Destinos diversos de los hoteles de lujo de los Grisones

Rémy Knafou

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Davos, la estructura del futuro “palace” está terminada (septiembre de 2012). El hotel Stilli Park, gestionado por el grupo Intercontinental, se inaugurará a finales de 2013. – © R. Knafou.

El “Palace” – hotel de lujo de fama internacional – es indisociable de los Alpes suizos. Está íntimamente ligado a la historia del turismo. Pero la estación de Davos, con pasado de estación climática que acogía a los tuberculosos de la alta sociedad europea desde la segunda mitad del siglo XIX, nunca ha podido alardear de un “palace” comparable con los de su prestigiosa vecina St. Moritz. Sus grandes hoteles son las más veces unos antiguos sanatorios transformados, pero carecen de la tradición del lujo. Sus extensísimas pistas de esquí, así como el éxito internacional de la reunión anual (en enero) del Foro Económico Mundial han justificado el incremento del número de hoteles desde los años 1960 y, últimamente, la construcción en proceso del Hotel Stilli Park algo apartado del centro, a proximidad del lago. Financiado por el Crédit suisse (CHF 155 millones), este futuro hotel de cinco estrellas tendrá 187 habitaciones, 23 suites y también gestionará los 37 apartamentos de propiedad privada, que actualmente se venden por 900.000 a 3 millones de euros (74 a 199m2). El edificio principal, en forma de huevo, de 42 metros de altura, será cubierto con una pintura brillante y no pasará desapercibido en el paisaje.

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©InterContinental Hotels Group/w&p.

Si las hospederías son tan antiguas como los viajes, los grandes hoteles de lujo, y más tarde los “palace” son inseparables de la historia del turismo: surgieron por los años 1830, primero en las metrópolis – Ginebra, París, Zurich etc.– y en algunos lugares de alto valor turístico – Venecia –, y luego, muy pronto, a partir de los años 1860, en la sierra (Interlaken, St. Moritz, etc).

En las metrópolis como en los centros turísticos (balnearios y/o de montaña) se han edificado preferentemente esos grandes hoteles lujosos, de tecnología vanguardista. El primer hotel (1884) que llevó el nombre de “palace” fue el Maloja Palace, en Alta Engadina, a 15 km de St. Moritz.

Al pie del paso de Maloja, que durante siglos fue el acceso más cómodo a este alto valle a partir del Valle del Po (antigua vía romana), ese hotel de estilo neo-renacentista (300 habitaciones, 450 camas) domina el Lago Sils, en cuyo extremo opuesto se construyó veinticuatro años después otro “palace”, el Waldhaus. El Maloja Palace fue decayendo e incluso fue amenazado con desaparecer (llegó a servir de almacén para el ejército y de centro de vacaciones para niños), hasta que por fin lo reformaron en 2009 ; en cambio el Waldhaus, siempre en manos de la misma familia, ha podido, a pesar de múltiples dificultades, mantenerse como “palace”.

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El Maloja Palace, septiembre de 2012 – © R. Knafou.
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En el lado opuesto del lago de Sils, el Hotel Waldhaus, dominado por el pico Corvatsch (3 451m) – © R. Knafou.

Hoy, el Maloja Palace ya no es un “palace”, sino una residencia hotelera de cuatro estrellas: todo lo que queda de su Edad de oro son sus fachadas exteriores cuidadosamente reformadas y su escalera monumental; la mayoría de su decoración interior ha desaparecido para dar paso a habitaciones muy confortables pero sin estilo. En cambio, el Waldhaus, con sus tradiciones perennes, sus fieles clientes y su estrategia de renovación paulatina y prudente ha logrado evitar las modernizaciones brutales y conservar en gran parte su decoración primitiva hasta que ésta volvió a estar de moda. Por lo cual el ICOMOS suizo le otorgó el premio de “hotel histórico del año”, lo que le permite ofrecer a sus huéspedes tres tipos de habitaciones: las “modernas” (renovadas en 1980 y 1990), las “clásicas” (actualizadas en los años 1960/70) y las “nostálgicas”, o sea las que el hotel no ha renovado y que ahora, desde luego, permanecerán en ese estado de principios del siglo XX, por ser “históricas”.

El Waldhaus, aunque es un hotel de lujo, nunca ha tenido la decoración que le correspondía, sino que ha apostado por la sobriedad montañera. Este no fue el caso del Kronenhof, en Pontresina, a menos de 20 km de allí.

Nacido en 1851, al principio albergue para turistas, el Kronenhof ya contaba con 50 habitaciones en 1870, 154 habitaciones en 1886; fue en ese momento cuando lo dotaron de la gran decoración de sus salones y de las pinturas del comedor. Esta decoración fue restaurada en 2006, al tiempo que se creaban 29 habitaciones más, un espacio piscina / spa de 1500m2 modernísimo y un garaje de dos plantas en sótano, siendo la inversión total de 37 millones de francos suizos, realizada por su nuevo propietario desde 2004, la “AG Grandhotels Engadinerkulm“, sociedad propietaria de otro “palace” histórico, el famoso Kulmde St. Moritz : recordemos que en 1864, el director del Kulm, Johannes Badrutt, se hizo famoso por su apuesta, cuando, para incitar a los huéspedes británicos a que volvieran en invierno, les prometió devolverles el precio de la estancia si no había sol, y lanzó de esta forma la temporada de invierno en los Alpes.

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El Kronenhof cuenta ahora con una amplia piscina cubierta en medio de un spa de 1500m2 – © R. Knafou, septiembre de 2012.
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El salón principal del Kronenhof; las pinturas del comedor – © R. Knafou, septiembre de 2012.

St. Moritz ha logrado conservar sus hoteles de lujo, tras un período difícil en el que varios de ellos por poco desaparecen. La intervención del armador griego Niarchos (cuñado de Onassis) fue decisiva en los años 1970, pues éste compró el Kulm después de haber invertido en los remontes por los años 1950 (Corvatsch y Nair). La familia Niarchos es ahora el mayor propietario privado de la célebre estación.

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Referencia electrónica :

Rémy Knafou, Destinos diversos de los hoteles de lujo de los Grisones, Via@, Fotografias, publicado el 13 de deciembre 2012.

URL : http://www.viatourismreview.net/Photographie3_ES.php

AUTOR

Rémy Knafou

Université Paris 1 – Panthéon-Sorbonne – rknafou@club-internet.fr

TRADUCCIÓN

Hélène Knafou