Cartagena (España). « Descubrir el pasado para proyectar el futuro a través de la memoria y el turismo »

Francisco J. Morales Yago y Antonio Zárate Martín

 

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Cartagena: Vista general del centro histórico y recuperación a través del turismo –

© Antonio Zárate

Cartagena es una ciudad situada en el Sureste español a orillas del mar Mediterráneo, desde su fundación de origen Cartaginés en el siglo III a. C., su dilatada historia ha estado marcada por dos elementos de gran relevancia. El primero sería la función militar, ya que su puerto reúne magníficas condiciones estratégicas, una ensenada de aguas profundas y una topografía circundante compuesta por los denominados “cinco cerros”, los cuales forman un baluarte natural de gran solidez ante posibles incursiones desde el interior, lo que repercute en su configuración como espacio de fácil defensa. Desde el siglo XVIII, Cartagena es capital de distrito marítimo, una de las bases militares de la flota española y uno de sus astilleros más relevantes.

El segundo elemento sería su temprana industrialización, fundamentada desde época cartaginesa y romana sobre la extracción de minerales, entre ellos la plata, y la proximidad a una fértil campiña. Las construcciones navales, la minería y la instalación de industrias químicas y derivados de la refinería de petróleos hicieron de Cartagena un enclave industrial de primer orden en los años 1960, que comenzó a declinar a partir de finales de 1970. El desmantelamiento de parte de esta industria en la siguiente década, el cierre de minas y la pérdida de actividad de los astilleros llevaron a la ciudad a un periodo de decadencia que se tradujo en altas tasas de paro y en el abandono y deterior de muchos edificios. Todo ello fue acompañado de un proceso de vaciamiento del centro histórico, de envejecimiento de su población y de llegada masiva de gentes de escasos recursos y de inmigrantes extranjeros.

A la par que la actividad industrial y militar decrecía en los 1980, la ciudad comenzó a cambiar su ritmo económico, iniciando su recuperación a través de nuevas actividades económicas procedentes de la potenciación de servicios, como la ampliación de la universidad politécnica, el parlamento de la Región de Murcia, la creación de grandes superficies comerciales, e incluso, lo más sorprendente y hasta entonces nunca planteado, la orientación hacia el turismo, auspiciada por la historia de la ciudad y la búsqueda de los restos materiales de un pasado lleno de importantes acontecimientos. Estos cambios fueron en gran parte consecuencia de un plan de renovación urbana cuyo objetivo principal fue el derribo de viejas estructuras del centro para sacar a la luz construcciones de épocas cartaginesa, romana y bizantina. A ello, se añade la puesta en valor de los baluartes históricos que rodean la bahía y la apertura a la visita turística del arsenal. En resumen, todo lo que se puede observar a través de nuestra primera fotografía.

Hasta prácticamente comienzos del siglo XXI, una buena parte del casco antiguo de Cartagena continuaba siendo un espacio degradado y marginal, de hecho las drogas, la prostitución, la inseguridad y una baja estratificación social eran los rasgos más conocidos de este entorno rechazado por la mayoría de los habitantes de la ciudad. La situación marginal de este espacio comenzó a transformarse tras el descubrimiento en 1988 del teatro romano y su posterior recuperación a través de diversas campañas de excavaciones arqueológicas. El resultado de esta operación de recuperación del patrimonio y de renovación urbana, después de más de dos décadas de trabajos, ha sido el nacimiento de un espacio urbano diferente al conocido hasta entonces, ahora de enorme valor patrimonial y paisajístico. Además, si la renovación urbana ha supuesto sacar a la luz un patrimonio histórico oculto, de valor excepcional (por ejemplo, el teatro romano y la basílica en el primer plano de la primera fotografía), la consecuencia de esta operación desde el punto de vista funcional ha sido la transformación de una ciudad industrial y militar en una ciudad de servicios y de interés turístico, lo que ha comportado la creación de nuevos empleos, la promoción de grandes superficies comerciales y de ocio, la rehabilitación de viviendas, un proceso de “gentrificación” y la inauguración de un museo que se nutre de los hallazgos encontrados a través de las campañas de excavación arqueológica.

El paisaje del antiguo centro histórico tiene poco que ver con el que era hasta hace dos décadas. En la actualidad, se pueden contemplar en él parte del antiguo foro romano, aunque aún no se ha recuperado completamente por el alto coste de tiempo y dinero que conlleva esta actuación. En un limitado espacio coinciden edificios de origen romano, la basílica de Santa María de estilo gótico del siglo XIII, casas solariegas con escudos nobiliarios, el edificio modernista de las casas consistoriales erigido en 1907 y museos, como el de arte romano anexo al teatro o la muralla del mar ordenada construir por el Rey Carlos III, sin olvidarnos del museo nacional de arqueología submarina, inaugurado en 2008 junto al paseo Alfonso XII en un edificio ultramodernista que contrasta con la imagen clásica de la ciudad y su puerto marítimo.

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Basílica de Santa María – © Antonio Zárate

La combinación de un emplazamiento natural privilegiado, en un bahía muy cerrada rodeada de montañas, los astilleros y el arsenal del siglo XVIII, la herencia de construcciones de diferentes épocas y, sobre todo, la puesta en escena de un rico patrimonio parcialmente oculto durante siglos bajo la ciudad, proporciona oportunidades para un turismo cultural cada vez más importante (257.256 turistas en 2011 de los que la mayoría, 207.120, el 80,51%, son españoles y el resto, 19,49%, extranjeros). Pero lo que es más relevante, Cartagena se ha convertido en un modelo excepcional de renovación urbana a través de la recuperación de su más antiguo patrimonio histórico y del turismo. De este modo, el turismo actúa aquí como actor de transformación urbana, de recuperación de paisaje cultural y como motor de desarrollo de la economía local, de manera insospechada hasta hace muy poco.

Al deambular por Cartagena, nos podemos dejar llevar a un pasado que las excavaciones arqueológicas sacan a la luz. A estas ventajas, desde luego también de valor turístico, se añaden los atractivos que proporcionan la apertura del arsenal y los antiguos baluartes, y la posibilidad de disfrutar de bienes culturales inmateriales como las procesiones de Semana Santa y la recreación de las luchas de cartagineses y romanos en las que intervienen los habitantes de la ciudad y que atraen cada vez más a turistas y visitantes, en ambos casos, fiestas declaradas de “interés turístico”, “internacional” la Semana Santa, y “nacional”, la de Cartagineses y Romanos”.

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Referencia electrónica :

Francisco J. Morales Yago y Antonio Zárate Martín, Cartagena (España). « Descubrir el pasado para proyectar el futuro a través de la memoria y el turismo », Via@, Breves, publicado el 8 de julio de 2013.

AUTORES

Francisco J. Morales Yago y Antonio Zárate Martín

Grupo de Investigación “CULTURPAIS”: http:/www.uned.es/culturpaisgrupo

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)