horas, en 40 cm de nieve y con una temperatura de 28° bajo cero, las 200 ha de aquel lugar único en la historia de la Humanidad. La verdad es que estábamos lejos de la noción de turismo, pero asombrosamente cerca de París : una hora y media de vuelo hasta Cracovia, luego una hora de autocar para alcanzar la famosa Judenrampeen la cual los nazis seleccionaban a los deportados, un 80 o 90% de los cuales iban a parar directamente a las cámaras de gas. Yo me quedé un día entero en el mayor campo de concentración y de exterminación de la Segunda Guerra Mundial, o sea que estuve allí durante más tiempo que gran parte de los que fueron enviados a padecer una muerte atroz e inmediata. Y en los momentos en que los ramalazos de viento hacían aún más insoportable el frío, no dejaba de pensar en los deportados que lograron, milagrosamente, sobrevivir y regresar, como Paul Schaffer1, por ejemplo, que soportó aquello durante tres años.

En 2008, fue alcanzada una cifra simbólica : 1,2 millón de visitantes en el campo de concentración y exterminación de Auschwitz-Birkenau, cifra que sobrepasa la de las víctimas entre 1940 y 1945 (« más de 1,1 millón de muertos », el 90% judíos). En 2010, esa cifra fue superior aún : 1 380 000. En los últimos diez años se ha triplicado el número de visitas al mayor cementerio del mundo. Lo cual traduce la aceleracón del interés por el lugar, a medida que los últimos testigos van desapareciendo y los mismos hechos se van alejando.

La mayoría de los visitantes son jóvenes, sobre todo escolares o estudiantes, que acuden en grupos (un 62%) y pese a que son voluntarios por lo general, no se trata de turistas sino de públicos que realizan la visita en el marco de una institución o de un proyecto pedagógico, tras una preparación más o menos detallada (clases de historia, introducción al « deber de memoria », etc.).

No es nada fácil evidenciar las razones del auge espectacular del número de visitantes : seguro que la caída del Telón de Acero ha creado unas condiciones nuevas para la frecuentación y también la interpretación del lugar, del que el régimen comunista tendía a borrar el aspecto de cementerio judío. El 50 aniversario de la liberación del campo (enero de 1995), precedido por el estreno de la película « La lista de Schindler » (1993), generó un excepcional interés mediático por los lugares del holocausto, entre ellos el más emblemático, Auschwitz.

Además las instituciones dedicadas a la memoria del Holocausto son de creación reciente. Así por ejemplo en Francia, la « Fondation pour la Mémoire de la Shoah », muy comprometida en acciones educativas, fue creada tan sólo en 2000. El caso es que el proceso de la memoria necesita tiempo, así lo analizaba Pierre Nora en 1984 : « Los lugares de la memoria nacen y viven porque la memoria no es espontánea, hace falta crear archivos, celebrar aniversarios, organizar actos oficiales, pronunciar oraciones fúnebres, firmar actas notariales, porque estas operaciones no son naturales. […] Si lo que defienden [esto lugares] no fuera amenazado, serían innecesarios ; si los recuerdos que contienen fueran verdaderamente vivos, serían inútiles. » A veces una mera decisión administrativa basta para aumentar los flujos : por ejemplo en Gran Bretaña, nuevas subvenciones otorgadas a las visitas de escolares multiplicó por dos la frecuentación de los británicos.

Al tiempo que han aumentado los flujos, se ha ampliado el area de atracción de Auschwitz. Al principio de los años 1990, los visitantes venían esencialmente de Polonia, Israel, Estados Unidos y algunos países de la Europa occidental (Alemania y Francia sobre todo). Después de 1995 ha sido notable la contribución de la Europa central (República checa, Eslovaquia, Hungría), excepto Austria, aunque Viena está más cerca de Auschwitz que Varsovia. En el siglo XXI, los polacos siguen componiendo más de la tercera parte del público (Auschwitz es también el mayor cementerio polaco), pero ahora aparecen visitantes asiáticos, principalmente surcoreanos, y también japoneses y chinos, pues Auschwitz, ese lugar de martirio, remite a otras tragedias de la Segunda Guerra Mundial en Corea o en Manchuria.

Sin embargo el aumento de visitantes, que satisface a todos, no deja de plantear problemas. Y en primer lugar para gestionar los días punta : en agosto, llegan treinta clases cada hora ; por debajo de la célebre puerta Arbeit macht frei pasa una persona cada dos segundos y hay colas delante de los hornos crematorios. Segundo, y sobre todo, mientras el lugar se va abriendo a públicos poco informados o ignorantes, es legítimo hablar de frecuentación turística. Entre tanta gente – los operadores turísticos polacos, desde luego, han aprendido cómo sacar dinero con los « Auschwitz Tours » – algunas (pocas) personas olvidan de qué lugar se trata y no se comportan como es debido.

Auschwitz, hoy, no se asemeja a un lugar turístico como otro, ni mucho menos, pero ya hay algo adulterado en el sistema. Sin embargo un lugar de la memoria que no fuera visitado no seguiría como tal sino que se convertiría, en el mejor de los casos, en un lugar de historia..

NOTAS

Schaffer P., 2011, Le soleil voilé. Auschwitz 1942-45, LK – Lhoumeau & Kaufmann éditions.

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Referencia electrónica :

Rémy Knafou, Auschwitz, ¿un lugar turístico?, Via@, Fotografias, publicado el 16 de marzo 2012.

URL : http://www.viatourismreview.net/Photographie1_ES.php

AUTOR

Rémy Knafou

Université Paris 1 – Panthéon-Sorbonne – rknafou@club-internet.fr

TRADUCCIÓN

Hélène Knafou